La memoria del Holocausto
Se acaba de rememorar la Shoa, el Holocausto, el exterminio sistemático de los judíos europeos por la estrategia genocida del nazismo. Un empeño asesino que sigue produciendo espanto tanto por su apabullante magnitud como por lo que significó de ‘banalización del mal’, esa expresión con la que Hanna Arendt calificó la industrialización de la muerte, la rutina burocrática de los verdugos nazis en la ejecución de su mandato asesino. Un estupor ante los horrores de los campos de exterminio que alcanza el tejido más profundo de la conciencia humana, y que el Papa Benedicto XVI expresó con dramática radicalidad en su visita a Auschwitz en mayo de 2006 cuando se hacía eco de lo que él mismo describía como un grito interior que dirigía a Dios para interpelarle: «¿Por qué, Señor, callaste? ¿Por qué toleraste todo esto?».