Icónico por sus papeles en el cine y la televisión argentinas, Gerardo Romano se ha convertido en un actor incansable y asociado al gesto transgresor, que a lo largo de los años ha sido aplaudido, admirado o censurado, tanto por sus arriesgados papeles como por sus aventuradas declaraciones políticas. Ahora vuelve a Montevideo con una obra que promete no menos polémica: Un judío común y corriente.