17-7-2011 ¿Llegó el momento del cambio? El favorito para ganar las elecciones en Egipto presidió de 1991 a 2001 la Liga Árabe Es un ferviente crítico de Israel y en su momento respaldó a Hosni Mubarak
EL CAIRO | NEWSWEEK
A primera vista, Amr Moussa parecería tener escasa esperanza de triunfar en las próximas presidenciales de Egipto, la primera contienda realmente libre en la historia moderna del país para acceder a ese cargo.
No faltan candidatos para liderar al país y ninguno tiene más cercana identificación con la odiada dictadura de Hosni Mubarak que Moussa. Se desempeñó como ministro de Relaciones Exteriores de Mubarak entre 1991 y 2001 y ha transcurrido la última década como jefe de la Liga Árabe, que es esencialmente una asociación de autócratas del Medio Oriente como lo fue Mubarak hasta su derrocamiento a comienzos de este año.
Sin embargo, con la votación fijada para noviembre, Moussa es quien lidera las preferencias. Al obtener el apoyo de una gama de grupos dispares, le lleva amplia ventaja a su principal desafiante, Mohamed ElBaradei, aunque éste es el gran favorito entre los manifestantes contrarios a Mubarak que desbordaron la Plaza Tahrir, de El Cairo, durante el último invierno. Más que nada, buscaron un quiebre total de las políticas del régimen que gobernó a Egipto durante tres décadas de represión y mala administración. Eso significa un quiebre de personajes como Amr Moussa.
¿Cuál es su secreto? Muchas personas admiran su porte señorial, y la manera cómo se expresa, pero eso es solo parte de la explicación. Lo que más les encanta a quienes le apoyan son sus resonantes diatribas contra Israel.
Al hablar con Newsweek en su oficina de la Liga Árabe que tiene vista a la Plaza Tahrir, no mantuvo en secreto su ira contra Israel. «El proceso de paz se ha convertido en mala palabra, debido a que descubrimos que era solo un truco (israelí) para continuar hablando y aparecer ante cámaras… pero no tiene sustancia. No participaremos más de un proceso similar».
Israel ha sido un tema a lo largo de gran parte de la vida profesional de Moussa. Diplomático de carrera, fue un protegido del ministro de Relaciones Exteriores de Egipto en la década de los `70, Ismail Fahmy. Cuando el presidente Anwar Sadat hizo la histórica visita a Jerusalén en 1977, Fahmy renunció al cargo, argumentando que la apertura le costaría a Egipto su posición de liderazgo en el mundo árabe. Moussa, quien en ese entonces tenía 41 años, rompió con Fahmy y eventualmente se incorporó al equipo que ayudó a redactar el tratado de paz entre los países.
El acuerdo devolvió la Península del Sinaí a Egipto, aunque tal como había advertido Fahmy, hizo añicos la estatura de Egipto entre los árabes. En el momento en que Moussa fue designado ministro de Relaciones Exteriores, la construcción de asentamientos por parte de Israel en Cisjordania y Gaza y las negociaciones estancadas con los palestinos, habían minado el acercamiento.
Moussa se convirtió en uno de los implacables detractores de Israel en Egipto. Confrontó a los israelíes en conferencias y los atacó en entrevistas por televisión. Sus diatribas hasta fueron tema de una canción exitosa, «Odio a Israel», que interpretó el cantante egipcio Shaaban Abdel Rahim, en 2000. Después de repetir el estribillo numerosas veces, el cantante agrega: «Pero amo a Mar Moussa». Moussa dijo que conoció a Abdel Rahim hace algunos años en una fiesta con motivo de una boda, en la que el cantante actuaba. Abdel Rahim le dijo que la parte referida a Moussa había provocado los celos de Mubarak. Con la finalidad de evitarse problemas, el cantante mezcló una nueva versión, en la que el novel motivo de su amor era Mubarak. Moussa dijo con placer malicioso que la versión original convirtió a Abdel Rahim en millonario, mientras la versión sobre Mubarak casi no se vendió.
Nagui El-Ghatrifi, quien se desempeñó como vocero de Moussa durante cuatro años en el Ministerio de Relaciones Exteriores, dijo que la ira de su antiguo jefe contra Israel es genuina. De cualquier manera, Moussa parece tener clara noción de la respuesta del público a sus estallidos. Una encuesta realizada por el Pew Reaserch Center de Estados Unidos, en abril último, dos meses después de la revolución, reveló que el 54% de los egipcios era partidario de anular el acuerdo de paz con Israel, contra el 36% que quería mantenerlo. El resto estaba indeciso. Un diplomático occidental que conoció a Moussa mientras prestaba servicios en la región, lo plantea en términos bruscos: «La fuente de su popularidad deriva casi totalmente de su imagen de nacionalista árabe que es muy crítico de Israel».
DUALIDAD. Pese a ello, Moussa descarta la idea de abolir el tratado. «Diré dos cosas: la primera es que no vamos a derogar el tratado. La segunda es que queremos reconstruir el país y reconstruirlo necesariamente significa que no seguiremos una política aventurera», manifiesta el candidato.
Al margen de su desagrado de muchos años por Israel, la trayectoria política de Moussa es, en el mejor de los casos, ambigua. Insiste en señalar que, con frecuencia, criticó al régimen al que sirvió, al extremo que Mubarak y él tuvieron desavenencias. «Las relaciones entre nosotros se hicieron muy tensas, hasta en el plano personal», dijo Moussa.
Sin embargo, resulta difícil encontrar pruebas de esfuerzos hacia reformas en serio. En una entrevista en un canal de televisión local, hace un año, prometió apoyar a Mubarak: «Mientras el presidente Mubarak se postule en las elecciones -lo conozco bien y sé como maneja las cosas- lo votaré», afirmó.
Moussa estaba camino del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, cuando estallaron las protestas en Egipto, en enero. A medida que los disturbios crecieron, se retiró de la conferencia y viajó de retorno a El Cairo. Desde su oficina de la Liga Árabe, y mientras miraba a cientos de miles de egipcios que colmaban la Plaza Tahrir, dice que llamó por teléfono al presidente Mubarak. «Le dije: `Señor Presidente, esta es una revolución`… Le imploré para que no se derramara sangre. `Usted debe escuchar lo que dicen y no derramar sangre`». Debido a que Mubarak está bajo arresto domiciliario e inaccesible para los periodistas, resulta imposible verificar esa historia.
INDECISOS. Bajo Mubarak, nunca se permitió realizar encuestas políticas, pero la empresa internacional de investigaciones Ipsos está recuperando décadas perdidas. Su última encuesta, en junio, mostró a Moussa liderando al pelotón con 25% de la intención de voto contra 5% de ElBaradei y cifras aún menores para el resto. Pero, la línea de tendencia de Moussa es menos animada: el apoyo que recibe ha declinado de manera sostenida desde el 40% que tenía en marzo. El formidable porcentaje de indecisos -57% en junio- significa que la carrera todavía está abierta.
De cualquier manera, Moussa encabeza la nómina de candidatos por reconocimiento a su nombre y busca atraer el voto islamista. Realmente, es posible que triunfe. Después de las revoluciones de 1989 en el Este de Europa, más de un dirigente comunista cambió de imagen, se presentó como un reformista y ganó un cargo. El experto en ciencias políticas de la Universidad de California en Berkeley, Steven Fish, quien estudia las sociedades pos revoluciones, considera que Moussa podría hacer lo mismo.
¿Los manifestantes que derrocaron al régimen de Mubarak, podrán vivir con él? ¿Renunciarán a la democracia si Moussa es elegido?
En cada mapa que hay en los vagones y estaciones de El Cairo, había sido rasgado el nombre de una estación. Basta preguntarle a un ciudadano egipcio para tener conocimiento que la estación se denominaba Mubarak. Ahora está siendo cambiado por «Shuhada» que significa «Mártires». Los egipcios parecen decididos.
Amr Moussa, un anti-israelí a punto de gobernar Egipto
19/Jul/2011
El País