Una expresión de intolerancia racista

18/Abr/2012

Bitácora, Carlos Santiago

Una expresión de intolerancia racista

16-4-2012
OTRA MUESTRA DE LA FRUSTRACIÓN URUGUAYA
Por Carlos Santiago (*)
Lo más fácil y lo más hipócrita en este caso escandaloso es atribuir sólo a veinte o treinta imbéciles, forajidos, pobres diablos, que se llaman desadaptados (en otro país, neonazis) sin probablemente saber siquiera qué es ni qué fue el nazismo.
Pero ellos no son más que la avanzadilla más repelente de una cultura de la antigua tradición de la intolerancia que repite con odio consignas, del peor pasado del mundo moderno cuando se impusieron en Alemania las hordas hitlerianas responsables de uno de los holocaustos más trágicos de la historia de la humanidad.
Lo difícil es desentrañar y llegar a conclusiones válidas de los síntomas que están apareciendo en nuestra sociedad, para combatir las causas profundas que están en esa enfermedad nacional que es la intolerancia.
Los hechos ocurridos el lunes pasado en el partido Hebraica – Aguada, un dechado de virtudes deportivas y un notable enfrentamiento deportivo, emotivo que estuvo disputado hasta el último momento, no son más que la repetición de lo que ocurre cada fin de semana de lo que son protagonistas las hinchadas de fútbol, que hoy deben ir separadas en distintas tribunas, muchos de sus integrantes que se identifican con camisetas y símbolos que tienen otro denominador común, la droga.
Grupos que vociferan consignas ofensivas durante horas y semana a semana destrozan las instalaciones de las canchas que visitan. Sobre el punto sería bueno recibir un informe de las autoridades de CAFO, que deben reconstruir baños que son destruidos en expresiones vandálicas inexplicables, que claramente expresan un odio despedido contra todo lo establecido. Y esto ocurre todo el tiempo, como también cuando se plantean enfrentamientos con otros hinchas, se arrancan butacas para ser lanzadas como proyectiles.
Las autoridades, como el negocio es (o debe ser) suficientemente rentable, dejan que las tribunas sean perímetros de expresiones bestiales y nos les importa, además, que se aleje a los espectadores pacíficos que ya no pueden asistir a muchos espectáculos deportivos. Imagino que alguien piensa que los energúmenos y desacatados debieran ser tenidos a una distancia preventiva de los seres normales porque corrompen al cuerpo social sano y lo inducen a la violencia. Pero, realmente, ¿alguien hace algo en contra de todo esto? Esa pasividad de los responsables del orden público nos lleva a pensar: ¿Dónde está quedando la calidad de vida de los uruguayos?
Ante estas expresiones de intolerancia, las ideologías políticas se funden en un solo ente de prejuicio, fanatismo y estupidez que los directivos de Aguada o quienes sean los involucrados en su momento, no resuelven – pobre de ellos – lavándose las manos con tibias declaraciones repudiando los hechos. Daba lastima escuchar a un directivo de ese club repudiar, casi con timidez, tratando de salvar la responsabilidad de Aguada de los desmanes racistas.
Creemos que el primer mensaje que debió dar ese directivo, en lugar de desligar a su club de esa estupidez humana, debería haber sido asegurar a la población medidas ejemplares, expulsiones de los registros societarios de los responsables y, por supuesto, denuncias policiales y judiciales, para que los organismos adecuados impartan justicia aplicando la ley en estos casos. Aunque dudamos que la “ley” hiciera algo medianamente adecuado para torcer hechos de esta gravedad que nos está destruyendo la sociedad.
Se hace poco, casi nada, en contra el crecimiento exponencial de la delincuencia juvenil, con ejemplos nítidos que se han producido en los últimos días, utilizando vericuetos legales, plazos que se vencen, para dejar libres a asesinos que cometieron atrocidades. ¿Estos jueces qué harían con estos estúpidos que expresan un racismo insultante ante una simple frustración deportiva?
Sabemos bien en lo que se refiere a la intolerancia, la izquierda y la derecha se confunden como una sola entidad devastada por el prejuicio y la estupidez. No solo la derecha tramontana se opone con terca insistencia y plantea problemas raciales. En Uruguay el afro descendiente, quienes hablan distinto y muchos más siempre han sido discriminados. Incluso existe la discriminación por sexos y ni hablar de la homofobia. Hay encuestas que reafirman y confirman lo que decimos.
Porque, en lo que se refiere a la homofobia, la izquierda y la derecha se confunden como una sola entidad devastada por el prejuicio y la estupidez. No sólo la Iglesia católica y las sectas evangélicas repudian al homosexual y se oponen con terca insistencia al matrimonio homosexual. Los dos movimientos subversivos que en los años ochenta iniciaron la rebelión armada para instalar el comunismo en el Perú, Sendero Luminoso y el MRTA (Movimiento Revolucionario Tupac Amaru), ejecutaban a los homosexuales de manera sistemática en los pueblos que tomaban para liberar a esa sociedad de “semejante lacra” (ni más ni menos que lo hizo la Inquisición a lo largo de toda su siniestra historia).
Ni hablar de uno de los períodos más oscuros de la revolución cubana, que castigaba a los homosexuales y los confinaba. La voz trágica y resonante fue la de Reinaldo Arenas.
Personalmente hemos sufrido también muestras de hostilidad y vivido la intolerancia por la simple tendencia a pensar con libertad e independencia en nuestra labor periodística. Durante un tiempo escribimos en un blog publicado por un importante portal que aparece en Internet. Allí expresábamos nuestro pensamiento, muchas veces con opiniones contrarias a las políticas oficiales.
Eran tales las diatribas que recibíamos, la intolerancia que se mostraba y expresaba en el insulto y no en la argumentación constructiva, que dejamos por un tiempo de hacerlo. Muchos uruguayos mostraron allí una incapacidad casi absoluta para la participación polémica, para el debate. Lo mayoritario – no lo único, porque también hubieron expresiones de disidencia altamente interesantes o aleccionadoras – fue el insulto, el buscar la minucia en el texto para tratar de ridiculizar al autor. Entonces bajamos la guardia y le dimos el gusto a los intolerantes, dejando de escribir. Intolerantes que muchas veces se escudaban en un seudónimo. ¡No valía la pena seguir!
Tampoco estábamos dispuestos a cerrarle la posibilidad a los lectores a expresarse, pues ello va en contra principios esenciales de nuestra vida, que es la defensa absoluta de la expresión libre, sin cortapisas. Sin embargo no valía la pena, entendimos, ser cartón ligador sin tener la capacidad de utilizar las respuestas para una polémica seria: la mayoría de las respuestas mostraba intolerancia.
Por ello ahora, ante este otro estallido de intolerancia estúpida que se produjo en el partido Hebraica – Aguada, lo que ocurre también cuando hinchadas fanatizadas copan alguna de las tribunas del Centenario, reiteramos nuestra alarma. Nos referimos también a lo que se vive en cada parque público, perdido como paseo de distensión que era utilizado en el pasado por ciudadanos de todos los sectores para escapar de las exigencias de lo cotidiano.
Hoy ni siquiera se puede transitar con tranquilidad por un parque, siendo conocido en que en Rodó una banda de más de una decena de menores asaltaba a los transeúntes. Podríamos contar lo que ocurre a la caída del sol en el parque Batlle y Ordóñez o cualquier otro, que hoy es un coto vedado como paseo recreativo de las familias o las personas.
¿Por qué ocurre esto? ¿La IMM es incapaz de organizar una mínima seguridad, con apoyo policial, en estos lugares, para impedir que sea coto de actividad de los delincuentes? Es lamentable pero es evidente que la Justicia, claramente “garantista” y benévola, con sus métodos está haciendo que los uruguayos nos encerremos cada día con más fuerza tras más rejas separándonos de un mundo que vemos por televisión y en que ocurren cosas, como en una final de basquetbol (que debió haber sido una fiesta), en una muestra de la más absoluta intolerancia antisemita, producto de una incapacidad cultural que es de la sociedad en su conjunto que debió repudiar masivamente esas expresiones brutales. Sin embargo en las redes sociales muchas expresiones de odio fueron del mismo tenor nazista, gravísimas en su forma y contexto para una democracia como la uruguaya.
La estupidez que hemos visto por estos días enquistada en nuestra sociedad es de una profundidad inédita, expresa una intolerancia que ya conocíamos pero que no habíamos enfrentado en toda su plenitud en su cara nazi-fascista. Y estoy seguro que esa barra de desacatados que gritaban los improperios era una expresión horizontal de nuestra sociedad, con integrantes de todos los sectores políticos y clases sociales. Fue una expresión racista pura.
Lo que hay que preguntarse es porque no ha incidido la caída de la pobreza y la indigencia en la elevación del nivel cultural. El fanatismo estúpido fue una demostración más del retraso cultural alarmante que vivimos.
Lo que hay que valorar en toda su magnitud.
(*) Periodista.