13-4-2012
Felipe Polleri
BERNARD MALAMUD (1914-1986) fue un escritor estadounidense, pero sobre todo fue el poeta de los judíos maltratados por la sociedad y también por sí mismos. Esos pequeños judíos viejos, débiles, justos y compasivos deben ser golpeados, traicionados y muertos y enterrados porque son absurdamente buenos en un mundo despiadado. Pero la bondad, despreciada por todos, es una gran victoria (no para ellos, para el lector). Así ocurre con el viejo almacenero de El dependiente, la más bella y emocionante novela del autor.
Su otra gran novela es El hombre de Kiev; en la Rusia de los zares un judío renegado y egoísta es acusado de un crimen ritual (aquello de sacrificar un niño cristiano), que por supuesto no cometió, para que el sufrimiento lo convierta en un hombre digno y altruista.
También hay que decirlo: al apartarse de su mundo y de su estilo, Malamud produjo novelas parcialmente fallidas en su afán de nunca repetirse, de explorar territorios desconocidos.
El incomparable Malamud se encuentra además en dos libros de cuentos: El barril mágico e Idiotas primero. Otra vez los pequeños y atormentados judíos (aunque la religión es lo de menos; a Malamud le importa el espíritu y no la letra) redescubren o exponen su profunda humanidad, aunque a ojos del mundo sean basura harapienta. Que Susskind, el harapiento judío de «El último mohicano», sirva de ejemplo.
Fidelman, orondo estudioso de Giotto, encuentra a Susskind en Roma y escucha sus insolentes pedidos. «¿Soy yo responsable de usted?», le grita Fidelman, harto de las exigencias de Susskind. «¿Quién lo es, si no?», le contesta éste. «¿Y por qué soy yo el responsable?», suda Fidelman. «Porque es un hombre. Porque es judío». Y Fidelman aprenderá a la fuerza que, porque es un hombre, es responsable de todos los hombres.
Malamud no soltará a sus personajes hasta que se bendigan y bendigan la compasión. Olvídense de Salinger, de Bellow, de Philip Roth, olvídense de Pynchon y de Auster y de todos esos escritores famosísimos y glamorosos. Si no me equivoco, y mi vida es una deliberada y alevosa equivocación, el Escritor es Malamud.
La compasión
16/Abr/2012
El País Cultural, Felipe Polleri