Sésamo: el acelerador de partículas que ha unido a Israel con Irán y Palestina

Con el recuerdo remoto de Alí Babá, un tesoro -esta vez científico- acaba de abrir sus puertas entre campos de olivos a las afueras de Amán, la capital de Jordania. Se llama «Sésamo», un guiño a aquel leñador persa que halló la cueva de los cuarenta ladrones y también el acrónimo en inglés de «Sincrotrón de luz para ciencia experimental y aplicaciones en Oriente Medio». Un centro pionero en el turbulento mapa de la región que ha obrado el milagro: acoger bajo el mismo techo a iraníes, israelíes, palestinos, turcos o egipcios. Una inusual banda de científicos musulmanes, cristianos, judíos o ateos que practica la paz de los laboratorios en una tierra de intrincadas guerras e históricas rencillas diplomáticas.

La increíble historia de los 150.000 charros mexicanos que se prepararon para combatir al ejército nazi de Adolf Hitler

Durante la segunda Guerra Mundial, un ex combatiente de la Revolución mexicana puso a las órdenes de su gobierno a la Legión de los Guerrilleros Mexicanos, integrada por hombres que no eran militares, sino jinetes tradicionales. Esta es una historia de película y el protagonista se llama Antolín Jiménez Gamas. Un teniente coronel en el ejército de Francisco «Pancho» Villa, político en los años 20, que en 1942 fundó la Legión de los Guerrilleros Mexicanos para enfrentar una eventual invasión de los nazis a México, durante la segunda Guerra Mundial.

Hambre de libertad en el Irán de los viejos ayatolás

Los miércoles son días blancos en Irán. De blanco se visten viejos y jóvenes opositores para mostrar su rechazo a la obligación impuesta a las mujeres de cubrirse con el hiyab, el velo islámico. Ellas se lo quitan en plena calle. Gritan libertad y se disuelven ante la llegada de la policía. Es nada más que otro de los síntomas que un viajero con los ojos y los oídos abiertos puede captar si dispone de una semana para auscultar el corazón político de los persas.