La guerra pendiente

03/May/2012

El País, Uruguay, Claudio Fantini

La guerra pendiente

3-5-2012
LA BITÁCORA
CLAUDIO FANTINI
Siempre fue una señal intermitente, aunque tal vez no vuelva a mostrar su luz roja hasta noviembre. Es difícil descartar que, después de la elección en EE.UU., haya un ataque aéreo israelí sobre Natanz, Arak, Izfahán y demás puntos de Irán donde el régimen de los ayatolás desarrollaría la faz militar de su plan nuclear. La única concesión de Netanyahu a Obama sería esperar hasta después de los comicios presidenciales. Dice que, para Israel, impedir que Irán tenga bombas atómicas es existencial. Según el premier, de tener ojivas atómicas, el tándem Jamenei-Ahmadinejad las lanzaría sobre urbes judías.
No obstante, esta certeza deja dudas. Sucede que, para que un país pueda lanzar un ataque nuclear no necesita fabricar bombas atómicas. Antes, nadie podía tener esas armas si no las producía, pero hoy es posible comprarlas a estados parias, como el norcoreano, o incluso adquirirlas a traficantes de resabios soviéticos. Además, es posible que Irán no quiera fabricar bombas atómicas, sino estar en condiciones de hacerlo cuando lo considere conveniente. Esto es, precisamente, lo que desvela a Israel y a los países árabes de Golfo, los únicos entusiasmados con un ataque contra Irán. Poseer un arsenal o contar con la posibilidad de producirlo, daría al régimen el liderazgo regional que busca, sin éxito, desde que Jomeini derribó al sha Reza Pahlevi.
Israel y las monarquías árabes probablemente no teman un ataque nuclear, sino un liderazgo regional del chiismo persa. Para el resto del mundo, la consecuencia de un ataque a Irán no compensa sus daños colaterales. Siendo una potencia petrolera, el conflicto provocaría una trepada de los precios internacionales del crudo (otro aliciente para los reinos del Golfo) impactando en la economía china, en momentos de desaceleración, y en las economías de Europa y Japón, en momentos de fuerte crisis recesiva. La situación para los países que no tienen petróleo es de por sí grave, debido a la virtual guerra abierta que se está insinuando entre Sudán y Sudán del Sur, cuyo campo de batalla es la región petrolera del territorio sudanés. Que las economías de China, Japón y Europa sufran las consecuencias de un conflicto irano-israelí podría ser, finalmente, lo único en condiciones de impedir que estalle.