Eyal, Gilad, Naftalí y Mohammed

El lunes de esta semana se supo que los jóvenes israelíes secuestrados desde el 12 de junio habían sido asesinados al poco tiempo de su secuestro en Gush Etzion (Cisjordania). Se llamaban Eyal, de diecinueve años, Gilad y Naftalí, ambos de dieciséis. Vivían en Hebrón. Eran inocentes. Si alguien cree que junto a esta frase hay que añadir algún matiz –algo así como “ya, pero eran colonos” o “sí, pero ellos eran parte del conflicto”- tal vez sea mejor que no siga leyendo.

Israel, conmocionado y bajo misiles

El terrible crimen del asesinato de Muhammad Abu Hdeir, de 16 años, ha conmocionado a la sociedad israelí. Si hay por algún lado en el país algún desaforado que se alegra, que piensa «los árabes se lo merecen» o que ese horror ayuda en algo a Israel, pues no ha osado abrir la boca. O sea…seguramente los habrá. Si bien este asesinato fue algo sin precedentes, que hay también en Israel extremistas, racistas, fanáticos, como en otras sociedades, no es secreto. Pero la reacción de la sociedad israelí fue tan categórica al repudiar el crimen, tan terminante en su rechazo y tan firme en su condena y exigencia de justicia, que si algún mal nacido cree que el asesinato estuvo bien, seguramente entiende que mejor ni lo dice en voz alta.

Israel vs. Palestina: los criminales como piedra de toque

«Lo que los israelíes no pueden tolerar, herederos de la milenaria conciencia moral judía, es caer en las bajezas del enemigo. Por ello, cuando recuerdan a Meir Kahane, a Yigal Amir o a Baruj Goldstein, heridas abiertas en el imaginario colectivo, la respuesta es incluso más enérgica que la motivada por un ataque terrorista palestino»»No ha pasado lo mismo en la sociedad palestina. Aunque Mahmud Abás ha dado un gran paso condenando el asesinato de los tres adolescentes judíos secuestrados el pasado día 12 en Hebrón -cosa que no han hecho sus socios de Gobierno, los terroristas de Hamás, que elogiaron a los secuestradores-, las fotos de palestinos -muchos de ellos niños azuzados por sus padres- celebrando el crimen dieron la vuelta al mundo»