hoy comenzará a ser velado en la casa rosada; el sepelio se realizará mañana al mediodía en río gallegos
El fin de una era
A los 60 años, tras un ataque cardíaco fulminante, ayer falleció Néstor KIrchner. Con él se fue el hombre que manejó el poder de Argentina desde 2003 hasta hoy
Por Ignacio Chans de la Redacción de El Observador
28-10-10
A la hora 10.15 de ayer, una de las eras políticas más importantes de la historia de Argentina se cortó abruptamente. Tras dos infartos masivos –mientras su país iniciaba la jornada de su censo nacional–, dejó de existir Néstor Kirchner, el ex presidente desde 2003 a 2007, el esposo de la actual presidenta Cristina Fernández y el hombre que manejó los hilos del poder de Argentina hasta estos días.
Fue en su propia residencia, en El Calafate, cuando el político de 60 años sufrió una descompensación y ya no pudo ser reanimado, mientras era trasladado de urgencia al hospital José Formento de aquella localidad del sur argentino, en la que nació y en la que se hizo grande políticamente.
A todo o nada. Con él se fue el hombre que moldeó la política argentina a la salida de la crisis más grave de su historia, y que inició un proceso político lleno de enfrentamientos, odios, tumultos y guerras de poder, y donde cada jugada fue a todo o nada. Quien logró que Argentina ingresara en un camino de recuperación económica tras ver de cerca el abismo en 2001, quien puso en marcha políticas sociales históricas y quien revirtió los pasos atrás que se habían dado durante el menemismo en el tema derechos humanos.
Pero también murió quien fue acusado de enriquecimiento ilícito, quien inició una campaña sin precedentes contra la libertad de prensa, que elevó el costado autoritario del peronismo hasta límites insólitos. Quien se embarcó en un grave enfrentamiento con Uruguay, hasta embanderarse con los ambientalistas que cortaban un puente binacional, y quien subordinó la institucionalidad argentina a los objetivos que trazó para su gobierno, incluido el derrumbe de la credibilidad de las cifras económicas, que hizo imposible medir a ciencia cierta cuál fue la recuperación real.
imbatible. Murió justamente el hombre que se encargó de construir una imagen férrea, de autoridad absoluta y de liderazgo total, casi de imbatibilidad e inmortalidad. Fue su salud, que muchos avisos le pasó en los últimos tiempos, quien detuvo el corazón de Kirchner, y del kirchnerismo entero, al menos como herramienta política forjada en su liderazgo personal.
Murió el hombre que llegó a ser presidente con menos porcentaje de votación (apenas el 22%) pero que se benefició de la renuncia de su contrincante Carlos Menem al balotaje para arribar a la Casa Rosada, en medio de unas elecciones caóticas y de opciones políticas balcanizadas, apenas a la salida de la crisis de 2002. Justo el hombre que llegó con menos poder a la Presidencia, fue quien lo hizo crecer casi al infinito, aun a costa de distanciarse de muchos de sus mentores y compañeros de ruta.
Últimas horas. La noticia empezó a trascender en la mañana, luego de su traslado a la clínica. Era el tercer aviso.
Con el correr del día las versiones de los medios fueron dando detalles de los últimos minutos. Se dijo que el ex presidente se desvaneció, que Cristina fue la primera en socorrerlo, que desesperada pidió ayuda a la custodia y que, tras algunos intentos infructuosos de reanimación, fue trasladado de urgencia al hospital local. Sin embargo a las 10.15 de la mañana, dejó de existir. A partir de allí la presidenta, sus asesores y los principales ministros tuvieron que reaccionar friamente para pensar en cómo dar la noticia. Pero el rumor ya era imparable, y aproximadamente a las 10.40 (11.40 de Uruguay) se conoció la noticia: había muerto Néstor Kirchner.
Entonces llegó el shock, la sensación de incredulidad y de desconcierto. Sus seguidores hicieron patente su dolor, en las calles, en los medios y en las redes sociales, levantando su bandera, ya la de un líder eterno. Le agradecieron su carisma, su aire de loco capaz se enfrentarse a los poderosos, ese político con aire desprolijo que le había hecho frente al statu quo, así fuera el FMI o Clarín.
También, en ese país tan particular, se escucharon las voces de ciudadanos felices por la muerte de la persona en quien resumían todo lo malo que podía tener la Argentina, hasta completar una caricatura tan malvada como insólita.
Los políticos respondieron de otra forma. Todos con el dolor que no demostraron en sus anteriores quebrantos, cuando guardaron un cauteloso silencio, conscientes de que un político de raza como Kirchner podía usar hasta su propia debilidad física como activo político.
Pero ayer murió el político. Por eso, sus adversarios se encargaron de decir que era la hora de pensar en la persona, y en la presidenta, que vive por estas horas el momento más duro de su vida.