Egipto: democracia sí, pero bien vigilada

25/Abr/2012

La República, Egon Friedler

Egipto: democracia sí, pero bien vigilada

25-4-2012
EDITORIAL
Egon Friedler, Periodista
Parece un chiste pero no lo es: el futuro de la democracia en Egipto depende del equilibrio entre dos fuerzas profundamente antidemocráticas, los islamistas y el Ejército. Teniendo en cuenta el poder de arbitraje del Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas (SCAF) nadie duda de que el gobierno que emerja del pronunciamiento popular será una democracia tutelada.
Egipto vive un caldeado clima electoral en las vísperas de las elecciones presidenciales del 23 de mayo. Observadores extranjeros señalan que en más de medio siglo de predominio militar, nunca se había vivido un clima de pluralismo político y de competencia entre tendencias diversas como el actual. Pero la euforia democrática tiene sus límites.
La Comisión Electoral, designada por los militares, descalificó a 10 candidatos, entre ellos tres de los más populares: Khairat el-Shater, el líder de la Hermandad Musulmana, el islamista radical Hazem Abu Ismail y Omar Suleiman, vicepresidente y ex jefe de Inteligencia del depuesto presidente Mubarak. Quedan como favoritos en la contienda el ex canciller de Mubarak y ex secretario general de la Liga Árabe, Amr Moussa, y un disidente de la Hermandad Musulmana, Abdel Moneim Abolfotoh. Por su parte, la Hermandad Musulmana ya tenía un candidato alternativo en caso de descalificación de Shater, Mohammed Morsi. Esto no quiere decir, por supuesto, que la Hermandad haya aceptado de buen grado la eliminación de su candidato preferido. Manifestaciones masivas de protesta en la Plaza Tahrir que llevaron a la calle a decenas de miles de disciplinados partidarios de la Hermandad pusieron fin a una especie de entendimiento tácito entre el Ejército y la organización islámica. Pero las protestas no lograron anular la descalificación de su candidato ni sirvieron para revertir otra derrota: la decisión judicial que eliminó la comisión parlamentaria encargada de redactar una nueva Constitución. La razón fue muy clara: la Comisión estaba dominada por islamistas que insistían en una Constitución claramente dominada por la sharia.
El panorama electoral está muy lejos de ser claro. Si nos atenemos al resultado de las elecciones parlamentarias, el próximo presidente será un islamista. Pero la situación es muy fluida.
En un artículo de análisis, uno de los columnistas del diario panárabe de Londres “Asharq Alawsat”, Mahari al-Zaydi, describe en estos términos la situación: “El conflicto en estos momentos no se plantea entre islamistas y seculares, ni entre los islamistas y los remanentes del ex Partido Nacional Democrático, ni entre los islamistas y la gente común cansada de la actual situación de ansiedad y caos, o entre los islamistas y los liderazgos tradicionales en las aldeas y las zonas rurales; la disputa en estos momentos enfrenta a los islamistas entre ellos. ¿Qué significa esto en el lenguaje de la política y los intereses? Significa que cuando los intereses, los beneficios prácticos y las interpretaciones realistas llegan a un primer plano, entonces la retórica idealista utilizada comienza a desvanecerse”.
No es sorprendente en esta realidad que el gran atractivo popular de la Hermandad Musulmana comience a desgastarse. Una encuesta realizada a comienzos de mes por el centro Al Ahram de Estudios Políticos y Estratégicos indicó que un 45% de los votantes de la Hermandad en las elecciones parlamentarias no volvería a votarla en las presidenciales.