NOVELA DE ELSA OSORIOHugo Fontana
A FINALES DEL siglo XIX un numeroso grupo de familias judías llegó a Buenos Aires. Habían adquirido tierras en el Consulado Argentino en Rusia, huyendo de los pogroms zaristas, pero cuando llegaron a puerto pudieron saber que esos campos estaban ocupados. Tras idas y venidas, un terrateniente les ofreció establecerse en la provincia de Santa Fe, donde finalmente fundaron un pueblo que llamarían Moisés Ville. En ese lugar, en 1902, nació Micaela Feldman, una mujer destinada a protagonizar algunas de las peripecias políticas más emblemáticas del siglo pasado, entre ellas la de haber comandado una brigada del Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), de tendencia trotskista, durante la Guerra Civil española.
Apenas adolescente, Micaela se trasladó a Buenos Aires para estudiar odontología. Eran años febriles y también violentos, marcados por el anarquismo y sus luchas obreras, hasta el advenimiento de la Revolución Rusa y las propuestas hegemónicas del marxismo. En medio de esos debates vertiginosos, Micaela conocería a Hipólito Etchebéhère, un joven del que se enamoraría y con quien daría comienzo una relación sólo interrumpida por la muerte de éste, ocurrida a mediados de 1936 en Atienza, en uno de los tantos combates contra las tropas del general Francisco Franco.
Aún en Buenos Aires y tras detectársele a Hipólito una enfermedad pulmonar, Micaela lo induce a estudiar mecánica dental y a marchar a la Patagonia, donde cuatro años antes el Ejército argentino y los propietarios de vastísimos latifundios habían acabado con la vida de más de 1.500 obreros, episodios descritos en el libro La Patagonia rebelde, de Osvaldo Bayer. En aquellas tierras, suponía Micaela, ya cobijada bajo el seudónimo de Mika, podrían recoger el testimonio de los sobrevivientes con el fin de escribir el relato de los hechos, pero además el clima ayudaría a mejorar la salud de su compañero. Pero apenas iniciada la década del 30 decidieron partir a Europa, donde, estaban seguros, los esperaban algunos acontecimientos que cambiarían el rumbo de la Historia. Estuvieron un tiempo en París, pero pronto viajaron a Berlín guiados por la supuesta fortaleza del movimiento obrero alemán, aunque todo lo que encontraron fue el irresistible ascenso de Hitler y la derrota de la izquierda, más desgastada por rencillas internas que por el nazismo.
ALFONSINA, CORTÁZAR.
Elsa Osorio es una novelista argentina nacida en 1952, autora, entre otros títulos traducidos a varios idiomas, de Ritos Privados (1982), Reina Mugre (1989), A veinte años, Luz (1998) y Cielo de tango (2006). En 1986, el escritor Juan José Hernández le habló por primera vez de Mika Etchebéhère, quien aún vivía en París, y desde ese momento la escritora empezó a investigar acerca de la vida de esa mujer prácticamente olvidada. Durante años recogió el más diverso material: cartas, documentos, testimonios directos y un libro de memorias que la propia Mika había publicado en francés en 1975. Y desde entonces y hasta 2007, momento en que comenzó la redacción de la novela, el proyecto fue y vino entre sus manos, por lo general inaprensible, hasta que al fin le dio su forma.
En Buenos Aires Mika había sido amiga de Alfonsina Storni y de Salvadora Medina (la «China», esposa de Natalio Botana y madre de Copi). Instalada en París ya en los 50, fue quien ayudó a Julio Cortázar a conseguir trabajo de traductor y a instalarse en la ciudad de donde no volvería a partir. En 1968 fue testigo entusiasta del Mayo francés y, siempre en contacto con compatriotas en el exilio, fue una dura crítica de la Guerra de las Malvinas de 1982. Falleció el 7 de julio de 1992, recluida en una casa de salud pero siempre lúcida y atenta a todo lo que ocurriera en el mundo. Desde esa perspectiva, convertirla en un personaje de novela era un apasionante desafío que un escritor podía abordar con entusiasmo. En el caso de Osorio, el entusiasmo es elocuente. Pero los resultados son alarmantes.
UNO DETRÁS DEL OTRO.
La novela está encadenada a la voz de múltiples narradores:compañeras de combate en España, amigos, un tercer narrador neutro, la autora que cada tanto interviene apoyada en cursivas, y la propia Mika ya muerta, en un recurso pertinente a las estrategias de lo mágico o de lo fantástico que no se condice en absoluto con el afán realista del libro. Lamentablemente, todo ello no es el resultado de una experiencia formal atractiva, sino la simple manifestación de no haber encontrado un narrador certero, capaz de dar cuenta con vigor de la experiencia revolucionaria de su heroína.
Por si fuera poco, el relato está atravesado por múltiples didactismos que llevan cada tanto a Osorio a dar explicaciones tan escolares como innecesarias (a modo de mínimo ejemplo, cuando cuenta ante una caminata de Mika e Hipólito por el Berlín de 1932 que «Rojas son las banderas de los tres partidos que se disputan la clase obrera alemana. La hoz y el martillo es la de los comunistas…»), o cuando sintetiza los pormenores ideológicos de una guerra simplificando hasta lo indecible el papel jugado por la FAI-CNT, omitiendo toda referencia a la defensa de Madrid de fines del 36 más allá de que Mika está a pasos de la ciudad, y cayendo una y otra vez en ingenuidades varias («El otro día, a propósito de la organización del tribunal, Hipólito tuvo un encuentro con la Pasionaria y le parece posible: Estamos juntos en esta lucha, camarada, le había dicho ella y ni palabra de Trotsky, Stalin, ni siquiera del Gobierno de la República, nada que pudiera distanciarlos.»). También andan por allí alusiones a que Hipólito estaba en «cuidados intensivos» (¡en 1933!), y la perla de que, tras años de exilio europeo, tras haber visitado Berlín y retornado a París, instalados en una pobre habitación y al calor de una estufa, Mika le pregunta a Hipólito: «¿Te cebo un mate?», y él le responde: «Dale».
Y aún más allá, de las páginas del libro emergen constantemente todo tipo de lugares comunes, en particular cuando Osorio se empeña -y lo hace a lo largo y a lo ancho- en describir escenas de amor y sexo, reales o imaginadas, y avasalladas por el más rotundo kitsch. Es así que el lector se debe enfrentar a frases como las que siguen: «Esas manos fuertes y tibias que la improvisan mujer, esos besos plenos: emoción; ese cuerpo sabio que descubre el suyo, tan dispuesto al placer: pasión. Ese hueco húmedo y tibio que él roza apenas, con suavidad, con ternura: emoción; ese pozo cálido y generoso que lo invita a sumergirse: pasión». O, ya en el colmo de lo imposible: «Bella mujer, querida camarada, Andrei le pellizcó la nalga y le chupó el pezón izquierdo y luego el derecho, con fruición».
En una reciente entrevista promocional, Osorio declaró que en su novela se había propuesto «narrar también el costado más humano de la guerra». Y no es de extrañar. Para ella, la guerra fue una buena ocasión para que hombres y mujeres se conocieran. Y en lo posible se hicieran novios.
MIKA, de Elsa Osorio. Seix Barral, Biblioteca Breve, 2012. Buenos Aires, 302 págs. Distribuye Planeta.
Mika, la capitana
08/Feb/2013
El País Cultural, Hugo Fontana