30-5-2012
Las gestiones diplomáticas de Naciones Unidas y la condena mundial han fracasado en abatir las atrocidades con que el presidente sirio Bachar al Asad masacra hasta a niños pequeños en sus intentos de reprimir el levantamiento de una población harta del yugo dictatorial. El eslabón más reciente en la cadena sanguinaria de Al Asad fue el asesinato de por lo menos 116 personas, incluyendo 32 niños y una mayoría de mujeres, por fuerzas del régimen en la localidad de Houla, en el centro del país. La masacre, que dejó además unos 300 heridos, fue un nuevo quebrantamiento gubernamental del cese del fuego que había negociado trabajosamente Kofi Annan, ex secretario general de la ONU enviado por esa organización y la Liga Árabe para mediar en la guerra civil siria.
Las presiones internacionales se acumulan sin resultados prácticos. El Consejo de Seguridad de la ONU condenó los ataques del viernes. El presidente francés François Hollande y el primer ministro británico David Cameron emitieron un comunicado conjunto contra «la locura mortífera del régimen de Damasco», que «representa una amenaza para la seguridad regional». La secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Cliton, reclamó que hay que «intensificar la presión sobre Asad y sus compinches» y castigar a «los que perpetraron esta atrocidad». Y Nabil al Arabi, secretario de la Liga Árabe, que congrega a todos los países árabes del mundo, exigió que la ONU «debe adoptar las necesarias medidas inmediatas para que cesen los asesinatos que perpetran los grupos armados y las fuerzas del gobierno sirio».
El régimen de Damasco afirma ser inocente y asegura que las muertes fueron causadas por los rebeldes que lo combaten desde hace más de un año en procura de cierto grado de libertad y democracia, como han logrado otros países desde los levantamientos de la «primavera árabe» iniciada en Egipto con el derrocamiento de Mubarak. Pero nadie le cree a Al Asad, excepto, previsiblemente, el gobierno de Irán, otro factor desestabilizador de la paz mundial, que llegó al absurdo de responsabilizar a Estados Unidos por la matanza.
Annan voló apresuradamente a Damasco para un encuentro con Al Asad, para tratar de convencerlo de que deje de matar civiles inocentes. Es un empeño desesperanzado, dadas las reiteradas violaciones del gobierno sirio al cese del fuego y su violencia represiva, que desde marzo del año pasado ha causado más de 10 mil muertos. La realidad de que es una misión imposible hacer entrar en razón a Al Asad obliga al resto del mundo a decidir acciones más directas y efectivas para terminar con una dictadura que mata sin contemplaciones a sus propios ciudadanos civiles para seguir aferrándose al poder. Es necesario que Rusia cese en sus ventas de armas al régimen de Al Asad y que se profundice el aislamiento total a un régimen oprobioso. La opción de una intervención militar internacional es siempre indeseable e incierta, como lo demostraron en los últimos años la invasión de Estados Unidos a Irak y el fracaso de las fuerzas de la ONU en la guerra de Afganistán. Pero llega un momento en que el mundo civilizado debe decir basta.