De la primavera árabe al realismo político

Hace tres años y medio, poco más o menos, una crisis estallada en Túnez se convirtió, con el correr de los días, en una ola revolucionaria que se expandió al resto del mundo musulmán sin pedir permiso. Dictadores todopoderosos fueron corridos o muertos en cuestión de días. Regímenes hasta ese momento a prueba de balas resultaron borrados de la faz de la tierra en medio de la algarabía y el beneplácito de Occidente, que, además de fogonear la insurrección en Libia, Egipto, Túnez y Siria, bautizó a esa tea encendida con el nombre de «primavera árabe».

Fanatismo y corrosión

Continuadoras de los crímenes de Al Qaeda y las brutalidades de los Ayatolás, las atrocidades yihadistas en la frontera sirio-iraquí nos enfrentan a una verdad patética: ¡el siglo XXI está en guerra de religión!