La reciente decisión de la Unión Europea (UE) de “marcar” los productos fabricados en las comunidades judías en Judea y Samaria (Cisjordania) no es más que una medida técnica, tal como los funcionarios de la UE han afirmado. Su intención parece bastante clara: llamar la atención del consumidor europeo y mundial sobre estos productos como un primer paso hacia el boicot contra estos. Los gobiernos europeos creen erróneamente que el etiquetado y el boicot a los productos israelíes fabricados en los asentamientos judíos causarán daño económico a las empresas israelíes sobre la línea verde y hacer que cierren sus puertas.