Así se puede describir la carrera de Baruj Barkin, o Buki para los que lo conocen más. Un hombre que desde pequeño usa el arte no sólo como forma de expresión sino como vehículo para traer felicidad al prójimo: niños discapacitados, soldados en plena guerra o simplemente el público que disfruta de sus pinturas o sus obras de teatro, su poesía o su música.