“El carnicero de Praga”

“El carnicero de Praga”

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La historia de Reinhold Heydrich, uno de los jerarcas más temibles y violentos del Tercer Reich. Hitler lo bautizó como “el hombre con el corazón de hierro”. Lo enterraron con honores, pero tras la victoria de los aliados su nombre se borró de la lápida para evitar homenajes. El 12 de diciembre alguien abrió la sepultura para llevarse sus huesos

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Los amantes después del horror

Los amantes después del horror

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David Wisnia y Helen Spitzer tuvieron una relación en el campo de exterminio en 1943. Pese a su promesa de reunirse en Varsovia tras la guerra, recién volvieron a verse en 2016. Durante años, Wisnia supo de la vida de Tichauer a través de un amigo en común. Mientras tanto, su familia se ampliaba; tuvo cuatro hijos y seis nietos. En 2016 Wisnia decidió intentar encontrarse con Zippi. Había compartido la historia con su familia. Su hijo, que ahora era un rabino en la sinagoga reformista en Princeton, Nueva Jersey, inició el contacto por él. Finalmente, ella estuvo de acuerdo en recibir la visita de Wisnia.

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La memoria “inseparable”

La memoria “inseparable”

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La canciller alemana Angela Merkel llegó al campo de exterminio nazi de Auschwitz, primera visita en sus 14 años de mandato. La memoria de los crímenes nazis es «inseparable» de la identidad alemana, afirmó Merkel, en momentos en que la ultraderecha disfruta de su auge en gran parte del mundo y cuestiona la cultura del arrepentimiento. «Recordar los crímenes, nombrar a sus autores y rendir un homenaje digno a las víctimas es una responsabilidad que no acaba nunca. No es negociable. Y es inseparable de nuestro país. Ser consciente de esta responsabilidad es una parte de nuestra identidad nacional», afirmó la canciller.

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El protocolo audaz

El protocolo audaz

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En abril de 1944, con el desenlace de la Segunda Guerra Mundial pendiendo de un hilo, dos prisioneros yacían ocultos cerca de la valla perimetral de Auschwitz. Era casi imposible escapar de ese campo de exterminio. Muchos lo habían intentado pero habían sido atrapados, torturados y asesinados. Rudolf Vrba y Alfred Wetzler, sin embargo, evitaron ser detectados por las SS nazis ocultándose entre unos troncos, en un lugar que habían rodeado con tabaco empapado en gasolina para evitar que los perros los olfatearan. Estuvieron ahí tres días, hasta que los guardias se cansaron de buscarlos, y el 10 de abril de 1944, se escaparon para advertirle al mundo que el centro de Auschwitz-Birkenau era una máquina de matar.

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