A 21 años del atentado a la AMIA y a 6 meses
de la muerte, que no fue aclarada, del fiscal Alberto Nisman siguen los climas
enrarecidos, las disputas entre distintos sectores que dicen representar a las
víctimas, las chicanas políticas, la adhesiones o los rechazos al Gobierno
kirchnerista, como si todo eso fuera el foco principal de la gran cuestión.
Pocos se ponen de acuerdo en qué hacer frente a los hechos, que reflejan
impunidad, arbitrariedad y hasta sadismo desde el poder, desde la Justicia y
desde las fuerzas de seguridad que participaron en su momento.
Es increíble, pero este viernes se escucharon
muchos oradores y muchas posiciones discordantes. Quizás sea el eco de la
impotencia. Porque el Estado no ha podido revelar ni investigar como es debido
un atentado que no solo mató a argentinos de religión judía. Porque miles de
pruebas se perdieron. Porque hubo corrupción para tapar responsabilidades.
Porque la Justicia mostró una patética desidia. Porque los poderes públicos no
quisieron o no supieron correr la cortina para encontrar las huellas que
dejaron los asesinos.
Paralelamente, desde Casa Rosada
especialmente, se embarró la investigación sobre la muerte sospechosa de un
fiscal que iba a poner al desnudo en pocas horas al poder para mostrar
evidencias mentirosas en sus acuerdos internacionales. Se lo denostó a Nisman
de mil maneras. Se trazaron sospechas inverosímiles sobre su vida privada, se
ensució de maneras espurias la investigación y las pruebas de su final.
Sobre el atentado a la AMIA, ¿tomó conciencia
la sociedad que se trató de un ataque contra todos, no solo contra una
comunidad? ¿O sigue siendo un drama que daña solamente a los judíos, como
algunas voces sesgadas aseguran? Si fuera solo contra los judíos, se trataría
de un acto de brutalidad antisemita impactante en el plano internacional,
asombroso. Con graves repercusiones. Israel y Estados Unidos también insisten
que aquí hubo decisiones iraníes, voluntad iraní y, por supuesto, ayuda
especial de argentinos. Otros consideran que algunas pistas que involucraban al
grupo terrorista Hezbollah en una acción de venganza, siempre con respaldo de
expertos o voluntarios locales, se borraron, se esfumaron en el camino del
aluvión de evidencias que no fueron organizadas ni cuidadas como merecían.
Se trata de 21 años y 6 meses de incógnitas.
¿Quién, cómo, de qué manera, bajo el amparo de qué poder pudieron ocurrir estos
desastres? En el transcurso del tiempo algunos sostuvieron que se trataba de un
castigo al Gobierno de Carlos Menem por su adhesión militar a la invasión de
Irak. Una hipótesis muy vagarosa. Lo único cierto es que hubo mano de obra que
no solo fue extranjera. Esto es importantísimo. ¿Fue la policía o ciertos
policías que prestaron ayuda a los asesinos? ¿Fueron sicarios pagados para
cumplir esa maldad?
La dirección de las instituciones claves del
judaísmo en el país adhirió a las revelaciones israelíes. Y con el pasar del
tiempo mantuvieron disidencias, presiones y exigencias a Gobiernos que nunca
tuvieron respuesta alguna. Los funcionarios iban y venían en los recordatorios.
O buscaban el aplauso o temían las rechiflas.
Como si fuera poco lo vivido, la Presidente se
ha parapetado detrás de Twitter y lanza aseveraciones que huelen a un feo
antisemitismo. Como considerar afinidades de la dirigencia de la comunidad con
los fondos buitre. O definir a alguien como “judío, también ciudadano
argentino”. Un desdoblamiento que siempre utilizaron los doctrinarios
antijudíos en la Argentina y en el mundo. Que significa no comprender que todos
son argentinos, ligados a determinada religión, o no. De lo contrario, se los
embolsa como extranjeros, como no integrantes de la misma sociedad en la que
habitamos todos.
AMIA y Nisman: impunidad y sadismo
21/Jul/2015
Infobae, Por: Daniel Muchnik