Buscando a una sombra

20/Feb/2015

El País Cultural

Buscando a una sombra

Situada en la cosmopolita
Haifa, donde judíos y árabes conviven, esta es una pieza importante de la
narrativa de este gran escritor israelí que recién llega en español.

Abraham B. Yehoshua nació
en Jerusalén en 1936 y publicó su primera novela, El amante (1977), a la edad
de 40 años. Descendiente de una extendida estirpe sefardí de raíces griegas,
junto a Amos Oz y David Grossman forma parte de lo más destacado de la
literatura israelí de los últimos años, y ha publicado también teatro y ensayo.
En su novelística, afortunadamente volcada al castellano, figuran títulos como
Una mujer en Jerusalén, La novia liberada, Viaje al fin del milenio, Caridad
española y la notable El cantar del fuego.

Varios son los narradores
del delicado ejercicio de relojería que es El amante: Adam, el principal de
ellos, es un cuarentón dueño de un taller mecánico en Haifa; Asia, su esposa,
una profesora de Historia que parece haber perdido todo arte de seducción e
incluso de deseos de vivir; Dafi, la hija de ambos, una adolescente que
atraviesa una intensa crisis que la separa día a día de sus padres; Waducha,
una anciana internada en una casa de salud que recupera brevemente su lucidez;
Naím, un joven árabe, empleado del taller de Adam, quien será encargado de
cuidar de Waducha por unas semanas y que se verá impactado por la belleza y la
irreverencia de Dafi; y, casi al final del libro, Gabriel, un joven judío
residente en París, que ha llegado a Israel con la equívoca esperanza de cobrar
la herencia de su abuela Waducha.

Todo ocurre poco tiempo
después de haberse desencadenado la llamada Guerra de Yom Kippur, un conflicto
bélico que involucró, hacia fines de 1973, al ejército israelí por un lado y a
tropas de Egipto, Siria, Jordania e Irak por otro, y más tarde, a nivel diplomático,
a la entonces Unión Soviética y a Estados Unidos. Y lo que dispara la historia
es, si se quiere, un impulso paradójico: Adam está decidido a encontrar a
Gabriel, quien, tras algunas peripecias, se convirtió en amante de Asia y que
un buen día desapareció, despertando el temor de haber sido reclutado por el
ejército y enviado al frente de batalla.

Pero la voluntad de Adam
no está provocada por celos o por venganza, sino por piedad: él está convencido
de que la única persona capaz de recuperar anímicamente a su esposa es este
individuo enigmático y en cierto sentido torpe. Y en su desalentada búsqueda,
termina haciéndose cargo de la abuela y pidiendo a Naím que la acompañe. Es en
este muchacho donde se habrá de personificar un conflicto cultural de dimensiones
insondables, acaso imposible de resolver.

Las distintas
intervenciones de cada uno de los protagonistas están elaboradas con mano
maestra: el discurso de Adam aparece siempre a medio camino entre la decisión y
el desconcierto; Asia solo es capaz de recordar sus clases y de narrar algunos
de sus sueños nocturnos, en los que reiteradamente aparecen pistas o rastros
del conflicto en el que se ve envuelta; Safi es directa y práctica, más allá de
las confusiones propias de su edad; las primeras oraciones de Waducha son
borrosas, casi ilegibles, pero una vez que recupera su salud, su palabra está
siempre atenazada por el miedo de que una noche Naím la asesine y la robe; el
lenguaje de Naím es el del descubrimiento, de la curiosidad, del deseo de una
vida diferente y de la corroboración de que ser árabe es una condena que jamás
le permitirá incorporarse a ese mundo.

En Adam se reúnen dos
culpas: sentirse tan lejos de su mujer que ni siquiera puede definirla (“¿Cómo
describirla entonces? ¿Por dónde empezar? Por sus pies, pequeños y suaves, ante
los que caí una noche…”), y acumular dinero sin cesar gracias a la prosperidad
de su taller donde prácticamente todos los empleados son árabes. Por su parte
en Naím, acaso la contracara de Adam, se acumulan todas las interrogantes que
le harán imposible modificar su destino. Y como telón de fondo de todas estas
escenas en un principio privadas, se desnudan pautas y sinrazones de un
enfrentamiento que acosa a dos naciones.

Considerado un pacifista
radical, Yehoshua, intelectual tan activo como incómodo, ha sabido volcar en
sus libros todas sus inquietudes, sin afectar en lo más mínimo su enorme
calidad narrativa. En esta, su primera novela, ello queda largamente
demostrado.

EL AMANTE, de A.B.
Yehoshua, Duomo Nefilebata, 2013. Barcelona, 419 págs. Distribuye Océano.