Auto de fe
Todo empieza en 1630, con el cambio de residencia de unos cripto-judíos portugueses que se asentaron en Madrid, en la calle de las Infantas donde tenían parientes y donde abrirán una mercería. Como era conveniente en aquella época, a la entrada del comercio colocaron un crucifijo para que no hubiera dudas. Pero un día, el hijo pequeño de aquella familia, faltó a clase y el maestro, Juan Díaz de Quiñones, preguntó al niño el motivo, pues pensaba que el niño podía faltar por decisión propia para corretear por Madrid haciendo travesuras. El niño se asustó con la reprimenda del maestro y le contó que no fue porque en su casa se celebraba una fiesta que consistía en profanar el crucifijo de la puerta del negocio de sus padres. El maestro no dudó ni un segundo en denunciar los hechos al Tribunal de la Santa Inquisición. El domingo 4 de julio de 1632 toda la familia fue condenada a morir en auto de fe…