El conflicto de Gaza,
producto, a mí juicio, de una
justificada reacción del Estado de Israel ante el acoso permanente y
sistemático del grupo terrorista Hamas, generó en Bolivia (por cuestiones de
espacio sólo voy a referirme a nuestro país)
una serie de reacciones, las más de ellas con epítetos racistas y
discriminatorios hacía el pueblo judío.
Desde artículos escritos
al calor de la impresión provocada por imágenes observadas en distintas cadenas
televisivas, en los que se observa a
niños y mujeres, principalmente como víctimas de la respuesta militar israelí,
hasta declaraciones o posturas claramente ofensivas contra una colectividad y
religión, a la que personalmente admiro y respeto, aclarando que no vivo de la
política, del sindicalismo, del narcotráfico, del contrabando y, mucho menos de
la adulonería, ni del interesado y rentado desprestigio a absolutamente nadie,
sólo de mi trabajo al igual que millones de bolivianos.
Artículos y caricaturas
ofensivas en medios que se precian de ser referentes de la información
nacional, escritos antisemitas en la plaza Israel de la sede de gobierno,
declaraciones políticas. En fin, hemos visto mucho y de todo en las últimas
semanas, pero lo que me ha decepcionado han sido las palabras del
jurisconsulto, expresidente de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos,
exdefensor del Pueblo y, hoy, rector de la Universidad Mayor de San Andrés,
Waldo Albarracín Sánchez, quien dijo que la palabra «avaro” queda corta
para los judíos.
El hoy Magnífico, así se
le llama al rector de la UMSA y de cualquier otra casa superior de estudios,
reconocido activista de los derechos humanos, pidió analizar cuánto pierde
Bolivia realmente con las restricciones a israelíes.
«Tampoco olvidemos
que los judíos, justamente por su propia forma de ser, no comen buñuelo por no
botar el agujero, o sea no es mucha plata lo que dejan cuando vienen a Bolivia,
porque creo que la palabra avaro es muy chica todavía para ellos. Cuando vienen
especialmente a Rurrenabaque no dejan mucho, están buscando los lugares más
baratos tratando de gastar lo menos posible porque por su propia forma de ser
de ellos son demasiado ahorrativos”.
Estas frases,
reproducidas por la cadena ERBOL, develan una actitud discriminatoria y racista
de quien, en su momento, se autoabanderó como defensor de los derechos humanos.
Señor o doctor Waldo
Albarracín, ¿conoce usted Israel? ¿conoce la franja de Gaza? ¿conoce a fondo la
historia de Palestina? ¿conoce o ha oído hablar de la Shoa o Holocausto? ¿Sabía
usted que seis millones de judíos fueron exterminados en campos de concentración?
Después de escuchar sus
declaraciones, toda la admiración y respeto que sentía por usted se
desmoronaron, cual castillo de naipes. Expresaría lo mismo si le escuchara
decir a un premio Nobel de La Paz que aplaudiría una guerra entre Bolivia y
Chile, o que los chicanos (mexicanos indocumentados) son una lacra para Estados
Unidos. Usted luchó incansablemente por el respeto a los derechos humanos,
incluso, cuando era presidente de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos,
denunció, a finales de enero del año 1997, haber sido secuestrado por agentes
del gobierno que se identificaron inicialmente como «terroristas» y
le anunciaron que lo matarían.
Tras haber recibido
órdenes y contraórdenes de sus superiores, finalmente, luego de ser golpeado
severamente, fue llevado a la Policía Técnica Judicial (PTJ), donde recobró el
conocimiento, después de casi cuatro horas de permanecer sin sentido. Usted
podría haberse defendido, por supuesto que sí, pero la golpiza fue
desproporcional, artera y cobarde, incluso podría haber perdido la vida en
aquel momento.
Todos tenemos derecho a
defendernos y a defender a nuestra familia. Por ello me cuesta creer que hoy,
17 años después de aquella cruel agresión a su persona, se olvide que un país,
un Estado, acosado, no por supuestos sino por terroristas (a quienes no les
tiemblan las manos para disparar misiles desde escuelas utilizando a niños y
mujeres como escudos humanos, para conmover a una opinión pública mundial, en complicidad con cadenas televisivas,
mostrando imágenes estremecedoras) tiene el legítimo derecho a la defensa.
Usted dormiría tranquilo con una máscara antigases al lado de toda su familia y
sabiendo que tiene 15 segundos para levantar a sus hijos y correr hacía un
refugio. Finalmente, me gustaría conocer su posición, como exactivista de los
derechos humanos, con respecto a las masacres en Siria, Irak y Afganistán,
también sobre los prorusos y los
constantes secuestros y masacres de niños y mujeres en algunos países de
África. Y el por qué pretende volcar a una comunidad estudiantil contra un
pueblo como el judío.
En su calidad de rector
de la principal universidad, financiada por el Estado a través de nuestros
impuestos, qué grato sería que usted trabajara para emular y acercarse a las
universidades de Israel, ganadoras de tantos reconocimientos académicos a nivel
mundial y donde centenares de profesionales bolivianos se han especializado.
Esto tendría más valor que fomentar marchas para apoyar a movimientos
terroristas.
Me olvidaba, ¿qué opina
de Irán y de la buscada continuidad del masismo en el Gobierno?
Eduardo Mendizábal
Salinas es periodista.
Antisemitismo a la boliviana
11/Sep/2014
Página 7, Bolivia, Eduardo Mendizábal Salinas