Los No Alineados de cháchara en Teherán

29/Ago/2012

El País, España, Jesús A. Núñez

Los No Alineados de cháchara en Teherán

Por: Jesús A. Núñez
¿Qué anima a representantes de 120 de los 193 miembros de la ONU a reunirse esta semana en Teherán? ¿Qué significa hoy el Movimiento de Países No Alineados (MPNA)? ¿Qué busca el régimen iraní asumiendo la presidencia de esa organización durante los próximos tres años? Son muchas más las preguntas que cabe plantearse con ocasión de la XVI Cumbre de una organización que fue creada en 1961, en un intento por desmarcarse tanto de Washington como de Moscú y mientras surgían decenas de nuevos países que se libraban (al menos aparentemente) del yugo colonial.
En su arranque fueron tan solo 28 los países miembros, pero el rápido proceso de descolonización y el liderazgo de personajes históricos como Tito, Nehru y Naser- pero también Sukarno, Ho Chi Minh, Velasco Alvarado y hasta Gadafi- lo convirtió en un actor de cierto peso en la escena internacional, al menos hasta la última década del pasado siglo. Hoy, por el contrario, cabe cuestionar incluso su propio nombre: ¿no alineado con respecto a qué? Recordemos que, a diferencia de aquella época marcada por la confrontación entre dos bloques con pretensión hegemónica, vivimos en un mundo globalizado en el que el liderazgo estadounidense es cada vez más cuestionado. El pensamiento único que desafortunadamente nos define implica, entre otras cosas, que todos estamos metidos en el mismo saco (incluso China, con sus dificultades para gestionar un modelo de centralismo político y de economía de mercado). No hay, por tanto, bloques a los que pertenecer. ¿A qué bloque pertenecen los 73 que no están en el MPNA?
No es fácil imaginar qué une a regímenes tan diversos como los de Venezuela e Irán, por un lado, con los de India, Chile o Indonesia, por otro, sin olvidar a otros tan poco presentables como Zimbabue o Guinea Ecuatorial. ¿Sobre qué base se puede determinar que Arabia Saudí o Bielorrusia son países no alineados? En cuanto a su discurso, bien puede decirse que se ha ido perdiendo por el camino la esencia de su no militarismo, antiimperialismo, no injerencia en asuntos internos y apuesta por un nuevo orden económico internacional. Visto así, la presencia de tantos representantes políticos en Teherán parece responder al ya habitual juego teatral de turismo diplomático que no lleva aparejado ningún coste.
Para el régimen iraní, por el contrario, el mayor evento político que ha organizado desde su arranque en 1979, sí tiene sentido. Atosigado por una presión internacional que en última instancia busca su caída, el régimen pretende hacer ver que no está aislado y que es capaz de movilizar no solo a figuras como el primer ministro indio Manmohan Singh y al presidente paquistaní Asif Ali Zardari- que tendrán así una nueva oportunidad para explorar un acercamiento que rebaje la tensión entre ambos países-, sino también al flamante presidente egipcio Mohamed Morsi- en la primera visita de un jefe de Estado egipcio a Irán desde la ruptura de relaciones provocada tras el reconocimiento egipcio de Israel en 1979. Igualmente simbólico es que finalmente el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, haya decidido no atender a las presiones estadounidenses e israelíes, apostando por avalar el encuentro con su presencia.
Entre los 688 artículos que conforman el borrador que los expertos han preparado (26 y 27 de agosto) para la reunión de los Jefes de Estado y de Gobierno (30 y 31) figuran asuntos tan diversos como la crisis de Paraguay, el cambio climático, el desarme, la condena del sionismo, la lucha contra el terrorismo (del que Irán se declara la primera víctima) o la reforma de la ONU. Pero el tema que mayor atención ha suscitado ha sido el referido a Siria, con Irán sumamente interesado en demostrar sus capacidades como facilitador para la resolución de un conflicto tan peliagudo como este. No cabe esperar que salga nada concreto de la Cumbre- ni sobre este ni sobre ningún otro asunto-, pero Irán habrá logrado librarse por un momento del retrato de paria internacional que le han colgado. Dadas las crecientes dificultades que sufren en todos los órdenes, los casi ochenta millones de iraníes pueden pensar, entre otros, que el esfuerzo no ha valido la pena… aunque hayan disfrutado de cinco días de vacaciones forzadas.