En su residencia de la calle Maldonado conviven obras de arte junto a un sinfín de libros de filosofía, historia y judaísmo, tableros de ajedrez, y elementos que hacen a la vida moderna: la computadora, el televisor y el reproductor de dvd. El artista Clever Lara disfruta con humildad y sencillez de todo ello. Su mirada y su hablar tranquilo lo demuestran.
En sus obras no aparecen explícitamente elementos judíos. Sin embargo, Lara reconoce que sus intereses de otros ámbitos influyen en sus representaciones aunque no sea de forma literal.
Tampoco aparece el ajedrez, juego que lo apasiona y al que define como “un modo de conocerse a uno mismo y también de conocer con quién jugás”. Confiesa que tanto en el ajedrez como en la cabalá “cuando veo a qué estoy enfrentado digo que no lo domino”.
En 1986 en un encuentro de artistas llevado a cabo en el marco de una muestra itinerante que en ese momento se exponía en Israel, concurrió a una charla sobre cabalá que tuvo lugar en la mística ciudad de Safed. A partir de ese momento comenzó a profundizar sobre el tema e incluso asistió a algún curso. “Aprendí por contactos personales provenientes del mundo judío y lecturas sugeridas por gente que conoce del tema”. Considera a la cabalá como muy interesante ya que “entrás a comprender que cada cosa nueva que incorporás modifica las relaciones preexistentes que conocías”.
Reconocimiento. La beca Guggenheim le dio la oportunidad, en 1984, de estudiar grabado en metal en el Pratt Graphic Center de Nueva York con el diseñador David Finkbeiner, a su vez alumno del artista uruguayo Luis Camnitzer. En el ´89 regresó a Nueva York seleccionado por la Fund for Artists Colonies, junto a los artistas nacionales Ignacio Iturria y Nelson Romero, siendo tres uruguayos, en un total de 15 artistas, los que participaban de la iniciativa. Incluso los contactaron del Museo de Arte Moderno de Nueva York porque les llamaba la atención que tres artistas de un país muy pequeño estuvieran participando al mismo tiempo en esta colonia artística.
En la década del setenta fue “como espectador” a la Bienal de San Pablo. “La sensación que tuve cuando volví fue que no habían pasado 15 días sino diez años”. Esa primera experiencia le “movió el piso” a Lara aunque reconoció que cada bienal fue un “sacudón” para él. “Tenés que darle chance para que las cosas diferentes te hablen, se comuniquen contigo”.
En 1981 expuso en la Bienal de San Pablo, junto con el fotógrafo Alfredo Testoni, y los artistas Jorge Casterán y Cabrerita (Raúl Javiel Cabrera); en el ´84 estuvo en la Bienal de Venecia; “nuestro país estaba en dictadura y vi el pabellón uruguayo totalmente cerrado y deteriorado; hacía como diez años que nadie participaba y no tenía la menor idea que dos años después junto a Luis Arostegui íbamos a reabrir ese pabellón”.
Asimismo, fue comisario (responsable) de la representación uruguaya en la Bienal Internacional de Arte de Venecia, en 1997, 1999 y 2001.
La tarde comienza a caer y Lara se vuelve a internar en sus libros. Menciona que está leyendo al teórico judeoalemán Walter Benjamin y recuerda que éste se carteó con uno de sus autores favoritos, Gershom Sholem. Sus tableros y piezas de ajedrez esperan, celosos, que luego se dedique a ellos.Autor del artículo: Lic. Martín Kalenberg