31-5-2012
LA HISTORIA ERRANTE DE LA HAGADÁ SEFARADÍ, DESDE BARCELONA A SARAJEVO
En el Museo de Sarajevo- Museo Nacional de Bosnia y Herzegovina, se halla expuesta al público la Hagadá, uno de los manuscritos hebreos más antiguos de Europa, escrito entre 1350 y 1370 en España, en los alrededores de Barcelona. Su valor en el año 1991 era de siete millones de dólares. El manuscrito fue llevado a Bosnia por una familia sefardita que se refugió en el Imperio Otomano después de la expulsión de los judíos de España en 1942.
El presidente de la comunidad judía en Sarajevo Jakov Finci, señaló que es la primera vez en 650 años que este manuscrito de 109 páginas y de autor desconocido, es expuesto al público. «Lo que convierte en algo especial a la Haggada sarajevita son sus ilustraciones que siguen fielmente el texto del Antiguo Testamento» explicó Finci que representa a unos mil hebreos, descendientes de sefarditas, que aún viven en Sarajevo.
La decisión de mostrar al público esta reliquia -el más preciado de las tres Hagadas existentes-, con la firma de un acuerdo entre las autoridades bosnias, los representantes de la comunidad judía de Sarajevo y de las Naciones Unidas que financió el proyecto.
Por tradición el texto que contiene la Hagadá y que relata la huida de Egipto, lo lee toda familia judía antes de iniciar la cena de la Pascua hebraica que se celebra a fines de marzo. El manuscrito en cuestión fue comprado por el Museo de Sarajevo en 1894 a una familia de apellido Coen, por la suma de 150 florines de la época. Hoy es valorado en más de siete millones de dólares.
En 1942 al inicio de la ocupación nazi, el manuscrito fue salvado por el director del museo, quien interrogado por el comandante alemán, general Johann Fortner, exigiendo su entrega para ser enviado a Berlín, contestó con cara de sorpresa: «se lo entregué hace dos horas a uno de vuestros oficiales». No era verdad y logró sacarlo del museo sin que los nazis se diesen cuenta y llevarlo a una localidad del monte Bjelasnica, en los alrededores de Sarajevo, donde permaneció enterrado hasta el final de la II Guerra Mundial, bajo la puerta de una mezquita.
En 1992, al inicio de la guerra, la Hagadá fue escondida en la caja fuerte del Banco Central de Sarajevo, porque el museo quedó en la primera línea de fuego, al igual que la Biblioteca Nacional que fue uno de los primeros blancos de la artillería serbia destruyendo un invalorable patrimonio cultural. En 1995, en ocasión de la Pascua judía y por orden del presidente bosnio, Alija Izetbegovic, el manuscrito fue trasladado a la sinagoga de Sarajevo, para demostrar que no había sido vendido para comprar armas, como sostenían algunos medios informativos occidentales.
La decisión de Izetbegovic provocó serias protestas entre los responsables de los bienes culturales bosnios y la renuncia del director del museo Enver Imamovic: «Con todos los espías que existían, fue muy arriesgado llevarla. Hubiesen podido destruir el auto de la policía que la trasladó o aún peor, hacer blanco en la sinagoga destruyendo la Haggada y matar a todos los presentes en la ceremonia», explico tiempo atrás Imamovic.
Hoy resulta casi una blasfemia que los serbios de Bosnia exijan «un tercio» de su valor cultural, pidiendo que la Hagadá sea expuesta durante cuatro meses en su capital, Banja Luka. Jakob Finci respondió a la petición afirmando que «lo mejor es que se deje donde está».
*La historia de este manuscrito representa un ejemplo de solidaridad entre hebreos y musulmanes*