31-3-2012
NICHOLAS D. KRISTOFF
Analista
Me pregunto si los medios no dejamos involuntariamente la impresión de que hay un debate genuino entre expertos sobre un ataque militar israelí contra Irán. Ese debate no existe.
«No conozco a ningún experto en seguridad que recomiende un ataque militar contra Irán ahora», notó Anne Marie Slaughter, catedrática de Princeton, quien estuvo en el Departamento de Estado de Obama.
«A menos que se sea demasiado `neocon`, o ciego a la realidad geopolítica hay un consenso abrumador: es una mala idea», dijo W. Patrick Lang, ex jefe de asuntos de Medio Oriente para Defensa.
«La mayoría de los expertos en seguridad concuerdan en que es prematuro decidirse por la opción militar», comentó Michele Flournoy, quien acaba de dimitir como la número tres en Defensa. «Estamos en medio del aumento en las sanciones contra Irán. Irán ya está bajo las sanciones más onerosas que haya experimentado alguna vez, y ahora apretamos aún más los tornillos con sanciones que afectarán a su banco central, sanciones que tocarán a sus productos petroleros y así sucesivamente».
«Así es que ha sido malo para ellos y está a punto de empeorar», agregó Flournoy. «El consenso abrumador es que deberíamos esperar para que funcione».
De acuerdo, los funcionarios estadounidenses están profundamente alarmados por el programa nuclear iraní, aunque el temor no es tanto porque Irán use armas nucleares contra Israel o alguien más. Al parecer, Irán desarrolló armas químicas para responder a ataques químicos iraquíes durante la guerra entre Irán e Irak, y se mostró comedido. Más bien, el mayor temor es que si Irán prueba y despliega armas nucleares, otros lo seguirán. Podrían ser Arabia Saudita, Turquía y Egipto.
Funcionarios y expertos en seguridad plantean varios puntos sobre por qué un ataque militar contra Irán sería una idea abominable.
Primero, sólo retrasaría el programa iraní de uno a tres años y, entonces, es de suponer, proseguiría más encubierto y con más apoyo interno.
Segundo, no sería un solo ataque, sino se requerirían misiones de combate para atacar los sitios. Y el objetivo, en parte, sería matar a los científicos que dirigen el programa, así que habría víctimas civiles. La ira en el mundo musulmán y en el mundo crecería contra Israel. Y contra Estados Unidos. Y podría disolverse la coalición que presiona a Irán con las sanciones.
Tercero, el resultado podría ser una guerra regional en Medio Oriente que jalara a Estados Unidos. Irán podría patrocinar ataques contra blancos estadounidenses en todo el mundo, y usar apoderados para ataques en Afganistán.
Cuarto, se interrumpiría el suministro de petróleo por el golfo Pérsico, lo que aumentaría los precios del petróleo y el gas, dañando la economía mundial.
Quinto, las sanciones y los métodos disimulados, como el gusano informático Stuxnet, ya retrasaron el avance de Irán; y las sanciones más duras y el sabotaje encubierto continuarán retrasando el programa en una forma que tiene pocos riesgos.
De acuerdo, todo lo que digo aquí puede estar equivocado. No hubo problemas en los ataques de Israel contra el reactor de Osirak en Irak en 1981 y contra el proyecto nuclear sirio en 2007, ni hubo represalias. Los ataques provocaron un retroceso mucho mayor en los programas nucleares de esos países de lo que esperaban los escépticos.
No obstante, hay buenas razones para pensar que Irán es diferente, en parte porque su programa está muy disperso y protegido. En términos generales, la guerra es inherentemente impredecible, y, a menudo, Israel ha sido espantosamente imprudente en sus intervenciones. Su invasión de Líbano en 1982 se convirtió en un atolladero que ayudó en el surgimiento de Hezbollah, mientras que su apoyo de facto a Hamas en Gaza en sus primeros días dañó a todos (menos a Irán).
Así es que mientras oímos hablar de la acción militar contra Irán, seamos claros sobre una cosa. Fuera de los asesores de Netanyahu y un sector de depredadores, prácticamente todos los expertos piensan que un ataque militar en este momento sería una idea catastróficamente mala. No es un debate sino un consenso.
Kristof tiene dos columnas semanales desde 2001 en el New York Times, diario para el que trabaja desde 1984. En 1990 (junto a su esposa, Sheryl WuDunn), ganó un Pulitzer por su cobertura de los sucesos de la plaza Tiananmen en China. Ganó otro Pulitzer en 2006 por sus columnas. Ha publicado varios libros.
Un debate que se hizo consenso: no atacar Irán
02/Abr/2012
El País, Uruguay, Que Pasa, Nicholas D. Kristoff