Reproducimos textualmente el artículo escrito en el Semanario Hebreo pocos días después de su desaparición física (5 de setiembre de 1997)El justo como la palma florecerá. (Salmos 92:12)“Los justos entre las naciones del mundo son considerados dignos de participar en la vida del mundo venidero”.Así dice una antigua sentencia de nuestros grandes sabios, la que aparece en distintas fuentes. Sin duda que esta frase es más que apropiada para la enorme personalidad que significó la Madre Teresa de Calcuta. Por quien he tenido profunda admiración.Por encima de credos y religiones; por encima de culturas y tradiciones; más allá de países y naciones, la Madre Teresa de Calcuta ha sido de esas luminarias que aparecen de tanto en la historia de la humanidad y seguramente una de las más singulares de este siglo que se acaba. “Alargó su mano al pobre, y extendió sus manos al menesteroso”. Así dice en nuestros Proverbios bíblicos (Proverbios 31.20). Ayudar al pobre es un mandato divino y humano. ¿Qué se puede decir entonces de quien ayudó a los más pobres de entre los pobres? ¿Qué se puede decir de quien ayudó a vivir y morir con dignidad a hambrientos, minusválidos, ciegos, enfermos de SIDA, desamparados, leprosos y carenciados de todo tipo?. Dondequiera los necesitados precisaban consuelo, allí se encontraba esta diminuta-gran mujer.Mientras otros discutían sobre las causas de la pobreza –teorizar y discutir es más fácil que hacer- ella actuaba y practicaba la ayuda social. Como dice en Pirkei Avot (Capítulo de los Padres 1:17) “lo principal no es la teoría sino la práctica”.Mientras muchos buscaban y buscan la razón de la pobreza y del hambre, la Madre Teresa ofrecía su solidaridad, calidez y le daba a los indigentes de comer…En su último adiós fue acompañada por ricos y pobres; príncipes y mendigos; reyes, estadistas, hambrientos y humildes. La acompañó también gente de distintas religiones pues la Madre Teresa –católica devota- ayudó a los necesitados más allá del origen y religión de los mismos. Se le despidió de este mundo con un funeral digno de un jefe de estado. Dicen nuestros Salmos: “El Justo como la palma florecerá”.En las villas miserias de Calcuta hubo una llama brillante y luminosa de la cual emanaba dicha y felicidad. Una persona buena, justa, que ¡vaya si floreció!Me viene en estos momentos a la memoria el hermoso cuento de nuestro gran escritor Itzjok L. Peretz. Cuando en el mismo se preguntaba acerca del rabino que en época de Slijot (oraciones de perdón que se dicen en el mes de Elul) ayudaba a la anciana -incluso en detrimento de sus “obligaciones” sinagogales- cuando en el cuento se pregunta si “¿el rabino se encuentra en el cielo?”, la respuesta que no se hace esperar es: “Quizá más alto aún…” Que la Madre Teresa descanse en paz.
A 15 años de su fallecimiento, El homenaje a la Madre Teresa de Calcuta
11/Sep/2012
Lic. Rafael Winter (Rufo), Semanario Hebreo