En el sur israelí, poca confianza en una tregua

21/Nov/2012

La Nación, Jana Beris

En el sur israelí, poca confianza en una tregua

Muchos creen que si el gobierno cesa sus operaciones, continuará el riesgo de nuevos ataques desde la Franja de GazaJERUSALÉN.- Asediado por los cohetes que llegaban desde Gaza, el sur de Israel recibió con dudas las confusas y múltiples informaciones sobre la posibilidad de un alto el fuego entre Israel y Hamas.
Desde un principio el mensaje de los residentes al gobierno fue que quienes viven desde hace doce años bajo la amenaza de los misiles disparados desde la Franja de Gaza pueden resistir un tiempo más, pero sólo si esta vez se acaba con el miedo constante.
En varios cruces de rutas del Sur, hay carteles de apoyo a los miles de miembros de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI), ya movilizadas para una eventual incursión por tierra. Especialmente elocuente, sin embargo, es oír directamente a la población.
Ayer por la mañana, poco después del impacto directo de un cohete Qassam lanzado desde Gaza en un barrio residencial de Sderot, el alcalde David Buskila llegó para inspeccionar los daños.
«Por suerte no hubo ninguna tragedia, pero aquí nunca se sabe», comentó a La Nacion.
Al hablar de una tregua, que en ese momento parecía inminente, su expresión no fue precisamente de alegría.
«Yo no le digo al gobierno lo que tiene que decidir, porque es soberano para tomar sus resoluciones, pero lo que sí le digo es que esto tiene que terminar, así no viviría ningún país normal del mundo», opinó el alcalde.
«Lo único que yo pregunto es si acaso se ha llegado a un punto tras el cual podamos decir aquí, en Sderot, que ahora todo será diferente», respondió Buskila.
Tras levantar los brazos en el aire como si indicara que nada de eso depende de él, salió al encuentro de un vecino, dueño de la casa en la que estallaron todos los vidrios, y le advirtió: «Esta vez, la sacó barata».
VIVIR CON EL PELIGRO
Un momento después, un niño de ojos grandes apareció súbitamente con un trozo de metal en sus manos. Eran restos del cohete.
A sus diez años, Aviad Shitrit contó que no tiene miedo, y que por eso salió de su casa a mirar; vio los restos y los juntó.
Cuando llegó Shimon, su padre, acompañado de uno de los hermanos mayores del niño, le pasó una mano sobre el hombro, sonrió y explicó: «Nació en esto, no conoce otra realidad… quizá sea ésta su forma de lidiar con el peligro».
Shimon agregó que no cree en ninguna tregua y que no tiene duda de que, si se frena el operativo ahora, la sensación será de oportunidad perdida. «Hay que golpear fuerte a los terroristas, hasta que pidan de rodillas que paremos», añadió un hombre que se acercó a Shimon.
Era Yosi Timsit, cuya casa sufrió un impacto directo de un Qassam hace años, que hirió seriamente a su mujer.
«A mi casa le pegaron ya cuatro veces, en 2003, dos años después, en 2007 y hace dos meses -enumeró-. ¿Y tengo acaso razones para creer que esto se termina ahora?»
Shimon, aún abrazando a su hijo menor, opinó entonces: «No les importa esconderse entre sus niños para matar a los nuestros. ¿Acaso a esa gente le podemos creer?»