“Siempre luché y lo tengo como norte en mi vida. Era una necesidad que nuestro pueblo tuviera su propio territorio, como los demás pueblos”

18/Oct/2013

Por Lic. Ruth Roizner Selanikio

“Siempre luché y lo tengo como norte en mi vida. Era una necesidad que nuestro pueblo tuviera su propio territorio, como los demás pueblos”

Entrevista a Nelson Canias
Por Lic. Ruth Roizner Selanikio
¿De dónde provienen tus abuelos? ¿Y tus padres?
Todos de Turquía. En el año 1962 se casan papá y mamá en la Kehilá de Montevideo.
¿A qué escuela concurriste?
A la escuela Portugal de Segundo Grado Nº65.
¿Cómo has vivido tu niñez en el barrio de Ciudad Vieja?
Sensacional. La verdad es que únicamente tengo recuerdos gratos. La Ciudad Vieja era un gueto judío. En Colón entre Buenos Aires y Reconquista se juntaba toda la judería, porque a la vuelta estaba la gran sinagoga, en la calle Buenos Aires 329. En la esquina de Colón y Buenos Aires estaba Don Scapa (era el nombre de una confitería), que hacía todo lo que ahora vemos hacer a Polo: kadaif, travados, boios, etc. Además existía “algo” que ahora no se hace más, unas tacitas de color marrón en las que se preparaba un yogurt casero riquísimo. Todas las mañanas venía el “Yogurslí” (así se llamaba a quien vendía el yogurt), y le traía yogurt a mi papá. Al mediodía salíamos de la escuela e íbamos a almorzar y luego a un part-time (medio horario) de Talmud Torá, en la sinagoga mayor de la calle Buenos Aires. Era impresionante la cantidad de gente que iba. En las fiestas grandes como RoshHashaná y Iom Kipur concurríamos a la calle Buenos Aires, a la B`nei B`rith, y hasta a los cines (que los alquilábamos enteros, con capacidad de 500 almas). En esa época el Dr. Supremo era el rabino y hazán Isaac Agase dorado de una voz magnífica y director del Talmud Torá. Teníamos distintos morim (maestros), entre ellos Victoria que nos enseñaba hebreo y Hazán que enseñaba tradición. En la clase recuerdo que había un cuadro grande, muy lindo, llamado el cuadro de honor. Y mes a mes incluían a diferentes personas de la colectividad en él, y realmente era un honor poder estar en ese cuadro. Cuando volvíamos a casa, lo primero que hacíamos era aflojarnos la túnica y hacer los deberes. Los hacíamos con “cucharita” (una especie de lapicera que terminaba con una pluma al final), que se mojaba en tinta, y en el apuro por salir siempre se caía una gotita, y se “enchulaba” la tarea. Cuando terminábamos, mi madre siempre me tenía pronto el sándwich de queso y dulce de membrillo. Después salíamos a disfrutar del “bochinche” de la tarde, que estaba dividido a buen criterio de todos nosotros. Había lo que se llamaba “los tiempos”: tiempo de la rayuela, tiempo de la bolita, tiempo del balero, tiempo de la figurita, tiempo de la hermana, y así con todo. Es decir que uno ya sabía que tiempo venía, por ejemplo el de bolitas y ya salía con ellas.
Te has dedicado gran parte de tu vida a la dirigencia comunitaria, ¿qué recuerdos tienes de esa época?
Desde muy joven pertenecía a los directivos de la comunidad, y era difícil entrar a dirigir con el ambiente de aquella época, donde estaba la primera generación de inmigrantes de Grecia y Turquía. Sin embargo entre la década de 1930-1940 traté de relacionarme con la directiva de la comunidad, y a mis 32 años fui miembro de la Comisión Directiva de la Comunidad, fui el primer joven que entró en la directiva. En octubre de 1972, nos reunimos en la ciudad de Colonia a instancias del Sheliaj (líder) Nissim Farji con gente de Brasil, Chile y Argentina. Al poco tiempo, hubo un Congreso Latinoamericano con el Congreso Judío Mundial y la Relación Sionista Mundial. La reunión se llevo a cabo en Lima, y fue mediante Nissim que pudimos ir a Lima. Una vez allí, fundamos la Federación Sefaradí Latinoamericana por primera vez en la historia. En 1973 asumo como Presidente de FESELA. Mi misión era intentar unir a América Latina. Durante un mes y medio recorrí diferentes países como Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela y Brasil. Por ejemplo en México me daban un teatro para que yo pudiera hablar. Mi misión fue unir y se logró, llegamos a ser trece países. Y hoy por hoy hace ya 40 años de la fundación de FESELA (27 de octubre de 1972). Toco el techo con las manos de tanta alegría. Fue una oportunidad el haber sido Presidente de la CISU y Presidente de FESELA a la vez. De nuestra comunidad fui tres veces presidente. Y en FESELA establecimos que no fuera dos veces presidente la misma persona, así siempre son nuevos.
¿Y qué has aprendido de ella?
Que si hay gente que se dedique, que organice planes, y el mismo este imbuido y metido en la cosa, la gente que viene junto a él se mete junto y da una mano y emerge victorioso junto a los anteriores dirigentes. O sea, hay que motivar a la juventud y a la mediana edad para que ellos también estén mezclados metidos imbuidos de la necesidad de la tarea de realizaciones judío sionistas para que se siga adelante el logro de los objetivos trazados.
¿Has conocido la tierra de tus abuelos/padres?
Si, fui a Turquía hace unos diez años, especialmente a la ciudad pequeña de Tiria donde nació y vivió papá. Allí eran todos religiosos, por una razón muy sencilla y pintoresca, cuando iban a trabajar decían Shajarit (la oración de la mañana) y al volver Minjá (la oración de la tarde). Estando allí preguntamos si conocían a Isaac Cañas, mi abuelo. Y decían no, si, no, no…uno parece que lo conoció. Cuando nos estábamos yendo vino corriendo un hombre y me trajo una bolsa grande, con higos grandes, selectos. ¿Sabes cómo seleccionar los turcos a los higos? Trabajan en grandes extensiones como sótanos, donde están las mujeres turcas sentadas de negro y van seleccionando por tamaños.
¿Qué mensaje te gustaría darles a las futuras generaciones?
El mensaje que les quiero dejar es que el hombre fue creado para hacer el bien, y esa creación hay que ponerla en evidencia. Hay que intentar dentro de lo posible, aunque sea muy difícil porque tenemos un egoísmo nato. Lograr comprender la razón de nuestra existencia nos va a permitir entender que estamos acá para hacer el bien. Este mundo tiene connotaciones específicas que debemos destruir para construir un mundo mejor.
¿Numero de la suerte?
El 7
¿Un libro?
Sefer Ietzirá, Libro de la creación, cabalístico
¿Un recuerdo?
Una vez tenía 5 años y me mudaba y al otro día quería caramelos y mi hermano se tenía una basurita en el ojo y no me pudo acompañar y salí solo. Y me perdí.
¿Una convicción?
Siempre luché y lo tengo como norte en mi vida. Era una necesidad que nuestro pueblo tuviera su propio territorio, como los demás pueblos. Pero ser ejemplos al mundo de lo que debe ser un pueblo en su tierra. Para eso es que el pueblo hebreo debe estar en su tierra.
¿Una película?
Me gustan mucho las películas musicales, por ejemplo Mammy de Al Jonson y Cheeck to cheeck de Fred Astaire como bailarín, no hay otro. En cualquier fiesta, reunión o Shabat salía yo cantando “Mammy, The sun shines east, the sun shines west, I know where the sun shines best…”
¿Una pasión?
En este momento el estudio de la parte esotérica de la vida. Yo considero que hay dos elementos que componen la unidad de vida: una física y otra espiritual. Y estoy en este momento más embarcado en acentuar la espiritual.
¿Una melodía?
El tango “El día que me quieras” de Carlos Gardel. Me gusta lo sentimental, la entrega de uno hacia otro, como dice el tema: dame tus manos, ven toma las mías, que te voy a confiar, las ansias mías”. Deja huellas permanentes en mí y me hace vivir de una forma linda.
¿Una palabra?
Shalom
¿Un aroma?
Un perfume de Channel
¿Un sabor?
La mostaza
¿Algo que quieras añadir?
Bueno, muchas gracias por darme la oportunidad de expresar algunos conceptos que para mí son muy valiosos. Y muy amable la visita tuya Ruth. Nos da la posibilidad de mostrar lo que realmente uno siente frente al mundo que lo rodea y decir aunque sea de forma muy pequeña los sentimientos que coadyuvan a relacionar los acontecimientos que día a día juegan con nosotros.
Muy amable.