Aclaraciones sobre el secuestro

17/Jun/2014

Montevideo Portal, por Ana Jerozolimski

Aclaraciones sobre el secuestro

El jueves por la noche, parece haberse cruzado otra línea
roja en las conflictivas reglas de juego entre Israel y los palestinos. Por
primera vez, en lo que los palestinos presentan como una lucha para recuperar a
sus presos de cárceles israelíes, fueron secuestrados tres jovencitos, dos de
ellos adolescentes de 16 años y el tercero de 19, al parecer cuando se hallaban
en camino de la «yeshiva» (instituto de estudios religiosos
superiores) en la que son alumnos, hacia sus respectivas casas.

El secuestro fue cerca del cruce carretero de Gush Etzion,
al sur de Belén, cerca de Jerusalem, en Cisjordania. Dos de los chicos viven en
el centro de Israel y uno de ellos, en un asentamiento cercano a Ramallah.

La práctica del secuestro no es nueva. Secuestros ya hubo
varios y no comenzaron con el muy conocido caso del soldado Guilad Shalit, que
estuvo cinco años cautivo en manos de Hamas en la Franja de Gaza y volvió vivo
a su hogar. Casi siempre, fueron acciones contra soldados, que en la enorme
mayoría de los casos, fueron asesinados apenas se les raptó o poco después.
También hubo secuestros de civiles, nunca tan jóvenes. El último que volvió con
vida fue en el 2003.

El año pasado fueron aproximadamente 40 los intentos de
secuestro de soldados y civiles de diferentes edades, por parte de diferentes
organizaciones terroristas. En lo que va de este año, han sido casi 20 los
intentos, frustrados a tiempo por las fuerzas de seguridad -a veces en base a
información proporcionada por los propios servicios de seguridad palestinos- o
por la alerta de las víctimas potenciales que lograron huir antes de lo peor.

El éxito de Hamas en lograr la liberación de 1027 presos palestinos
a cambio de Guilad Shalit, en octubre del 2011, quedó grabado en la memoria
nacional palestina como un hito a ser imitado, como una victoria. Y en la
dinámica interna palestina, el secuestro de israelíes es un arma legítima para
excarcelar a los presos. Mientras la huelga de hambre de numerosos presos está
por entrar en su tercer mes, el trasfondo de reivindicaciones al respecto, de
parte palestina, no hace más que cobrar fuerza.

Sin olvidar lo que puede sentir una familia palestina
cualquiera cuyo padre o hijo está preso, tampoco podemos pasar por alto algunas
aclaraciones al respecto.

Los presos palestinos no son presos políticos encarcelados
por sus ideas, sino por su rol en atentados. Si bien es más que legítimo
discutir el procedimiento de la así llamada «detención
administrativa» -sin juicio ordenado- que detonó la mencionada huelga de
hambre, es oportuno recordar que nadie es condenado por sus ideas sino por sus
acciones. Y la enorme mayoría no son presos «administrativos» sino
que fueron condenados y sentenciados tras un juicio formal.

Y los presos más emblemáticos, cuya liberación exigen Hamas
y otros grupos con especial insistencia, son responsables, cada uno de ellos,
de la muerte de decenas de civiles israelíes -hombres, mujeres y niños- en
cruentos atentados en cafés, ómnibus y otros lugares públicos.

Es importante recordarlo cuando hay quien da a entender que
los palestinos no tienen «más remedio» que recurrir a prácticas
supuestamente «desesperadas» para recuperar a sus presos.

También es relevante recordar que no pocos de los liberados
en el marco de intercambios entre Israel y los palestinos, vuelven al
terrorismo. Hoy en día, según estiman los servicios de seguridad en Israel, las
instrucciones claves a las células de Hamas que intentan operar en Cisjordania
-donde les es más difícil, por la presencia cercana de Israel y por la
coordinación de seguridad entre Israel y la Autoridad Palestina- llegan de
Gaza, de las figuras que recuperaron su libertad en el 2011 con la liberación
de Shalit, a los que Israel no permitió volver a Cisjordania.

Varios de los atentados cometidos por quienes hoy están
encarcelados en Israel, fueron en años de proceso de paz, de negociaciones. Y
si bien está claro que el estancamiento en las negociaciones no hace bien a
nadie, difícilmente se puede atribuir el secuestro de los tres jovencitos, como
alega Fares Kadura de Al Fatah, a la interrupción de negociaciones. Hamas ha
desplegado siempre denodados esfuerzos por arruinar intentos de acercamiento
entre las partes, condenando negociaciones como opción de relacionamiento con
Israel.

Es un error clave, de fondo, presentar las acciones de los
terroristas como actos de pobres desesperados. Son actos motivados por el odio,
la intransigencia y la oposición a la existencia misma de Israel, no a tales o
cuales fronteras ni a tal o cual gobierno de turno. Los atentados fueron
cometidos también cuando en el poder había gobiernos declaradamente favorables
a retiradas y concesiones territoriales.

El propio Hamas no lo oculta, ni siquiera cuando la
Autoridad Palestina alega que el nuevo gobierno de unidad recién formado,
defenderá la opción de la paz.

Husam Badran, uno de los voceros de Hamas en Gaza, exhortó a
través de Facebook a los palestinos en Cisjordania a lanzar una nueva intifada.
Al mismo tiempo fue difundido un video en el que al son de estallidos y
disparos constantes de fondo, inclusive con leyendas en hebreo, se exhorta a
intensificar los ataques contra Israel. Se marca la ubicación de los
asentamientos como blanco especial, pero también se destaca los disparos de cohetes
desde Gaza hacia todo el sur de Israel. Y el «broche de oro», un
hombre con uniforme tipo camuflage, aparece haciendo el saludo nazi con el
brazo estirado.

Pero el problema de fondo, a nuestro criterio, va más allá
de la actitud de las organizaciones terroristas. El problema es que cuando se
confirmaron las informaciones sobre el secuestro de tres jovencitos,
estudiantes en la Universidad de Bir Zeit repartieron dulces y caramelos en
señal de celebración. También lo hicieron civiles comunes en la Franja de Gaza,
la misma Gaza de la cual el ejército israelí se retiró en setiembre del 2005 y
en la cual no hay desde entonces ni un soldado israelí, lo cual no puso fin a
los disparos de cohetes, sino que al contrario, los intensificó. En lo que va
del año, más de 200 cohetes fueron disparados desde esa Gaza hacia Israel.
También en la noche del domingo, cuatro fueron lanzados hacia la ciudad israelí
de Ashkelon. Dos de ellos fueron interceptados por la bataría anti misiles
«Cúpula de hierro».

«Enviamos nuestras felicitaciones a los osados
combatientes de Hebron», fue uno de los comentarios que un palestino de
Gaza colocó en las redes sociales.

Recientemente, Emily Davies del periódico británico
«The Daily Mail» publicó una nota sobre un campamento de verano para
niños palestinos de entre 6 y 16 años en la Franja de Gaza, en el que los
entrenan para combate, secuestros y atentados. No podemos reproducir las fotos
que allí aparecen, ya que no nos pertenecen, pero es posible encontrar la nota
fácilmente en la web escribiendo «Gaza summer camp-Daily Mail» o
combinaciones similares.

Que Hamas quiera reclutar a esos 10.000 niños a lo que la
autora de la nota llama «campamento siniestro», no debe
sorprendernos. Pero que haya padres dispuestos a enviarlos, sí, claro que sí.
Se ve a los niños con armas, algunas más grandes que ellos mismos, pasando
debajo de alambre de púa, saltando sobre el fuego y disparando. Visten
uniformes negros con el slogan del campamento, en árabe, y un logo con dos
puños, dos rifles y un mapa de la Franja de Gaza. Al entrenamiento físico se
agregan clases de Islam.

Y a todo esto se suma una nota muy actual, inspirada en el
Mundial de fútbol en Brasil.

Basándose en el conocido logo del mundial, el periódico Al
Hayyat al Jadida, órgano de la Autoridad Palestina, publicó una caricatura que
celebra el secuestro de los tres jovencitos israelíes, mostrando a una especie
de trofeo formado por tres manos que sostienen a tres personas que levantan sus
brazos en señal de rendición. En lugar de la palabra «Brasil» que
está en el logo de la Copa del Mundo, aparece la palabra «Khalil»,
que significa Hebron, donde fue planeado el secuestro y cerca de la cual fue
perpetrado.

Las palabras que lo expliquen, creemos, están de más.