Asedio por ser parte de Gestapo

07/Mar/2011

El País

Asedio por ser parte de Gestapo

Judía negó toda su vida haber ayudado a Nazis
6-3-2011
Durante la primera semana, la escritora escuchó las confidencias de la cantante a la puerta de entrada de la casa de ésta, en un taburete. Enloquecida, aquejada de manía persecutoria, en esa primavera de 2003, Wiera Gran dormía con un martillo y un destornillador debajo de la almohada, sin salir de casa porque vivía convencida de que sus enemigos judíos rondaban al acecho y aguardaban cualquier oportunidad para desvalijarla.
Tras esa semana, la cantante accedió a que la periodista y escritora polaca Agata Tuszynska entrara en su casa. Tras varios años de conversaciones e investigaciones nació un libro que cuenta la historia de esta mujer judía que cantó durante casi un año en un famoso cabaret del gueto de Varsovia, que consiguió escapar de la deportación a campos de concentración, que se escondió en una aldea hasta que terminó la guerra y que durante toda su vida arrastró la acusación de haber colaborado con la Gestapo. Hasta el punto de que enloqueció tras tratar inútilmente de demostrar que era inocente.
«Un día», relata, «un pianista vino a mí. Era Wladyslaw Szpilman. Me había acompañado algunas veces antes de la guerra. Me pidió que lo ayudara, que no tenía de qué vivir. Era humilde y pequeño. Traté de hacerlo». Ese iba a convertirse en una leyenda al inspirar el filme El pianista, de Roman Polanski. Durante muchos meses, ella y Szpilman actuaron en ese cabaret que reunía a los miembros más pudientes del ejército condenados a muerte que componían el gueto, que presenciaban el espectáculo sin calefacción, a veces con temperaturas bajo cero y que aplaudían en sordina porque no se atrevían a despojarse de los guantes o de los abrigos.
Algunos supervivientes aseguran que la vieron muchas veces con policías judíos colaboradores de la Gestapo que gozaban siempre de una mesa privilegiada en el café. Otros la acusan de delatora, de haberse servido de su belleza y fama para esquivar la miseria y el hambre que ahogaba al resto, de haber cantado en fiestas privadas de alemanes que acudían al gueto a escucharla.
Tras pasar esos meses en el gueto, logró escapar, a principios de agosto de 1942. El 11 de febrero de 1945 oyó una voz en la radio que le resultó conocida: Wladyslaw Szpilman, el pianista que la había acompañado en el gueto, anunciaba un nuevo programa musical en la nueva Varsovia libre.
Cuando fue a verlo para pedirle trabajo, este se limitó a responder con una pregunta: «¿Pero tú no estás muerta?». Luego añadió algo que iba a atormentar para siempre a Gran: «Oí que colaboraste con la Gestapo».
Durante los años siguientes, Wera Gran actuó en el Carnegie Hall, grabó un dueto con Charles Aznavour, cantó en ruso, en polaco y en francés, recreó temas inmortales de Édith Piaf o de Jacques Brel.
Pero, sobre todo, se pasó toda la vida intentando sacudirse su estigma. Jamás gozó de la presunción de inocencia y murió en 2007.
EL PAÍS DE MADRID