24-3-2012
Nuestra opinión
Un terrorista de origen musulmán tuvo en vilo a Francia durante varios días: primero por haber asesinado a siete personas -entre ellas tres niños de origen judío, un rabino y tres soldados- en el curso de tres despiadados ataques que perpetró a bordo de una moto.
Mohamed Merah era el asesino que soñaba en su locura con poner de rodillas a Francia, pero la suerte le duró poco, ya que luego de estar más de 32 horas rodeado por la Policía francesa en su vivienda, en un barrio céntrico de Toulouse, fue muerto de un certero balazo en la cabeza en un intenso tiroteo con miembros de la fuerza especial Raid.
Merah, quien le había confesado a uno de los negociadores en la jornada de ayer que deseaba «morir con las armas en la mano», tenía planeado llevar a cabo un atentado contra policías esta semana.
La experiencia fue por demás traumática para el pueblo francés, pero lo que debe evitarse es que por el accionar asesino de este inviduo paguen personas inocentes de su misma religión que nada tienen que ver con sus posturas extremistas.
De manera más que acertada, hablando desde el Palacio del Elíseo, el presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, señaló que «los compatriotas musulmanes» no tienen nada que ver con la conducta del terrorista asesinado, un fanático islamista, presunto miembro del grupo jihadista Al Qaeda.
El presidente galo advirtió asimismo que cualquier persona que visite páginas de internet que llamen al odio «será castigada de forma criminal», y llamó a los franceses a «no dar rienda suelta al odio» racial.
Sarkozy, quien felicitó a la Policía y a los ministerios del Interior y Justicia por su participación en el caso, dijo que pedirá un seguimiento en las cárceles para que no se propague la ideología terrorista dentro de las instituciones penitenciarias.
«Francia pasó una prueba», concluyó Sarkozy.
Del terrorista abatido solo nos quedará su biografía de hombre identificado con la causa jihadista, su reconocido odio a todo lo occidental y su ensoñación patológica de vengar víctimas de otros conflictos.
Le ha tocado a Francia, igual que en su momento le tocó soportar violentos y sangrientos atentados a Estados Unidos, a España o a Gran Bretaña.
Lamentablemente, nada parece indicar que estas acciones aisladas y protagonizadas por pequeños comandos o personas solitarias no vayan a reiterarse en los meses y en los años siguientes. Todo lo contrario, la semilla que en su momento plantó el hoy muerto terrorista Osama Bin Laden parece seguir teniendo adeptos que están dispuestos a matar a mansalva, aun a niños, solo por el pecado de ser judíos.
En el mundo hay numerosos grupos y ramificaciones de la red terrorista Al Qaeda que a diario dicen presente con el único idioma que conocen: el de las armas y el de la violencia, sin importar a quien se llevan por delante en su camino de locura.
Una vez más el insano accionar del terrorismo
27/Mar/2012
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