Seminario de escritura creativa sobre la memoria del Holocausto

12/Mar/2013

Aurora

Seminario de escritura creativa sobre la memoria del Holocausto

Dictado en Madrid por el escritor Daniel MúgicaEl Centro Sefarad-Israel y la Comunidad Judía de Madrid invitan a participar en el “Seminario de escritura creativa sobre la memoria del Holocausto”. Lo impartirá Daniel Múgica, uno de los pocos novelistas españoles judíos, cuyos personajes y ambientes reflejan el mundo judío.
Un comunicado oficial de los organizadores explica: “Nos parece acertado ahondar en la enorme brecha física, histórica y moral que representó el Holocausto en Europa, el exterminio a manos de los nazis de seis millones de judíos. Con la comprensión del Holocausto, Europa, de la que España forma parte inexcusable, seguirá recorriendo, como antaño, antes del año 1933, una andadura ética basada en el respeto a la diferencia, plasmada en la Declaración Universal de Derechos Humanos.
El Instituto Holocausto y Antisemitismo de Centro Sefarad-Israel y la Comunidad Judía de Madrid entienden que resulta necesario continuar restableciendo el contrato europeo en sus dos artículos.
El primero sería el contrato espiritual, por tanto de bondad, entre el judío, el cristiano y las estructuras religiosas que conforman ambas confesiones, que la Europa incendiada por el nazismo negó con la persecución y asesinato de los judíos. El segundo contrato sería laico, el que atañe a la ley. El nazismo, para elevarse por encima del imperio de la ley y de su espíritu, que a todos iguala, incineró en los hornos de Auschwitz la jurisprudencia europea y la sustituyó por la violencia ciega, contraria a la justicia.
El seminario, desde un ejercicio de libertad de expresión, sabiendo que es una de las mayores conquistas europeas, plantea un ejercicio de libertad de expresión escrita. Presentamos un seminario de escritura creativa, ficcionaria, basada en lo inimaginable, lo que ocurrió, el Holocausto, con respeto a la memoria de los supervivientes y a la propia memoria europea, arrancada de cuajo durante la II Guerra Mundial y hoy recuperada.”
Existe una cultura del Holocausto
Imre Kertézs (Premio Nobel de Literatura 2002) sostiene que existe una cultura del Holocausto. Resulta un hecho objetivo. Es una cultura, conocimiento a través del arte y del estudio de lo historiado, que nace de los campos de la muerte en forma de textos y dibujos, bosquejados con el coraje del que se sabe condenado a muerte, entre la miseria, la hambruna y el golpe de la SS o el grito del Kapo.
La cultura del Holocausto se extien„e hasta el presente en forma de ensayos, novelas, autobiografías, exposiciones pictóricas, películas, fotografías, comics, creados por autores judíos y no judíos… en sus dos vertientes: la que fluye del recordatorio del horror y la que brota de una imaginación convulsa para el plano de la ficción.
A Imre Kertézs le disgusta el siguiente aserto: “No hay explicación al Holocausto”. El escritor húngaro afirma que se dan razonamientos y datos sobre lo opuesto, la explicación que no justificación del exterminio de los judíos en Europa. El judío es un pueblo perseguido desde su nacimiento, porque el ser humano, en general, sobre todo cuando da pruebas de indignidad e inhumanidad, el nazismo, teme la diferencia y la periclita hasta su liquidación. El pueblo judío, laico y creyente, hunde las raíces de su periplo en el Libro, La Torá (Pentateuco), así que la serie de afinidades culturales y espirituales que le dotan de idiosincrasia, de singularidad, germina en la palabra y, por definición, en la palabra escrita.
El cristianismo, la religión mayoritaria de Europa, y por tanto su derivación laica tradición-, desarrolla su historia a partir del Pentateuco y del Nuevo Testamento, de nuevo en la palabra escrita.
El “Yo Judío” de los campos de la muerte, incluyendo el de los territorios de la Diáspora, anteriores a la proclamación del Estado de Israel, carece de patria, de una zona física donde extrapolar su esencia. Sin embargo, a causa de ello, posee una de las culturas más prodigiosas del planeta, que se prolonga y reivindica, por desgracia, en el Holocausto, siguiendo hasta nuestros días. El aliento judío se palpa en las disciplinas del comercio, de las ciencias y en especial de las artes, al cabo en el mundo de las ideas, que plasma su naturaleza en la palabra escrita.
El “Yo europeo”, como pensamiento común, tiene sus orígenes en Grecia, luego en Roma y, tras la Revolución Francesa, al cabo, en la Unión Europea. El “ Yo europeo”, afianzado en la concordia y la solida„idad, estalla en añicos durante el nazismo. Se duda de la filosofía escrita hasta entonces, con lo que eclosiona el postmodernismo. El “Yo europeo”, el no judío, busca nuevas maneras de expresión artística, y las encuentra otra vez, de manera sustancial, en la escritura creativa.
El judaísmo, a lo largo de su historia, se enraíza en las distintas culturas y naciones europeas, la mayoría cristianas. Ambas se retroalimentan. Así, hasta el nazismo, lo judío y lo no judío confluyen en un diálogo enriquecedor.
Lo judío ha tenido y tiene sus cimientos en la palabra escrita, ficcionada o no. El Holocausto es el acontecimiento, y debemos denominarlo acontecimiento aunque nos pese, más traumático del siglo XX. Y en la memoria judía, la histórica, personal y familiar, la mayor afrenta cometida. Para el recordatorio europeo no judío, cristiano o de una confesión diferente, el Holocausto derrumba el orden moral y lo suplanta por una hostilidad salvaje, producto de las peores pulsiones del ser humano. A la Europa no judía le corresponde seguir analizando el por qué del nazismo.
El arte de escribir, la palabra de nuevo, el Libro de nuevo, la Torá judía y la Biblia cristiana, es un acto de liberación individual que se convierte en colectivo al compartir la experiencia con los lectores, en particular la escritura de ficción. La ficción confronta el páramo de la realidad con la arboleda de la imaginación y nos hace más libres, pues ensancha las rocosas fronteras de lo real hasta el punto y la forma que nos apetezcan, proporcionándonos placer, sustrayéndonos de nuestra prisión corpórea.
El arte de escribir, en el seminario que me dispongo a impartir, representa con humildad pero sin modestia en la inmensidad del recordatorio europeo, judío y no judío, una pequeña tabla para sortear aguas peligrosas. La tabla navega al viento de tres mástiles.
El primero sería el “Yo judío” con el “Yo europeo”. El segundo sería la historia judía y su vertebración en la historia no judía europea, y viceversa. El tercero, lo primordial, lo angular, sería la memoria de los campos de la muerte.
La mayoría de los judíos, me atrevería sin rubor a decir todos, tienen familiares asesinados y antes des„humanizados en los campos de extermino nazis. Creo que debemos proseguir rindiendo homenaje a su legado y profundizando en las causas del nazismo, pero haciéndolo desde un acto de la liberación, la palabra de nuevo, la palabra escrita, la palabra creativa que aflora en la ficción. Este seminario quizás sirva, aportando un grano de arena, para intentar que no se cumplan las palabras del escritor judío y superviviente de los campos de la muerte Primo Levi: Si Auschwitz ha existido, se puede repetir.
El seminario propone un ejercicio de memoria colectiva y personal para los judíos, cristianos, personas de cualquier confesión y laicos. A ellos y ellas va dirigido. También una aproximación a lo moral. Y, sobre todo, una singladura de carácter profesional sobre las técnicas de la escritura creativa.