El asesinato de Weimar

Alemania, agosto de 1932. Los nazis acaban de convertirse en el primer grupo parlamentario, con el 37% de votos. Sin embargo buena parte del sistema político aun se resiste a aceptarlos y no son convocados a formar gobierno, ni siquiera son considerados para integrarse eventualmente al próximo gabinete. En las calles la violencia es banal, sangrienta y cotidiana. Todos los partidos políticos mantienen milicias armadas, incluso el moderado y republicano partido socialdemócrata. Solo los nazis tienen una fuerza de choque -las SA- que encuadran 400.000 hombres en uniforme pardo. El partido dispone de una enormidad de recursos económicos para mantenerla.

El mundo islámico

La primavera árabe no acaba de florecer. El fin de las tiranías militares del norte de África -Túnez, Libia, Egipto- no ha dado paso a una era de gobiernos democráticos como sucedió tras el derribo del Muro de Berlín y la desaparición de la URSS, o como vimos en Alemania, Italia y Japón después de la Segunda Guerra Mundial.

Salen a la luz cartas de amor de Goebbels donde se aprecian ya señales de su conducta autoritaria

El ministro de Propaganda nazi, Joseph Goebbels, ha pasado a la historia como un gran experto en la manipulación y creación de mensajes, que tanto ayudaron al ascenso de Hitler al poder. Pero la casa de subastas Alexander Historical Auctions ha anunciado la salida de un lote de escritos de Joseph Goebbels en su época universitaria.

Las prebendas de una orquesta nazi

La orquesta del Reich Misha Aster Edhasa. Barcelona (2012). 411 págs. Estamos ante un apasionante ensayo que recoge los años más sombríos de la que ha venido a ser la mejor orquesta del mundo -la Filarmónica de Berlín- y su estrecha vinculación con el partido nacionalsocialista, desde el año 1933 hasta el final de la guerra. Durante ese período, la que se conocía como Orquesta von Benda pasa a ser la Orquesta del Reich. Gozó de unos privilegios y unas prebendas absolutamente únicos. Por ejemplo, en ninguna otra orquesta en Alemania los instrumentistas tenían garantizados sus puestos de trabajo y no eran movilizados militarmente.