Alabanza a la canción

28/Dic/2012

La Diaria, Gonzalo Curbelo

Alabanza a la canción

El raro fenómeno de “Hallelujah”
No son muchos los casos de canciones que por sí solas ameriten la escritura de un libro entero dedicado a ellas, pero no menos extraordinario es observar de cerca el proceso por el cual una canción oscura de un artista conocido pero nunca masivo va convirtiéndose en un himno popular entonado por generaciones que desconocen a su autor y el significado original del tema. Éste parece ser el caso de la canción, a estas alturas casi un salmo, “Hallelujah”, de Leonard Cohen.
The Holy or the Broken: Leonard Cohen, Jeff Buckley, and the Unlikely Ascent of ‘Hallelujah’ (Lo sagrado o lo quebrado: Leonard Cohen, Jeff Buckley, y el inesperado ascenso de “Hallelujah”) es el título de un libro de Alan Light recién editado que da cuenta del curioso periplo de una oscura canción de Leonard Cohen que en los casi 30 años desde su edición se fue volviendo no sólo el tema más popular de su autor, sino una de las canciones religiosas más conocidas de las últimas décadas, que cuenta hoy en día con más de 300 versiones de distintos artistas. Un proceso tan extraordinario como la misma canción y sobre el que vale la pena echar una mirada.
“Hallelujah” abría el lado B (estamos hablando de los tiempos del vinilo y el casete) de Various Positions (1984), uno de los discos menos conocidos de un artista que nunca fue precisamente masivo. Luego de un cierto auge a fines de los 60 y en los 70, el poeta y compositor canadiense se encontraba bastante fuera del radar de lo que se consideraba importante en el panorama musical de principios de los 80. Con 50 años de edad, después de haber sacado dos discos de escaso carácter comercial como el caótico Death of a Ladies’ Man (1977) y el bello pero excesivamente sutil Recent Songs (1979), Cohen llevaba más de media década sin editar nada y no había podido conectar en absoluto con la generación del punk y la new wave. Sin embargo, había seguido componiendo, un proceso siempre lento y detallista para Cohen, y tenía una nueva colección de canciones que presentar. Éstas fueron publicadas bajo el título de Varios Positions y, aunque fue bien recibido en Francia (donde Cohen siempre fue considerado un artista de la dimensión de Bob Dylan), Columbia Records ni siquiera se molestó en editar el disco en Estados Unidos, algo que le fue explicado por el presidente de la compañía, Walter Yetnikoff, con una frase memorable y lapidaria: “Mirá, Leonard, sabemos que sos grande, pero no sabemos si sos bueno”.
El disco significó, no obstante, el comienzo del regreso de Cohen a los primeros planos, que se confirmaría con I’m Your Man (1988) y, aunque es una de sus obras más irregulares, contiene varios temas que pasarían a ser esenciales en su repertorio. Various Positions se destacaba, además, por ser un disco de una profunda religiosidad y de un reencuentro de Cohen con su herencia judía, expresada en canciones como “Dance Me to the End of Love”, “Night Comes On”, “If it Be Your Will” y, por supuesto, “Hallelujah”. Esta última había surgido de un proceso particularmente arduo para Cohen, quien llegó a escribir cerca de 80 versos distintos en los cuales se repasaban distintos episodios bíblicos, entrelazándolos con referencias al amor carnal a la manera del “Cantar de los cantares”, siendo por lejos el tema más directamente religioso de su carrera, lo cual no evita que sea más una canción de duda que de afirmación, una duda expresada mediante las distintas aproximaciones que plantea al concepto de “Hallelujah” –palabra que quiere decir “te alabamos Señor” (“Jah” o “YHVH”)- y que se plasma en estrofas poderosísimas como “Decís que tomé el nombre en vano / Ni siquiera conozco el nombre / Pero si lo hice ¿qué tiene que ver contigo? / hay una ráfaga de luz en cada palabra / No importa a cuál escuchaste / Si al sagrado o al quebrado Hallelujah”.
A pesar de su conmovedora potencia, “Hallelujah” pasó tan desapercibida como el álbum que la contenía, con algunas escasas pero significativas excepciones como la de Bob Dylan, que la incluyó en algunos conciertos de su gira de 1988 y, muy especialmente, la de un magnífico compositor galés que se la pidió para realizar una versión: el ex bajista de Velvet Underground John Cale.
Entre ogros, crooners y concursosCale había sido invitado a participar en un disco homenaje a Cohen, I’m Your Fan (1991), y le pidió al autor de “Hallelujah” que le enviara la letra del tema, a lo que éste respondió enviándosela íntegra, no sólo con los versos que habían aparecido en Various Positions, sino también con las decenas que había decidido eliminar. Cale decidió hacer la más terrenal de las versiones, abandonando el solemne tono original y cantándola acompañado exclusivamente por su piano. Pero también eligió de entre los versos de Cohen los más mundanos (Cale es un estupendo y sumamente emotivo letrista, pero que no ha demostrado nunca un gran interés por lo religioso), por lo que su “Hallelujah” terminó siendo una canción muy distinta, más una canción de súplica emocional a una mujer que una inquisición metafísica. Aunque el disco homenaje tampoco tuvo una gran trascendencia, la versión de Cale –que lo cerraba- se destacaba claramente entre las demás y superaba en emoción e intimismo a la de Cohen, por lo que se hizo notar aun dentro de un disco que contenía versiones de R. E. M., The Pixies y Nick Cave. En 1994 se editó otro disco de versiones de Cohen, Tower of Song, a cargo de artistas menos alternativos, y quien decidió interpretar “Hallelujah” – en una versión más bien hablada y muy poco memorable- fue nada menos que Bono, cantante de U2. Años más tarde, Bono, entrevistado para el libro de Alan Light, la definiría simplemente como “la canción más perfecta del mundo”.
Pero sería una casualidad más bien desgraciada la que volvería a impulsar a “Hallelujah” a su condición de clásico moderno. En 1994 el cantante Jeff Buckley decidió incluir el tema –en una versión similar a la de John Cale- en su disco debut Grace. Buckley era el hiijo del tempranamente desaparecido compositor Tim Buckley, un cantante de voz excepcional que murió con apenas 28 años, víctima de una sobredosis de heroína. Jeff heredó la poderosísima voz de su padre, pero también su mala suerte, y se ahogó en 1997, cuando sólo tenía 30 años, en un confuso accidente mientras nadaba. Su muerte produjo unarevisión de su escasa obra, de la que se recuperó en particular su versión de “Hallelujah”, cuyo tono elegíaco pegó particularmente entre los admiradores sensibilizados por su muerte. Esta versión, interpretada por un cantante de mucho mayor potencia técnica que Cohen y Cale, terminaría convirtiéndose en una de las más conocidas y admiradas del tema, y posiblemente la más imitada, siendo reeditada como simple en 2007 –al cumplirse diez años de la muerte de Buckley, cuando se convirtió en un éxito instantáneo. La muerte del músico tuvo otro efecto inesperado en relación al tema: el ascendente cantante Rufus Wainwright, quien conocía a Buckley, decidió también hacer una versión como homenaje a su amigo desaparecido.
Pero en el interín se dio una situación inesperada: la versión minimalista de John Cale fue incluida en la banda de sonido de la película animada Shrek (Andrew Adamson, 2001), que la acercó a un público por lo general completamente ajeno al trabajo de Cohen y Cale. Aunque la versión de Cale es la que se escucha en la película, el disco de la banda de sonido prefirió la de Rufus Wainwright (un poco más educada y convencional) y se incluyó el tema por primera vez en un disco que vendió millones de copias. A partir de Shrek “Hallelujah” comenzó a ser considerada una canción realmente popular.
Desde entonces, los covers, más íntimos a la manera de Cale o más lujosos como el de Buckley, comenzaron a amontonarse, y no en cualquier garganta. Entre quienes la grabaron o la incorporaron a sus repertorios se cuentan las estrellas del country k.d. lang y Willie Nelson (por separado), el blusero Poppa Cuvi, la cantante Kathryn Williams, Imagen Heap e incluso el ídolo hard rock Jon Bon Jovi, que incluyó una versión sumamente terraja en su DVD en vivo Live at Madison Square Garden (2007). Las versiones grabadas ya han superado ampliamente el centenar y las versiones en vivo son incontables, ya que hasta Justin Timberlake ha entonado sus versos en concierto.
Pero el giro más sorprendente en la historia de este tema fue que comenzó a convertirse en una canción favorita de los participantes de los concursos de canto televisivos. Tal vez haya sido su melodía ascendente –ideal para hacer demostraciones de poder vocal en las antípodas del estilo de Leonard Cohen- o la ambigüedad espiritual de su letra, pero en 2006 Espen Lund, Kurt Nilsen, Alejandro Fuentes y Askil Hola –dos ganadores de la versión sueca del programa X-Factor más dos cantantes melódicos medianamente conocidos en el país escandinavo- convirtieron su acaramelada versión en uno de los mayores hits suecos de los últimos años. El efecto fue imitado y desde que Jason Castro interpretó la canción en la séptima temporada de American Idol, en 2008, no hay temporada de cualquiera de los programas estilo Operación triunfo que polucionan la televisión mundial en la que no haya un desgraciado tratando de desnaturalizar los versos originales. Todo llegó a una cima de absurdo con la popularísima versión de Alexandra Burke, con la que ganó la edición 2008 de la versión británica de X.-Factor. Una interpretación digna de la peor pesadilla de Soñando con cantar que ocasionó que varios fans de Jeff Buckley protestaran amargamente por lo que les parecía una falta de respeto al tema, ante lo que la cantante confesó que a ella “no le pasaba nada” con la canción.
En diciembre de 2008, “Hallelujah” se convirtió en la primera canción en más de medio siglo que ocupó simultáneamente el primer y segundo lugar de los simples más vendidos en Reino Unido, en las versiones de Burke y de Buckley, respectivamente.
Pero, ¿qué dice respecto de este fenómeno su autor, un poeta oscuro y a miles de kilómetros en términos artísticos deestos concursos televisivos? Bueno, Cohen parece bastante contento, suponemos que por motivos relacionados a los derechos de autor, y se limitó a decir: “Un par de veces alguna gente me ha dicho que, por favor, deberíamos hacer una moratoria sobre ‘Hallelujah’. ¿Es que tenemos que tenerla al final de cada drama y cada edición de American Idol? Y una o dos veces sentí que debería prestarle mi voz a su silenciamiento pero pensándolo dos veces, no. Estoy muy feliz que esté siendo cantada”.