CCIU, Editorial
La Cancillería insiste en justificar lo injustificable ¿acaso desconoce la naturaleza y la dinámica del conflicto? La violación de derechos humanos más masiva y persistente que existe es la negación del derecho de autodeterminación del pueblo judío en forma continua, durante más de siete décadas, por la parte árabe.
Vale recordar que este derecho es el primero en la lista de la Declaración de Derechos Humanos, y no es casualidad que así sea. Pero no sólo eso, la parte árabe se atreve a negarle a los judíos el carácter de pueblo. Este absurdo responde a la base doctrinal que está claramente expuesta en la carta fundacional de la OLP –base principal de la Autoridad Palestina-, y también en la carta fundacional del movimiento Hamas que gobierna Gaza, la que exuda un racismo antijudío solo comparable con el nazismo, repitiendo como una letanía su voluntad de exterminio de los judíos.
Para estas gentes no hay paz posible, sino una guerra infinita hasta la victoria total.
El Prólogo de la Carta del Hamas comienza diciendo: ”En el nombre de Alá,…Israel existirá y seguirá existiendo hasta que el Islam lo aniquile, como antes aniquiló a otros”. En la Introducción señala: “…Nuestra lucha contra los judíos es muy grande y muy seria… hasta que el enemigo sea vencido y se realice la victoria de Alá.” En el artículo 7 dice: “El Profeta, que Alá lo bendiga… ha dicho: “El día del Juicio no llegará hasta que los musulmanes combatan contra los judíos (matando a los judíos),…””. En el artículo 32 expresa: “Abandonar el círculo de la lucha con el sionismo es alta traición, y maldito sea el que lo haga…”. Esta afirmación se complementa con la siguiente: “Ni un solo país árabe, ni todos los países árabes, ni ningún rey o presidente,… ni ninguna organización ni todas ellas, sean palestinas o árabes, tienen derecho a hacerlo”.
La Cancillería debe comprender que ese circo en que se ha convertido el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, es un teatro de operaciones para su guerra infinita. Y que cada voto a favor de su causa aleja cada vez más cualquier horizonte de paz. Pero no solo eso: dado el racismo visceral sobre el que se asientan sus posturas, cada voto a favor de su causa es un voto por el antisemitismo.