Israel va a las urnas

10/Ene/2013

Montevideo Portal, Ana Jerozolimsky

Israel va a las urnas

El martes 22 de enero, la ciudadanía israelí-judíos, árabes cristianos, árabes musulmanes, beduinos, drusos, circasianos, laicos, religiosos, nativos del país e inmigrantes de los orígenes más dispares- estarán de fiesta. Aún en medio del escepticismo acerca de la política en general y los políticos en particular, de las dudas acerca de la medida en que cada partido intentará cumplir lo prometido y tratará de satisfacer las expectativas de sus votantes ,estamos seguros de no exagerar al usar el término “día de fiesta”.
Habrá quienes al conocerse los resultados, sentirán que tienen motivos para celebrar, y muchos otros que sin duda estarán no sólo decepcionados sino preocupados. Los problemas con los que lidiar son numerosos, los desafíos por resolver nada sencillos (la agenda socio-económica interna, la repartición más igualitaria de la responsabilidad nacional entre todos los sectores o sea también los ultraortodoxos y los árabes, el conflicto con los palestinos y la amenaza de un Irán nuclear, entre otros temas) y por lo tanto, probablemente quienes votan por un candidato y ven ganar a su adversario, de la otra punta del espectro político israelí , lo analizan con preocupación.
Aún así, la llegada misma de la jornada electoral, debe ser apreciada como un privilegio del que no gozan todos los ciudadanos del mundo.
Demasiados millones de personas viven sin democracia, participando algunos en supuestas elecciones que nada tienen de libres, y desconociendo otros totalmente el significado de la sagrada papeleta que se coloca en la urna para influir, para decir qué futuro cada uno desea.
El hecho que en Israel la democracia es una realidad desde su creación renovada en la era moderna hace ya casi 65 años, no es algo sobreentendido en la región en la que vive. Muy especialmente, no lo es en una situación de continuo conflicto, de guerras y situaciones de emergencia con las que el Estado de Israel ha tenido que lidiar, pero que jamás fueron excusa en manos de sus gobernantes para convertir la democracia en dictadura ni la libertad en totalitarismo.
La libertad de expresión sin la cual la democracia nada valdría, es un pilar de la democracia israelí. En medio de la agitada discusión política siempre dinámica en Israel, hay quienes consideran pronunciamientos de uno y otro lado como ataques a la esencia misma del Estado, intentando a veces coartarla. Hay por cierto imperfecciones al respecto. Pero salvo rarísimas excepciones, el grueso de la población israelí sigue viendo en la democracia el mejor sistema con el que se debe vivir, a pesar de sus problemas.
Y más allá de opiniones de tales o cuales figuras, de posturas radicales o anti democráticas con las que algunos identifican a ciertos grupos, la realidad es que el espíritu de libertad y democracia es el que determina que el martes 22, la ciudadanía israelí va a votar.
Como es sabido, aproximadamente el 20% de la ciudadanía está compuesta por la minoría árabe, varios de cuyos líderes suelen protestar a viva voz por su situación , alegando que son discriminados en Israel. ¿Será por eso que hay en el Parlamento saliente 15 diputados árabes,incluyendo uno del Movimiento Islámico, que en las nuevas elecciones pasa inclusive a encabezar su partido Raam-Taal? ¿Será por eso que cuando la Comisión Electoral Central aceptó la demanda de descalificación de la diputada Hanin Zuabi por su participación en la flotilla turca del Marmara que iba en camino a Gaza , organizada por el grupo terrorista islamista IHH, ella sabía que tiene derecho de apelar a la Suprema Corte de Justicia , donde finalmente se rechazó su descalificación permitiéndosele participar en las elecciones?
¿Será por esa política discriminatoria que hay diputados árabes también en partidos sionistas, que nuevamente hay candidatos a diputados en diferentes partidos que participan en las elecciones de este mes, y que nuevos partidos árabes tratan de ganar la confianza del pueblo?
Claro que para algunos sectores ultraconservadores, la participación en las elecciones de árabes israelíes que se pronuncian a menudo defendiendo algunas posturas de enemigos de Israel, no es democracia sino estupidez peligrosa. Es imperfecta sin duda la democracia israelí y no son pocos sus riesgos. Es difícil garantizar que no se cruza la fina línea entre respeto a la libertad de expresión de todos y el dar al enemigo instrumentos para aprovecharse de la democracia.
También es difícil ver a partidos como SHAS-Sefaradíes Protectores de la Torá-que en aras , supuestamente, de la preservación de la identidad judía, realizan una propaganda electoral que presenta en forma estereotipada a los inmigrantes de la ex URSS como no judíos y por ende casi indeseables. Peor aún era, según se informó, un video preparado por SHAS, sobre el tema de los trabajadores extranjeros, que finalmente fue archivado porque se temía que lleve a tildar al partido y su jefe, el Ministro del Interior Eli Yshai, de racista.
Sin duda hay diversos elementos que molestan, preocupan y enfurecen. En medio de todo esto, consideramos que Israel logra aún maniobrar sobre la cuerda floja. Y sin duda, una democracia en la que hay que esforzarse a veces por mantener el equilibrio, es mucho más digna que una apresurada disposición a tapar bocas y coartar libertades.
Por todo esto, el 22 de enero, los israelíes deben ir a votar.
Que cada uno elija a quien considera mejor.Izquierda, derecha, centro, religiosos, comunistas…lo que sea, entre las 34 opciones aprobadas por la Comisión Electoral Central. Lo principal es no quedarse en casa , no desaprovechar la oportunidad de aportar, cada uno, al futuro del país, y del suyo propio, por la única vía aceptable, sin violencia ni imposiciones: las urnas. Es un día de fiesta en el que hay que salir a celebrar…. votando.