El 18 de enero de 2015 todos amanecimos con una noticia impactante. El fiscal de la nación argentina Alberto Nisman (Zl’) fue encontrado muerto – producto de un balazo – en su propiedad de Puerto Madero, en plena ciudad de Buenos Aires. Más allá de las razones y eventuales culpables del suceso, la noticia resulto sorprendente. El hecho conmovió además, por que la muerte significaba el fin del responsable máximo de la unidad especial de investigación – creada en 2004 – que tenía como objetivo conocer los detalles del mayor atentado que conoció la diáspora judía en la historia, la destrucción y muerte de la Asociación Mutual Israelita Argentina (Amia), acaecido 20 años atrás.