3-8-2012 LEONARDO GUZMÁN
A muchos les parece que defender principios es distraerse de lo que realmente interesa, hablar lindo y perder el tiempo. Incluso gentes que pasan por cultas proclaman frente a las nuevas generaciones la necesidad de hacerse práctico y no teórico, de ir rápido en vez de perder el tiempo en doctrina: mejor que los ideales, los bifes.
Al revés de lo que sue- le opinarse, tal postura no es burguesa-conservadora ni proletaria-revolucionaria, ni moderna ni nueva. No la inventaron Nietzsche ni Friedman ni los yuppies. Viene de mucho antes que nacieran el nihilismo, el liberalismo económico y el culto de la última moda; también de antes que se hablase de burguesía y proletariado. Nació con el culto por los placeres de rendimiento inmediato que existía en la antigua Grecia como hedonismo cirenaico: oponía una actitud ramplona y cortoplacista al lúcido reclamo del hedonismo epicúreo, respetable hasta hoy porque también realzaba los placeres pero mandaba buscarlos en la siembra a distancia, en los valores en orden y en la consiguiente elevación espiritual.
Pero aun añeja ¡vaya si esa actitud hace estragos en los tiempos actuales! Planta semillas de decadencia hasta en la civilización y la economía de Europa, degrada internacionalmente la libertad a convivencia con perversos y -en el mundo y en el Mercosur- lleva a transar principios por lentejas.
El resultado anímico es que cunde el destemple, la sensación de laxitud y la convicción de que nada es previsible porque todo puede llegar a ser. El efecto práctico es que sin aguijón cae la tensión a su servicio: y avanza la barbarie. Véase.
En Malí los fanáticos dispusieron, en un «tribunal» formal pero sórdido, matar a pedradas a una pareja porque convivía sin casarse. Su único pecado fue vivir en unión libre y tener dos hijos. Una turba de 200 personas escogidas por los organizadores de la ejecución, mató a los concubinos con una lluvia de piedras. Fue el primer caso de lapidación judicial que se perpetra desde que grupos armados de tuaregs e islamistas tomaron el norte de Malí hace cuatro meses.
Esta salvajada ocurrió el domingo en África, a 4 horas de vuelo a Madrid y constituye otro avance sanguinario de las horribles reglas de la llamada «sharía», la ley de los musulmanes más extremistas que ya rige en varios países de Oriente Medio.
El caso es espeluznante, pero no único. Calca las lapidaciones en el Irán de los ayatollahs a las mujeres infieles. Y no es el único atropello actual a los ideales y principios del humanismo y la libertad: la lista es enorme.
Importa entonces darse cuenta de que el desdén por la doctrina y la distracción ante los principios no solo indica insensibilidad. Además produce efectos aterradores, ya que si en pleno siglo XXI aparecen estas lacras es porque los gobiernos de a uno -y la ONU toda junta- siguen -por conseguir petróleo o vender ganado en pie- pactando con lo intolerable, ignorando que sin principios la persona y el Derecho se derrumban y que -Vaz Ferreira dixit-, el teórico es persona de mucho más acción que el práctico, pues ve más lejos y genera soluciones generales para los temas particulares.
Por lo cual es hora de que los ciudadanos de esta Comarca reemprendamos esfuerzos espontáneos de reflexión y doctrina, para que terminen las vacaciones de los principios, rescatemos la lógica extraviada y recuperemos los ideales, hoy entrampados en el légamo del relativismo.
Barbarie o ideales
03/Ago/2012
El País, Uruguay, Leonardo Guzmán