«El día 15 del séptimo mes, cuando recolectéis la cosecha de la tierra, celebraréis la fiesta del Eterno por un lapso de siete días…»(Levítico 23:39)
Este miércoles 18 de setiembre a la noche-por fecha hebrea el 15 del mes de Tishrei-cuando aparezcan las primeras estrellas en el firmamento, comienza la festividad de Sucot: la «fiesta de las cabañas».
De acuerdo a la Tora, Sucot se celebra durante siete días.
Es la tercera de las festividades así llamadas «de peregrinación» (las otras dos son Pesaj y Shavuot)durante las cuales – antiguamente, en la época en la que existía el Templo de Jerusalem – se acostumbraba ir a dicho sagrado lugar a depositar una ofrenda.
Como lo expresa la fuente arriba citada, Sucot posee un carácter agrícola. Es Jag Haasif, festividad de la recolección. Algunas de las festividades que la Tora menciona – las tres de peregrinación- tenían también un aspecto agrícola señalado.
No obstante, Sucot es especialmente celebrada por razones históricas. Rememora la travesía de cuarenta años del pueblo hebreo por el desierto, desde que fue liberado de Egipto (Pesaj) hasta que arribó a la Tierra Prometida.
A lo largo de todo ese tiempo el pueblo de Israel-ya muy numeroso de acuerdo a las fuentes – pasó por situaciones límites, decisivas. Buenas y malas.
Recibió la Tora, en lo que constituyó el hito principal; presenció y participó de milagros; tuvo que enfrentarse a pueblos enemigos; pasó por momentos de fé y de incredulidad; momentos de acatamiento a la autoridad y otros de rebelión a la misma; circunstancias reiteradamente dramáticas. Marchas y contramarchas. Avances y retrocesos.
Larga marcha de un pueblo entero: por el desierto, recordemos. Desafiando las inclemencias del tiempo. Nacimientos y defunciones. Enfermedades. Alegrías y tristezas.
Y en el liderazgo estaba Moshé: libertador, legislador, Profeta, maestro, conductor. Logró llevar al pueblo a «buen puerto», con el imprescindible apoyo de sus hermanos Aarón y Miriam.
Cuarenta años. Durante la penosa, difícil travesía, con mayor o menor frecuencia nuestros antepasados se construían Sucot en distintos tramos del camino. Seguramente para detenerse, descansar, pernoctar o quizás simplemente para protegerse del gélido clima de las noches desérticas.
Si bien por lo general traducimos la palabra Sucot como «cabañas», más correcto sería traducirla como «chozas». Pues eran construcciones obviamente precarias, adaptadas a la realidad del terreno y a los escasos «materiales» de los que se podía disponer en el desierto.
Uno de los objetivos-valores es recordar. Otro es vivenciar. Es por eso que no solamente recordamos que nuestros antepasados habitaban en Sucot sino que también nos construimos las Sucot-tarea que comienza a la finalización de Iom Kipur – para vivenciar: es decir «vivir como» (salvando las distancias) nuestros antepasados lo hacían en aquella época en las Sucot que ellos habitaban.
Por tal motivo construimos la Sucá. Símbolo principal de la festividad. Construcción sencilla: debe tener por lo menos tres paredes. Parte de una de ellas incluye una entrada. Pero lo más importante es el sejaj (techo): debe estar hecho de ramas o follaje y entreabierto para que pueda contemplarse el cielo y las estrellas.
La Sucá, más allá de su sencillez, se decora con frutas, serpentinas de colores, cuadros especiales y los nombres de los «ushpizin», siete personajes bíblicos cuya simbólica presencia nos acompaña dentro de la Sucá. Ellos son: los tres Patriarcas Abraham, Itzjak y Yaakov; Yosef hijo de Yaakov; Moshé y su hermano Aarón; y el rey David. Son los siete «invitados» tradicionales.
La Sucá. De la que todos y cada uno pueden participar. De una forma u otra la Sucá es símbolo de unión del pueblo. Alegría dijimos. Varias fuentes en la Tora aluden a la alegría de Sucot.
«Y han de alegrarse en la festividad tú y tu hijo y tu hija…y el extranjero y el huérfano y la viuda que en sus ciudades están».
También en el Talmud se hace alusión: «El que no ha visto el regocijo en el Templo sagrado en la fiesta de Sucot no ha visto jamás una alegría».
Por todo lo antedicho, uno de los nombres alternativos de Sucot es el de «Zeman Simjateinu», lo que quiere decir «tiempo de nuestra alegría». El regocijo era para todos.
«Tomaréis para vosotros el primer día el fruto del árbol del cidro, las ramas de palmeras datileras, ramas de un árbol frondoso y sauces de los arroyos» (Levítico 23:40). Percibimos aquí otro símbolo de la festividad: los arbaat haminim, las cuatro especies de Sucot. El lulav (rama de palmera), etrog (citrus), hadas (mirto) y aravá (sauce).
Ya sea en la Sinagoga y/o en la Sucá estos elementos se sostienen en la mano, se juntan, se agitan en todas direcciones previa bendición. Son muy distintos entre sí, ya sea por el sabor, aroma u otras características. Pero a pesar de su diversidad forman una unidad.
El mensaje es claro: unidad en la diversidad. Más allá de la diferencias, todos existen. Todos son necesarios. Todos se necesitan. Todos se complementan.
La analogía con el pueblo judío es evidente.
¡JAG SAMEAJ!
Sucot: » Y os alegraréis ante el Eterno vuestro D»os durante siete días»
18/Sep/2013
Lic. Rafael Winter (Rufo), miembro de CO.PRE.DI.