Rosh Hashana

14/Sep/2012

El País, Uruguay, Leonardo Guzmán

Rosh Hashana

LEONARDO GUZMÁN
Del lunes al martes el judaísmo celebrará el Año Nuevo 5773. Comenzará el primer mes, Tishrei, nombre que en arameo significa expiación, perdón, dar vuelta la hoja, volver a empezar: la celebración no es caprichosa. Condensa un mensaje que nutre a todas las corrientes sensatas que -confesionales o laicas- nos llaman a no quedar fijados en el pasado y a renovar cada etapa desde la revisión conciliadora, unificadora, de nosotros mismos.
Por eso, más allá de las salutaciones, las tarjetas y los avisos, esta fecha -igual que los principales fastos de la liturgia cristiana- merece valorizarse por encima de pertenencias o identidades. Porque su llamado es profundo y es práctico, nació lejos pero es para aquí, viene de los siglos pero es para hoy.
¡Y vaya si hace falta en un mundo donde las fotografías que transmite un automóvil-laboratorio que surca Marte a 300 millones de kilómetros de la Tierra ya no asombran porque la atención pública se asusta con los riesgos helados del capitalismo financiero y se aterroriza con los atentados fanáticos: en Libia ayer, en Siria a cada rato! ¡Vaya si hace falta en tiempos donde los «sistemas» brujulean el medio ambiente, insultan la lógica, degradan el lenguaje y corrompen las costumbres escapando a todo sentido humano!
En ese contexto, agredido en su economía por la angurria de una Presidenta vecina, empobrecido en su cultura y a las vueltas con el remate de su Pluna, nuestro Uruguay angustiosamente necesita revitalizar a la persona, la familia y las relaciones humanas, instituciones todas nacidas mucho antes que el Estado que hay que volver a cimentar desde la base. Para ello, hace falta que tomemos en serio los fastos y dejemos de confundir laicidad con silencio sobre las religiones o prescindencia de lo espiritual.
El liberalismo no consiste en aceptar callados «la diversidad», olvidando las discusiones y angustias del espíritu sobre mitos, religiones, filosofías y poemas. Se llame tal o no, liberal es quien lee y oye al ajeno con oídos abiertos: en nuestro país, Carlos Vaz Ferreira sin religión defendió la religiosidad, Celedonio Nin y Silva sin ser hebreo publicó una inolvidable Historia del Pueblo de Israel; y en el mundo, Montesquieu puso mirada persa sobre las costumbres francesas, Ernesto Renán sin fe escribió sobre Jesús, Henri Bergson judío se acercó al tomismo, Ismael Quilés jesuita se adentró en el ideario de Buda… y últimamente Lu Marinoff liga filosóficamente a Aristóteles, Buda y Confucio con las exigencias actuales de personas y empresas.
La convivencia libre no consiste, pues, sólo en aceptar que el otro existe y proclamar que las discrepancias deben respetarse. Para que la libertad se haga fecunda, además de tener claros los límites externos de la tolerancia hace falta sopesar los aportes internos de los enfoques del otro, señalando errores, reconociendo cuotas de razón y ampliando, desde el diálogo, el horizonte de las coincidencias. La libertad no es sólo yuxtaposición descriptiva de los credos y los ritos: es comprensión de los sentidos profundos.
En el caso de Rosh Hashanah, esos sentidos profundos se ligan al origen de los Diez Mandamientos, que fueron una donación de luz, razón y esperanza que, sin ninguna agencia de la ONU, se abrió camino como fuente universal de la moral y el Derecho mucho más allá de la religión de Moisés.
Por todo eso, el augurio de estas horas debe ser para todos.