‘‘Jerusalén cambió mi vida para siempre’’

30/Oct/2012

Ámbito

‘‘Jerusalén cambió mi vida para siempre’’

Crónica de una emotiva visita de diez días a Tierra Santa«Estaba en misa en diciembre del año pasado, y mientras escuchaba el Evangelio me dije a mí misma ‘yo siempre quise ir ahí’». Nuestra lectora de turno es Lesia Buszczak, una joven publicitaria que acaba de regresar de un viaje por Roma y Tierra Santa. «A Roma voy todos los años, y casi no es turismo, voy más a ver a los amigos. En cambio, Tierra Santa fue el mejor viaje de mi vida. En diez días conocí gente imprescindible, lloré emocionada, me reí como loca, soporté el calor y subí a lugares que creí que mi cuerpo no resistiría. Definitivamente cambió mi vida para siempre».
Lesia y la foto de un viaje para el recuerdo en la capital de Israel, con el Domo de la Roca de fondo.
Antes de partir leí mucho, armé una lista de lugares que quería conocer. Hasta le pedí a mi mejor amigo, que es sacerdote, que me haga una lista de las citas bíblicas de los lugares que iba a visitar. Finalmente, el 11 de septiembre me embarqué hacia Tel Aviv. Luego de 22 horas de vuelo la primera impresión fue: ¡calor! ¡35 grados y eso que estaban entrando en el otoño!
Estuve un día en Tel Aviv y tomé un tour para ver la ciudad. Es una ciudad bastante moderna, pero lo interesante para ver allá es Yafo. La tradición dice que el hijo de Noé la fundó después del Diluvio Universal, y también hay un monumento a la ballena que -según cuenta la tradición- se comió al profeta Jonás. También Napoleón la saqueó en su momento. Pero lo más interesante de Yafo son todas las galerías de arte de artistas locales. Vale la pena caminarla. En Yafo además hay un puente con todos los signos del zodíaco, y la tradición dice que hay que pedir un deseo tocando el signo de uno y mirando al mar: ¡por supuesto que lo hice!
Por la tarde fui a la playa. Las playas de Tel Aviv son muy lindas, cálidas, y tienen disponibles grandes sombrillas de madera, por lo que podés ir sólo con una toalla y todo lo demás está ahí.
Al día siguiente hice un tour de dos días por el norte. El primer día se trató de pasear por la costa de Israel: Cesarea de Filipo, puerto principal de Judea en el período de Herodes. También fuimos al Monte Carmelo, a ver los jardines Bahai, que son impresionantemente bellos. Seguimos nuestra ruta a Acre, ciudad de ingresos de los templarios y caballeros durante el período de las Cruzadas. Fue impresionante ver todo lo que siempre imaginé después de leer todo tipo de novelas sobre el Medioevo. Al final del día, terminamos en RoshHanikra, en la frontera con el Líbano. Ahí hay unas grutas de piedra caliza que son impresionantes.
Al día siguiente, empezó lo bueno: llegamos a Nazareth, a la Iglesia de la Visitación, donde el ángel Gabriel le dijo a María que estaba embarazada de Jesús. La iglesia está construida sobre la casa original de María, y tiene imágenes de la Virgen que los países envían de todas partes del mundo. Lamentablemente no encontré el regalo de la Argentina. De ahí caminamos a la Carpintería de José, donde vivieron con María y Jesús los primeros años de su vida. También los primeros cristianos se reunían allí cuando eran perseguidos. Ambas iglesias están a menos de 100 metros de distancia. De ahí, sin escala a Taghba, a ver la Iglesia de la Multiplicación de los Peces y los Panes. Debajo del altar está una piedra donde Jesús colocó los peces y panes, y produjo el milagro. Conmovedor.
Nuestro viaje siguió hasta Cafarnaúm, la ciudad de Jesús. Allí están los restos de la sinagoga donde Jesús predicaba, y la casa donde Jesús sanó a la suegra de Pedro. Pero faltaban dos lugares impresionantes: el mar de Galilea y Yardenit, el río Jordán. Si bien no es exactamente el lugar donde Juan bautizó a Jesús, es el lugar donde actualmente lo hacen los cristianos de Israel y queda bastante cerca (el lugar real queda aparentemente en el lado palestino y es de difícil acceso). Puse mis pies en el río Jordán, ¡y los peces se acercaron a hacerme cosquillas!
Energía
Esa noche, llegué a Jerusalén. Explicar Jerusalén con palabras es muy difícil. Tiene una energía imposible de graficar, pero muy fácil de sentir. De hecho, es la ciudad santa de las tres religiones. Esa noche visité el Muro de los Lamentos, paseé por la ciudad antigua, y terminé caminando por las azoteas: hay un acceso y puedes subir a ver Jerusalén desde lo alto: es simplemente maravilloso.
Estuve seis días allí y vi muchísimas cosas: fui a la Iglesia del Santo Sepulcro. Pensé que si Jesús volviera, estaría muy ofendido con eso. Está controlada por siete iglesias cristianas, pero hubo un terremoto a principios del siglo XX y no pudieron ponerse de acuerdo en cómo arreglarla. De cualquier manera, es muy emocionante. En la parte superior está el Gólgota, y puede verse el agujero donde estaba clavada la cruz. Debajo se puede hacer una fila larguísima y entrar al lugar exacto donde Jesús resucitó. Vale armarse de paciencia, hay que caminar dos horas para estar diez segundos. Luego fui caminando al Monte de los Olivos, donde hay varias iglesias, empezando por la Basílica de la Agonía, la gruta de Getsemaní donde Judas lo entregó, la tumba de la Virgen María (esto es curioso porque en el Monte Sión, en la otra parte de la ciudad, está la Iglesia de la Ascensión de María al cielo). Más adelante está lo que para mí fue uno de los lugares más impresionantes que conocí: Pater Noster, el lugar donde Jesús enseñó el Padrenuestro a los apóstoles. Allí está la oración en muchos idiomas, incluyendo el maya y el náhuatl.
Bajando hay un cementerio judío enorme. Básicamente la tradición judía dice que el día del Juicio Final la resurrección empezará por el Monte de los Olivos, así que judíos de todo el mundo van a vivir a Jerusalén sus últimos años para estar enterrados allí. Crucé el cementerio y llegué al Monte Sión. Donde vale mucho la pena ver la Ciudad de David, unas ruinas arqueológicas de la antigua ciudad. También caminé hasta la Iglesia de San Pedro en Gallicantu, lugar donde el apóstol negó tres veces a Jesús, y también considerada la casa de Caifás. Cerca de allí se encuentra la Basílica de la Dormición, donde María se quedó dormida antes de ascender al cielo, y la Tumba del Rey David y el Cenáculo, lugar donde pasó la Última Cena y el Pentecostés.
Otro día recé el Vía Crucis por la Vía Dolorosa. Es muy movilizador para un cristiano poder caminar por los lugares donde pasaron todos los momentos de la Pasión de Cristo, desde la flagelación, la prisión, el lugar donde encontró a las mujeres hasta su muerte y resurrección.
Iglesias
Otro día fui a EinKarem, donde está la Iglesia de la Visitación donde María e Isabel se encontraron embarazadas. Allí está el Magnificat en muchos idiomas. También visité la iglesia donde nació Juan El Bautista. Tienes que tomarte un taxi y viajar como 20 minutos de la ciudad antigua, pero vale toda la pena, el paisaje es absolutamente verde y bucólico.
Finalmente hice otros dos tours: un día me fui a Belén y Jericó. En Belén fui a la Iglesia de la Natividad, y toqué el lugar donde Jesús nació. Por la tarde fuimos a Jericó, donde están los restos de la ciudad más antigua del mundo.
El otro tour que hice fue a Masada y el Mar Muerto. Masada era un fuerte judío que los romanos tomaron durante el período de la destrucción del segundo tempo (70 d.C.). Se sube en funicular, pero en el tour conocí a Kevin, un chico irlandés que estaba interesado en subir el Snake Path, así que yo le dije que lo acompañaba y lo logramos.
Los israelíes lo suben cuando terminan el servicio militar para recordar la tragedia de Masada, donde 2.000 judíos se suicidaron para no entregar la ciudad a los romanos.
Mi último día en Jerusalén lo usé para ir a YadVashem, el Museo del Holocausto. Un lugar imprescindible y emocionante que recuerda a todas las víctimas. También fui al Museo de Israel, y pude ver los Rollos del Mar Muerto y la maqueta de Jerusalén en la época del Segundo Templo.
El día que me tomé el avión, lloré como nunca me pasó en ningún otro lugar que haya conocido. No me quería ir. Me iba a Roma, que es mi lugar en el mundo, aunque no me quería ir. Tengo la certeza de que voy a volver.