Antisemitismo y Antisionismo- Dos caras de la misma Judeofobia

22/Abr/2026

Semanario Hebreo Jai- por Ana Jerozolimski

 

 

El periodista y productor uruguayo Alejandro Grobert presenta su libro Antisemitismo y Antisionismo: Dos caras de la misma Judeofobia, una obra que analiza el crecimiento del odio antijudío en el mundo y su vínculo con ciertas formas de antisionismo.

 

Una dura realidad hecha libro, gracias a la investigación de su autor ALEJANDRO GROBERT

 

Tras dedicarse muchos años a la industria del calzado y del plástico, Alejandro Grobert se abocó a la escritura y la producción audiovisual.

 

Es autor del largometraje La Despedida (2010). Creador y productor del programa televisivo Baby Deportivo (2007–presente, Canal 5).

 

Ha publicado los libros “Más vale solo que mal acompañado” (2013) y “Fútbol infantil: ¿Deporte o la salvación?” (2022).

 

En el ámbito comunitario, fue presidente del movimiento juvenil Betar (1987), presidente del movimiento universitario Tagar (1988–1991) y secretario general de la Comunidad Israelita del Uruguay (2000–2002).

 

El libro que acaba de publicar, “Antisemitismo y Antisionismo-Dos caras de la misma Judeofobia”, es producto no sólo de su amor por Israel y el pueblo judío sino de su convicción que a ambos hay que defenderlos con la verdad.

 

P: Alejandro, es un gusto al fin realizar esta entrevista. Sé que tu libro está teniendo mucho éxito, me alegro por vos que le pusiste tanto ahínco pero más que nada por la importancia del tema. ¿Por qué lo escribiste?

 

R: Lo escribí por una preocupación creciente: el aumento de la judeofobia tanto en Uruguay como a nivel global. En los últimos años he visto cómo ese fenómeno se traduce en distintas formas de antisemitismo, algunas más explícitas y otras más sutiles. Entre ellas, una variante contemporánea que muchas veces se presenta como antisionismo, y que se intensificó especialmente a partir de la guerra en Gaza entre Israel y las organizaciones terroristas. Sentí la necesidad de aportar contexto, reflexión y herramientas para entender mejor lo que está pasando.

 

Al mismo tiempo, también sentí que cada vez es más difícil hacer escuchar nuestra voz. Y, hablando con respeto, no siempre me he sentido plenamente representado por algunas de las personas que hoy ocupan el rol de voceros de la comunidad o del sionismo. No lo digo con ánimo de cuestionar a nadie en lo personal, sino como una percepción que, además, sé que comparte mucha gente en la comunidad. El libro surge también desde esa necesidad de aportar una mirada propia, siempre fundamentada, apoyada en datos, y abrir espacio a una conversación más amplia.

 

P: ¿Cómo resumir el punto central del libro? ¿Y qué lo motivó?

 

R: El punto central del libro surge de una experiencia muy personal pero también sostenida en el tiempo. A lo largo de mi vida he sido un activista, estudioso e investigador de temas vinculados al pueblo judío, el judaísmo y el Estado de Israel.

 

En la última década, ya sin ocupar cargos o responsabilidades comunitarias, me dediqué de forma cotidiana a interactuar directamente con la gente en redes sociales, especialmente en los espacios de debate que se generan debajo de las noticias en los medios.

 

A partir de esa experiencia acumulada, empecé a identificar patrones muy claros: una parte importante del rechazo o incluso del odio hacia nosotros no nace necesariamente del conocimiento, sino de la desinformación, de tergiversaciones persistentes y de narrativas instaladas. Narrativas que, muchas veces, son impulsadas por actores y organizaciones que buscan demonizar y deslegitimar, en el marco de una batalla cultural muy intensa, donde deliberadamente se confunden los significados de todos los elementos a través de los cuales solemos definirnos.

 

P: Y eso sin duda es especialmente preocupante.  ¿Dirías en forma contundente y absoluta que el antisionismo es una máscara del antisemitismo?

 

R: Mi postura, que de hecho está reflejada desde el título del libro, es que el antisionismo funciona como una expresión contemporánea de la misma judeofobia. Son, en gran medida, dos caras de un mismo fenómeno. Quien rechaza al judío como individuo o como pueblo, también rechaza su expresión colectiva, que es el Estado de Israel.

 

Ahora bien, es importante hacer una distinción: no toda crítica a Israel es antisemitismo. La crítica legítima existe y eventualmente podría ser válida. El problema aparece cuando esa crítica se transforma en negación del derecho a existir, en demonización o en un estándar completamente distinto al que se aplica a otros países. Ahí es donde, a mi entender, deja de ser una posición política y pasa a ser otra cosa.

 

P: ¿Podrías compartir con los lectores algunos de los episodios o elementos que te impulsaron a escribir el libro?

 

R: Responder esa pregunta en profundidad casi implicaría escribir otro libro dentro de esta entrevista. Pero si tuviera que sintetizarlo, diría que fue la acumulación diaria de experiencias. En los espacios de debate, especialmente en redes y en los comentarios de los medios, uno se enfrenta constantemente a un volumen impresionante de insultos, desinformación y titulares tendenciosos. Eso genera una sensación muy fuerte de frustración e impotencia, porque no se trata de hechos aislados, sino de un flujo permanente.

 

P: Es un fenómeno terrible. Permitime intercalar una experiencia personal mía justamente en ese sentido. Yo he empezado ya hace tiempo a bloquear a mucha gente que comenta con odio, no con esa legítima discrepancia de la que hablaste con razón. Y también, a cerrar mis cuentas en las redes a comentarios porque de lo contrario, mis notas se convierten en tribuna de antisemitismo.

 

R: Es así, lamentablemente. En contextos de alta tensión, como los conflictos en Medio Oriente, ese fenómeno se intensifica aún más. Se multiplican las versiones falsas, los relatos extremos y todo tipo de afirmaciones sin sustento, muchas veces difundidas desde cuentas anónimas o poco verificables.

 

Pero más allá de lo coyuntural, lo que también me impulsó a escribir es ver cómo persisten —y se reciclan— prejuicios muy antiguos: ideas sobre el poder judío, teorías de control global, acusaciones históricas que vuelven a aparecer con nuevos formatos. A eso se suman narrativas más recientes que combinan política, desinformación y teorías conspirativas, generando una mezcla muy difícil de desmontar en el debate cotidiano.

 

Y lo más preocupante es que este tipo de discursos no queda limitado a espacios marginales: a veces también aparece en ámbitos públicos, mediáticos o incluso políticos, lo que amplifica su impacto.

 

Todo esto, en conjunto, me hizo ver que no estamos ante episodios aislados, sino frente a un fenómeno más amplio, profundo y persistente. El libro nace justamente de esa preocupación: de la necesidad de ordenar, analizar y responder a esa realidad.

 

¿Cómo lo hacen?

 

P: ¿Has identificado en este seguimiento detallado que has hecho del problema, mecanismos determinados que siempre sirven a la promoción del odio contra los judíos?

 

R: Sin duda. En el libro planteo que existen distintos mecanismos —o fuentes— desde donde se promueve el antisemitismo, y que no responden a una única lógica, sino a fenómenos diversos que a veces incluso convergen.

 

Por un lado, hay corrientes del islamismo radical que, desde una visión ideológica y religiosa extrema, ubican al pueblo judío y al Estado de Israel como un enemigo central. Esa narrativa forma parte de su cosmovisión política y teológica, y tiene un impacto directo en la dinámica del conflicto en Medio Oriente.

 

En segundo lugar, observo que ciertos sectores de la izquierda, particularmente en su versión más ideologizada, han adoptado una lectura del conflicto en clave binaria: opresores versus oprimidos, ricos versus pobres, poderosos versus débiles. En ese marco, tienden a ubicar a Israel como símbolo de poder y a idealizar la causa palestina, lo que muchas veces deriva en simplificaciones, demonización y en una narrativa que no siempre refleja la complejidad real del conflicto. Yo le llamo irónica pero descriptivamente “la cheguevarización de la causa palestina”.

 

Un tercer componente es la persistencia de corrientes extremistas de raíz neonazi, que hoy día se entrelaza con el mundo de las teorías conspirativas. Allí reaparecen los viejos prejuicios —sobre el poder, el control o la manipulación— adaptados a lenguajes y formatos contemporáneos, combinados con un elemento transversal que a su vez potencia todo lo anterior, que se produce en las redes sociales donde la desinformación, la viralización de contenidos falsos y el anonimato amplifican estos discursos a una escala inédita.

 

El problema adicional que surge de estas corrientes es como terminan reforzándose entre sí, generando un clima cada vez más hostil.

 

P: ¿Y cómo te parece que surge esto? Me parece que hay mucho dinero de fondo y sin duda una mano- o varias- que manejan esta guerra judeófoba y anti israelí.

 

R: Sin afirmar cosas que no son fáciles de probar, sí da la impresión de que parte de estos contenidos responde a dinámicas organizadas, debidamente financiadas, por su escala, persistencia y coordinación. Y eso se potencia porque conecta con y se basa en prejuicios históricos muy arraigados, que siguen presentes en buena parte de la sociedad.

 

¿Hay solución?

 

P: ¿Es posible encontrar una solución a este flagelo?

 

R: No tengo una solución definitiva, y sería poco honesto decir que la hay. Pero sí tengo una convicción muy clara: no podemos callarnos ni quedarnos de brazos cruzados.

 

Hay que dar una batalla, cada uno desde su lugar. En Israel, esa batalla muchas veces es de carácter militar, porque está en juego su propia existencia. En el resto del mundo, en cambio, la batalla es fundamentalmente cultural: se da en las ideas, en la información, en el debate público.

 

Yo soy uruguayo —profundamente uruguayo—, pero al mismo tiempo me siento totalmente parte del pueblo judío y comprometido con nuestra supervivencia. Y entiendo que, cuando se ataca a judíos en cualquier lugar del mundo o cuando Israel es objeto de agresión, hay un hilo conductor que une todas las agresiones que recibimos, de una u otra forma.

 

Por eso, más que hablar de una solución única, prefiero hablar de responsabilidad. Esta es mi forma de aportar: no desde la confrontación violenta, sino desde la palabra, desde el análisis y desde la necesidad de no permanecer en silencio.

 

La repercusión

 

P: Te han entrevistado de distintos medios. ¿Con qué reacciones te has topado? Desde la propia prensa y del público.

 

R: En primer lugar, quiero expresar mi agradecimiento a los medios y a los distintos espacios que me han recibido, así como a aquellos que están en proceso de hacerlo. Siento que vengo siendo tratado muy correctamente y el tema viene siendo abordado con mucho respeto, lo cual valoro enormemente.

 

Es cierto que, por momentos, algunas de mis declaraciones generan sorpresa o incluso discrepancias, pero eso es parte natural del intercambio. Lo importante es que, hasta ahora, el periodismo me ha brindado un espacio para expresarme con libertad, exponer mis ideas y contribuir a una conversación que, creo, termina siendo enriquecedora para todos.

 

Un dato que me resulta especialmente interesante es que una parte importante de las ventas en librerías, los lectores, no pertenecen a la colectividad, y eso me genera una gran satisfacción, porque indica que el libro está logrando trascender ese ámbito y abrir el diálogo hacia otros públicos.

 

Al mismo tiempo, esperaba también mejor respuesta dentro de la colectividad. Pues veo que del otro lado hay cada vez más preparación, más formación y más desarrollo de argumentos. Y eso también nos desafía, de manera que, creo que tenemos que estar a la altura, informarnos mejor y dar las discusiones con seriedad y fundamentos. Argumentos nos sobran.

 

Mi enfoque personal apunta a no caer en el insulto. Creo que no es necesario, incluso contraproducente. Cuando uno confía en sus argumentos, en la información y en la verdad, no necesita recurrir a eso. Y, en definitiva, confío en que la verdad, a largo plazo, siempre termina prevaleciendo. La verdad es indestructible, o no es verdad.

 

P: Una pregunta práctica y muy importante. ¿Dónde se puede encontrar el libro?

 

R: En Uruguay, en casi todas las librerías (no siempre a la vista del público), y en Mercado Libre.   Para el resto del mundo, en Amazon, en formato digital.

 

Este libro es, en muchos sentidos, una obra amplia: no solo por su extensión, sino por la profundidad con la que recorre los temas. Está organizado en 66 capítulos, cada uno dedicado a desarrollar una idea, un proceso o un momento específico, con el apoyo de mapas, imágenes y material que respalda y da contexto a lo que se expone.

 

Pero más allá de su estructura, lo importante es lo que busca generar en quien lo lea. Quienes ya tienen conocimientos sobre estos temas van a encontrar una herramienta que fortalece, ordena y amplía su comprensión de manera significativa. Y quienes se acercan por primera vez, se van a encontrar con un texto accesible, pensado para acompañar, para explicar y para abrir puertas a una realidad compleja pero absolutamente vigente.

 

Mi aspiración es que este libro no solo informe, sino que despierte inquietudes, que invite a pensar, a cuestionar y a no quedarse con versiones simplificadas de la realidad. Porque estamos viviendo tiempos intensos, desafiantes, y entender lo que pasa, más que una opción es una necesidad. Y si este trabajo logra sumar a ese proceso de comprensión, entonces todo el esfuerzo habrá valido la pena.