22-7-2012
ANÁLISIS
Los rebeldes sirios son una fuerza poco unificada que incluye a la red Al Qaeda
EFE
RICARDO J. GALARZA ESPECIAL PARA EL OBSERVADOR
Fue un golpe de manual guerrillero: espectacular y a un tiempo desmoralizante para las fuerzas del régimen sirio de Bachar al Asad.
El miércoles, un topo rebelde, integrante de la guardia de custodios de Al Asad, logró birlar los controles en la sede de la Seguridad Nacional en Damasco y plantar poderosas bombas en la sala donde se reunía el gabinete de guerra del régimen.
Los estallidos cobraron la vida de los más encumbrados pretorianos de Al Asad: el ministro de Defensa, Daoud Rahja; el viceministro, Asef Shawkat, cuñado de Bachar; el general Hassan Turkmani, encargado del aparato de represión; y el propio jefe de la Seguridad Nacional, Hisham Bejhtyar. Además de dejar herido de gravedad al ministro del Interior, Ibrahim al Shaar.
Se trató sin duda de un golpe demoledor para el régimen. Pero lo preocupante es que el atentado fue reivindicado tanto por el Ejército Libre Sirio como por el grupo islamista Liwa al Islam (la Brigada del Islam), una organización fundamentalista sunní seguramente vinculada a Al Qaeda.
Esto ha puesto en evidencia las fracturas al interior de las fuerzas de oposición y algunos de sus rasgos más alarmantes, notoriamente la posible presencia de facciones terroristas en sus filas, o al menos como compañeros de ruta en la lucha por derrocar al régimen. Y una cosa es voltear al tirano y otra, tener en esa empresa amigos literalmente de terror.
Como sea, el Ejército Libre Sirio ya es una mezcla bastante poco unificada de varios grupos rebeldes que se extienden por el territorio sirio bajo cinco comandos diferentes, que rara vez se ponen de acuerdo y hasta compiten por la ayuda en armas y fondos del exterior.
El coronel Riad al Asad, un desertor que fundó el Ejército Libre Sirio, ha tratado de unificar las fuerzas rebeldes bajo un solo comando desde setiembre pasado sin ningún éxito. El Frente Rebelde Sirio, el otro grupo armado numeroso de la resistencia, nunca se avino a la unidad de comando.
Y precisamente la unidad de comando es uno de los principios fundamentales de la guerra.
La situación actual de las fuerzas rebeldes sirias se está pareciendo demasiado a la de los guerrilleros afganos durante la invasión de la URSS en los ochenta, cuando estaban dispersados en cuatro comandos desconectados entre sí y que solo pudieron derrotar a los soviéticos después de que Estados Unidos les enviara los misiles Stinger, en aquella famosa operación de Washington, a través del servicio secreto Pakistiní, con la intervención de Osama bin Laden.
Por si fuera poco, en Siria, además de Liwa al Islam, existen varios grupos fundamentalistas de conocidas prácticas terroristas, como los Rebeldes de Siria, Al Qaeda en Siria y otros, que ensombrecen el panorama de las fuerzas opositoras.
Tal vez sea por todo ello que hasta ahora no han logrado ocupar ninguna porción significativa del territorio sirio.
Aunque su ataque a Damasco la última semana les ha redituado una importante victoria moral. La incursión de los rebeldes en la ciudad omeya ha tenido un efecto desestabilizador para el régimen, que ha debido replegar fuerzas de la periferia para proteger su principal bastión.
El cambio de táctica de las fuerzas rebeldes —de ataques frontales para liberar poblaciones y ciudades, en los que habían fracasado una y otra vez, a esta guerra de guerrillas— les ha granjeado sus mayores logros, por lo menos en términos de percepciones.
Estas a veces son tan importantes como la propia realidad en una guerra asimétrica y podrían aumentar las deserciones del régimen, tanto en el entorno alauita de Al Asad como en la elite sunní que ha sido su sostén. La percepción es que los rebeldes le han asestado un golpe letal al corazón mismo del régimen y que Al Asad se tambalea en el poder.
El gran interrogante es ahora cómo va a responder Al Asad: si cederá, buscando una salida con exilio, o si lo hará con más violencia.
La experiencia con otros dictadores árabes nos dice que recurrirá a esta última, con lo cual, entre las armas que recibe de Rusia y las que se suministran a la oposición desde Turquía, Catar (y solapadamente desde Estados Unidos), aquello se puede convertir en un baño de sangre de proporciones nunca vistas.
De todos modos, lo que parece seguro a esta altura es que la caída de Al Asad se producirá más tarde o más temprano, con más o menos muertos en las calles. Y a la luz de lo que muestran ahora las diferentes facciones de la oposición, cabe preguntarse cuál será el régimen, o la situación (por llamarla de alguna manera), que sobrevendrá en Siria después de esta sangrienta guerra civil. El horizonte, ciertamente, no se vislumbra muy halagüeño ahora mismo.
¿Qué viene después de Al Asad?
23/Jul/2012
El Observador, Ricardo J. Galarza