…Y pasó otro Rosh Hashaná…
Las viejas y siempre renovadas tradiciones,
fundamento de la continuidad del pueblo judío.
La celebración en el hogar. La reunión
familiar.
Los símbolos tradicionales de manzana con
miel y jalá redonda anhelando un año próximo que nos resulte más favorable.
El Tashlij: ceremonia que se hace a la
tarde, que consiste en acercarse al mar o al río más cercano y lanzar trocitos
de pan, simbolizando con esta acción la esperanza de hacer
«desaparecer» (sin olvidarlas por supuesto) nuestras trasgresiones.
Las tarjetas de saludo que nos
intercambiamos.
El deseo tradicional de «Shaná
tová». Y pasado Rosh Hashaná el de «Gmar Jatimá Tová».
En las sinagogas, una extensa y sabia
liturgia, dentro de la cual resaltan los sonidos del Shofar que se remontan a
épocas bíblicas: momento culminante del día. Los feligreses expectantes y
ansiosos.
Y los tres conceptos centrales de estos
días sagrados: Teshuvá (arrepentimiento, retorno por el buen camino), Tefilá
(plegaria) y Tzedaká (solidaridad, justicia social).Conceptos siempre presentes
pero que se aúnan especialmente en estos días solemnes.
Que culminarán en el «clímax» de
Yom Kipur.
Hemos celebrado el comienzo de un nuevo año
judío.
Pero es simplemente un
«comienzo».
Para un mejor transcurrir del año que
vendrá, en lo que dependa de cada uno de nosotros -cierto que hay cosas que
lisa y llanamente no dependen de uno, sí depende de nosotros la forma en que
reaccionamos ante esos hechos- se debería mirar hacia atrás y repasar el año
que se ha ido.
Si realmente queremos construir en el año
venidero, tenemos que ser autocríticos y conscientes de lo que hicimos bien y
lo que no, en el año que pasó.
Para mejor mirar hacia adelante hay que
tener en claro lo que dejamos atrás.
Un ideal del judaísmo es el «Tikun
Olam».
Cada acción que hagamos debe ser, por un
lado, esencial para nuestro mejoramiento y a la vez para el mejoramiento de la
humanidad.
No aspiramos a un mundo perfecto: aspiramos
a un mundo mejor.
No aspiramos a un hombre perfecto: sí
aspiramos a un hombre mejor.
De acuerdo a la tradición, el pueblo judío
ha comenzado el año 5779.
Más allá del número, de qué año comenzamos
y a partir de qué contamos, por sobre todo lo que importa es qué es lo que hacemos con nuestro mundo!!
No lo estamos haciendo bien.
O por lo menos hay muchas cosas que no
estamos haciendo bien.
Cuidemos la naturaleza que nos fue dada y
todo lo que hay en ella y cuidemos al ser humano con todo lo que ello implica.
Para esto último debería ser suficiente
(aunque la historia, hasta el día de hoy, en los hechos registre lo contrario)
con la máxima del gran sabio judío Hillel:
«No le hagas a los demás lo que no
quisieras que te hagan a tí…»
Si el mundo cumpliera aunque más no sea con
este mandato, solamente con éste…
Shana Tová. Gmar vejatima tová.
Año nuevo: ¿vida nueva?
12/Sep/2018
Por Lic. Rafael Winter (Rufo)