Embajador

14/Oct/2013

El País, Uruguay, Pablo Cayafa

Embajador

Por Pablo Cayafa
Ángel Bonanni es un embajador uruguayo en el mundo. Fue futbolista, modelo, cantante y actor por varios rincones del planeta.
Hoy, con una carrera artística consolidada en Israel, quiere regresar al Río de la Plata. El primer paso firme de este nuevo camino fue la incursión en Solamente Vos, donde se puso en la piel de un chef que enamoró al personaje de su compatriota Natalia Oreiro. «Quiero volver para hacer cine en Uruguay», afirma el multifacético uruguayo.
Una cita bíblica sostiene que nadie es profeta en su tierra. El uruguayo Ángel Bonanni quiere desafiar esa creencia popular y cumplir sus metas profesionales también en su país natal. Después de haber triunfado en Europa e Israel, el artista busca regresar al Río de la Plata para hacer cine y televisión. El primer paso está dado: participó de Solamente Vos, donde se puso en la piel de Boris, un chef que le robó el corazón al personaje de su compatriota, Natalia Oreiro.
Bonanni nació en Ciudad Vieja, pero vivió allí muy poco tiempo. A los seis meses se mudó a Australia y regresó a Montevideo a los cinco años. Pero nuevamente la estadía en su país le duró poco. A los 11 se instaló en Israel y volvió a los 17. Pasó parte de su juventud en Uruguay, donde se inició como modelo, pero luego partió rumbo a buscar nuevos horizontes profesionales en otras partes del planeta. «Empecé a andar por el mundo haciendo lo que me gusta, en su momento no había mucho para hacer acá», recuerda.
Siempre quiso ser actor, y así probó suerte en Nueva York y París pero comenzó a consolidarse como artista en Israel. Allí avanzó en su carrera a partir de varios papeles en cine y televisión. También en este país conformó el dúo musical de folk americano Passport, que mantiene hasta el día de hoy. En su último protagónico en cine, combinó su interés por la música con el del séptimo arte al ponerse también al frente de la banda sonora de Rock the casbah, cinta premiada en diversos festivales.
¿Pero cómo llegó el inquieto artista a la tira que lidera las noches de la televisión rioplatense? «Fue a través de Natalia Oreiro», explica. La actriz recibió un reel de su compatriota a través de Diego Damasco, representante de Bonanni por la agencia Valentino Bookings. Ella se lo alcanzó a Adrián Suar (protagonista y productor general de la tira), y tras aprobarlo, recibió al poco tiempo al uruguayo en los estudios de Pol-ka para sumarlo a Solamente Vos. «La idea era introducirme al mercado argentino y latino. Ellos no me conocían más que en el material que había enviado. Tuvimos una reunión que fue interesante para todos, y vine para acá específicamente para este trabajo», resume. Y evalúa: «Creo que el resultado fue bueno, y quedaron las puertas abiertas para un proyecto a corto plazo. Fueron muy generosos en darme esta oportunidad».
-¿Trabajar en el Río de la Plata era una asignatura pendiente?
-Sí, por supuesto. Hace tiempo que quería trabajar en español, que es mi lengua madre. Me interesaba tener proyectos en América Latina, sobre todo en Argentina y Uruguay. Como en Argentina hay más producción, son más las posibilidades.
-¿Costó adaptarse a la televisión argentina?
-Lo que me costó más fue adaptarme a su ritmo de trabajo. Es muy veloz y el tono muy alto. Se hacen 10 o 12 escenas por día a una velocidad muy rápida, es una toma tras otra. Yo venía de hacer cine, donde se hacen dos escenas por día, y cada una se hace siete veces. Al ser nuevo, uno siempre quiere hacer las cosas bien y no desentonar.
-¿Cómo fue la relación con Natalia Oreiro al trabajar juntos?
-Ella es divina y humilde. Primero por haber hecho la gestión. Hay mucha gente que dice «no te preocupes que yo te ayudo», y después no lo hacen. Ella fue gentil en decir «me gustó, lo paso». Así surgió. Nos llevamos muy bien desde el principio, además de que los dos somos uruguayos. La pasamos muy bien, nos divertimos. Lo mismo con Adrián (Suar) que es muy generoso y un actor increíble. Entablamos una linda relación. Todos me ayudaron mucho.
-¿Cómo fue la escena del beso con ella?
-Normal, profesional. Los dos somos actores. Lo lindo fue que no sentimos nada raro, salió naturalmente. Nos besamos, cortamos y seguimos hablando de la próxima escena.
-¿Cuáles fueron los comentarios que te llegaron por tu participación?
-Fueron un montón. El público argentino es muy efusivo. Tres días después de que saliera el primer capítulo mío, la gente en la calle ya me hacía comentarios sobre el personaje. Cuando pasaron los días, la gente me fue conociendo más. Me aprecian el trabajo y me dicen cosas lindas de una forma muy respetuosa. En Uruguay, mis amigos están contentos y orgullosos.
Futuro
Tras rodar sus escenas en Buenos Aires, Bonanni se tomó unas vacaciones en Uruguay. Conoció Colonia junto a su novia que lo acompañó desde Israel, y pasó varios días entre amigos y asados. Por lo pronto, lo espera Israel con nuevos proyectos. Pero está convencido de querer «abrir el mercado» y volver a actuar en breve en Latinoamérica.
Una de sus mayores aspiraciones es integrar el elenco de una película uruguaya. «En los últimos años vi varias que se hicieron en Uruguay y estamos tratando de llevar mi camino para ese lado», puntualiza. «Me interesa por lo artístico, el cine acá no se hace por lo económico». Whisky, Acné y Gigante fueron algunas de las producciones locales recientes que le gustaron más.
Bonanni explica que «su base» cuando no está de viaje es junto a su novia y su familia cercana en Israel. Sin embargo, los más de 12.000 kilómetros de distancia no lo separan de la costumbre de organizar varios asados con amigos, o escuchar La vela puerca y No te va a gustar.
Pero si de nacionalismos se trata, el uruguayo instalado en Israel es un apasionado por el fútbol (llegó incluso a jugar profesionalmente en Holanda). Se define como «un loco, un enfermo» por Peñarol y por la Selección Uruguaya. «En el Mundial me quería matar por no estar acá, ¡me quería matar!», memora.
El actor ya comenzó la aventura de intentar triunfar en las tierras que lo vieron nacer. Si llega a buen puerto, en el próximo Mundial no lamentará no estar en su país, sino que podrá gritar los goles de la Selección desde suelo celeste.