Muchas normas para los sauditas.
6-11-10
En El Cairo, MAGGIE MICHAEL/AP
La ideología que reina en Arabia Saudita queda a plena vista en el portal de internet del Consejo de Eruditos Religiosos, según el cual niños y niñas en una misma piscina «causan problemas y maldad» y llevarle flores a un paciente hospitalizado debe ser evitado «porque es una costumbre extranjera que imita a los adversarios de Alá».
Y esas fatwas, o edictos religiosos, provienen de un grupo de clérigos establecido por el gobierno que son los guardianes de la ultraconservadora escuela wahabita del islam. Pero existe también otro mundo de clérigos independientes que emiten sus propias interpretaciones, a menudo contradictorias, por medio de internet, la televisión y mensajes de texto.
Ahora el rey Abdullah está tratando de recuperar el control sobre esta abundancia de fatwas. Bajo un decreto real en agosto, solamente el panel oficial puede emitir fatwas que respondan a las preguntas de cómo los sauditas piadosos deben vivir.
El resultado: portales en internet y una estación televisiva por satélite donde los clérigos respondían a preguntas han sido cerrados o cesaron voluntariamente de emitir fatwas. Un clérigo fue amonestado públicamente por llamar a un boicot de una cadena de supermercados por emplear a mujeres como cajeras.
Algunos sauditas se preguntan si esto señala el camino hacia un código más liberal. Saad Sowayan, un historiador y columnista saudita, piensa que sí. «El Estado quiere ser el primero en formar la opinión pública, y esto sirve al asunto del secularismo y la modernidad», dijo.
Pero muchos de los poderosos clérigos del consejo son conservadores. Además de los estrictos edictos sobre moralidad, ellos refuerzan una postura en la que no musulmanes e incluso musulmanes liberales y chiítas son infieles, y sus posiciones sobre la jihad difieren muy poco de las de Al Qaeda.
El portal del consejo tiene miles de fatwas, algunas de más de una década, y decenas más son añadidas cada mes.
El wahabismo, mucho más estricto que las versiones del islam seguidas en la mayoría de los países musulmanes, es conocido por una segregación casi obsesiva de los sexos, su insistencia en la pureza ideológica y sus severas sentencias, como decapitaciones y amputaciones de manos por algunos delitos. Es además la ley de Arabia Saudita, donde clérigos son jueces en los tribunales, la policía religiosa impide que mujeres y hombres no relacionados se mezclen y las mujeres tienen prohibido conducir automóviles.
El rey Abdullah ha dado algunos pasos hacia la modernización. En una decisión que causó la furia de algunos wahabíes, por ejemplo, el monarca inauguró el año pasado la primera universidad en la que mujeres y hombres estudian en las mismas aulas.
Pero ajustar el sistema es riesgoso, a causa del delicado equilibrio que yace en el corazón de Arabia Saudita: la familia real y los clérigos se respaldan mutuamente.
En teoría al menos, el nuevo monopolio del consejo sobre las fatwas podría ayudar a Abdullah si su objetivo es implementar más reformas colocando primero en el consejo a clérigos más liberales dispuestos a darle más respaldo religioso. El rey pareció dar un indicio de ello el año pasado, cuando nombró por primera vez a cuatro clérigos no wahabitas, incluyendo un sufi, algo notable, dado el odio de los wahabis por el sufismo.
Por otro lado, algunos de los clérigos independientes ahora prohibidos han emitido fatwas más moderadas que aquellas de los clérigos oficiales; hombres como Adel al-Kalbani, que retó la prohibición wahabi de la música diciendo que ésta es permitida siempre que la letra no promueva el pecado.
El analista político saudita Turk al-Hamad dice que limitar los derechos de fatwa al panel oficial no es suficiente. «El Estado tiene que intervenir. La jerarquía religiosa goza de libertad total. Eso no es aceptable», dijo al-Hamad.
Hizo notar los fallos del consejo de clérigos sobre la jihad, o guerra santa, algunos de los cuales son lo suficientemente ambiguos como para ser interpretados en portales pro Al Qaeda como una aprobación de la violencia a nombre del islam.
«Si uno respalda la jihad, eso significa que busca una guerra con el resto del mundo», dijo al-Hamad.
Clérigos islámicos en todo el mundo emiten fatwas regularmente. Éstas varían en tono y opiniones, y los individuos pueden optar cuáles siguen. Las fatwas de otras partes de Medio Oriente tienen a ser más moderadas, pero el consejo saudita es influyente, pues el reino es hogar de los sitios más sagrados del islam y sus riquezas petroleras aumentan la influencia.
Los miembros del consejo son nombrados por el rey para períodos de cuatro años. El gobierno generalmente no interviene en las opiniones de los clérigos, pero un miembro del consejo fue expulsado en el 2009 por criticar la universidad mixta, un proyecto de Abdullah.
Por otro lado, uno de los clérigos independientes más conservadores del reino aún emite fatwas, sin que haya habido represalias. El clérigo Abdul-Rahman al-Barrak respalda el jihad y en febrero causó conmoción al decir que quienes abogan por eliminar la segregación de los sexos deberían ser ejecutados.
«Ésta no es una reforma de la jerarquía clerical», dijo Christopher Boucek, un experto de Arabia Saudita en el Carnegie Endowment for International Peace, del decreto real. «Es un proceso para institucionalizar y burocratizar el Estado».
Raíces del wahabismo
El wahabismo se instauró en Arabia de la mano de Muhamad Ibn Saúd hace cerca de 250 años. Este convirtió en la ley de sus dominios (casi toda la península arábica) la educación religiosa de los wahabitas, secta fundamentalista creada por Muhamad Ibn al-Wahab.
Lo que no se puede
08/Nov/2010
El País, Que Pasa