El angustioso día a día de una Jerusalén en estado de alerta

Acá, en Jerusalén, las sirenas sonaron mucho menos que en Tel Aviv, la cosmopolita ciudad de las mil y una nacionalidades, donde niños y ancianos, judíos y árabes, israelíes y extranjeros viven en constante y literal estado de alarma desde hace más de un mes. Prácticamente todos los días la aplicación que avisa de los próximos misiles (detalles de las guerras modernas) los manda a los refugios, a las escaleras más cercanas o a encogerse debajo de un banco para protegerse del potencial impacto de los misiles gazatíes y sus esquirlas. En la capital, las sirenas sonaron mucho menos y, además, nadie olvida los terribles años de la Segunda Intifada, en especial el nefasto 2002, cuando era habitual sufrir el espanto de los kamikazes de Hamas reventando los autobuses, cafés y restoranes en los que todos tenían alguna historia. La situación para Jerusalén podría ser mucho peor, pero involucra a todos.

Ayuda humanitaria en medio de la guerra

Al lidiar no sólo con el desafío militar que supone el operativo contra Hamas sino también con la imagen negativa que este le crea en gran parte del mundo por el hecho que hay civiles no involucrados que mueren, resultan heridos y quedan desplazados, uno de los mensajes centrales de Israel es que su guerra es sólo contra el terrorismo y no contra la población civil de Gaza.

Gaza y la erupción del antisemitismo

Todos los enfrentamientos bélicos son horrendos, sin excepción. Pero cuando Israel es protagonista se produce una desproporcionada reacción en cadena en el mundo entero. Solamente en este último año, en diversas partes del mundo, han sido innumerables los asesinados: manifestantes en Venezuela, Turquía, Egipto y Libia, decenas de miles de sirios, (entre ellos miles de palestinos), han sido exterminados con armas químicas en Siria, comunidades enteras han sido masacradas en Afganistán y Sudán, en Irak, Pakistán y Nigeria se cuentan por cientos las víctimas de atentados terroristas y hubo un récord de ejecutados en la horca en Irán, acusados de delitos, como la homosexualidad, que en el mundo civilizado no son considerados tales.