Socios con todos

19/Mar/2012

El Observador, Fernanda Muslera

Socios con todos

18-3-2012
RELACIONES INTERNACIONALES
La cercanía con Irán, Venezuela y Cuba evidencia continuidades y diferencias en la política exterior
FERNANDA MUSLERA – FMUSLERA@OBSERVADOR.COM.UY
No estamos felices con la relación de Uruguay con Irán», manifestó el embajador de Israel en Montevideo, Dori Goren, en una reciente entrevista publicada por El Observador en referencia al creciente acercamiento del gobierno de José Mujica con el de Mahmoud Ahmadineyad. La proximidad, que se devela en el incremento de las exportaciones arroceras y ganaderas, tuvo -para muchos- su máximo corolario en la negativa de Uruguay a votar por el envío de relatores del Consejo de Derechos Humanos de la ONU al Estado teocrático en 2011. Sin embargo, el pasado jueves el canciller Luis Almagro confirmó a Búsqueda que este año la negativa volverá a repetirse. «Dime con quién andas y te diré quién eres», es un refrán que podrá servir para muchas situaciones de la vida cotidiana, pero que pierde sentido en el mundo de las relaciones internacionales donde las reglas son más ambiguas de lo que parecen.
«Las relaciones comerciales tienen su propia lógica y son muy determinantes. Como dice la famosa teoría, el comercio va para un lado y la política para el otro», señala Gustavo Arce, coordinador de la carrera de Relaciones internacionales de la Universidad de la República (Udelar). Por su parte, Javier Bonilla, coordinador de la licenciatura en la ORT, señala que el realismo ha imperado siempre en las relaciones internacionales por sobre el ideologismo. «Pensar que se puede armar un relacionamiento externo puramente ideológico es ingenuo, salvo en contextos muy especiales como fue en la guerra fría, donde coincidía el realismo con el ideologismo», sostiene.
Aunque el acercamiento con Irán pueda resultar, según los expertos, un acto «dudoso» e «inexplicable», la relación del gobierno con la ex Persia puede ser considerada, sin embargo, como un ejemplo de la aplicación de la política histórica de Uruguay de mantener relaciones internacionales amistosas con todos los países, más allá del régimen que en ellos impere.
Frente a los asuntos internos de otros estados, Uruguay siempre ha interpuesto los principios de autodeterminación de los pueblos, no intervención en las coyunturas externas y resolución pacífica de las controversias. Por eso, señalan las fuentes académicas, las reiteradas acusaciones de violación de los derechos humanos por parte de organismos internacionales en Irán no son un motivo suficiente para que Uruguay deje de tener relaciones comerciales con este país.
Sin embargo, lo que hace especial y preocupante la relación para algunos de estos expertos es la falta de una condena por parte de Uruguay hacia un país que se niega a que la comunidad internacional evalúe la peligrosidad de su programa nuclear, pese a que el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) alertó sobre la existencia de indicios de desarrollo de armas nucleares. A esto se suma, además, el apoyo de Teherán al régimen sirio y su política declarada de aniquilamiento al Estado de Israel.
Ideología y comercio
Pese a las continuidades que mantiene la política exterior del Frente Amplio con los períodos anteriores, la estrechez de lazos con Venezuela y Cuba, el reconocimiento del Estado Palestino y de la República Árabe Saharaui Democrática pueden indicar un cambio de alineación de la tradicional política exterior uruguaya, a la que reiteradamente se ha calificado como pro estadounidense y pro israelí.
No obstante, para Javier Bonilla el acercamiento de Uruguay con Irán se explica «más por un seguidismo hacia América Latina que por un tema ideológico». Las posturas hacia el Estado Palestino y el Saharaui -agrega- tienen más que ver con una «gimnasia» política con el sistema internacional que con un alineación propia.
Por su parte, para Lincoln Bizzozero, catedrático grado 5 del Programa de Estudios Internacionales de la Udelar, estos acercamientos no están guiados por cuestiones ideológicas sino materiales. «Las ideas están presentes, pero nunca son determinantes. Las cuestiones ideológicas surgen muchas veces cuando hay un recurso natural, como puede ser el agua o el petróleo», apunta. En este sentido, Venezuela es además de uno de los principales socios comerciales de Uruguay su principal proveedor de petróleo (combustible por el que el país acumula una deuda de US$ 830 millones).
Por otro lado, indica Bizzozero, la política exterior de Uruguay siempre ha sido guiada por «una cuestión estructural de base», ya que el reducido tamaño del país dirige su política en forma sustantiva. «No es tanto un país definidor de posiciones sino un receptor», establece. Distinto es el caso de Brasil, por ejemplo, cuyo peso en la comunidad internacional le permite divergencias con la región. Así lo marcó Dilma Rousseff al distanciarse de Irán, alegando para ello la violación de los derechos humanos que comete el régimen de Teherán.
Sin embargo, tanto para el ex embajador uruguayo en Estados Unidos, Álvaro Diez de Medina, como para el ex canciller blanco Sergio Abreu, la alineación no responde a un tema puramente comercial sino ideológico del gobierno de Mujica con el de Hugo Chávez. «Es muy claro que Uruguay en las últimas dos administraciones le ha dado mayor espacio e injerencia a zonas donde rigen sistemas autoritarios o cuasi autoritarios como el caso de Venezuela. Es un viraje dictado por la afinidad ideológica», remarca Diez de Medina. Aunque el gobierno solo ajustara su línea de actuación por intereses comerciales -agrega-, «se podría argumentar que es un mal negocio seguir el camino de procurar acuerdos petroleros y adicionales a costas de ser vinculados en la comunidad internacional con un régimen que está en sus etapas terminales».
Continuidad y divergencia
La política nacional de mantener relaciones satisfactorias con los países más allá de la naturaleza de los regímenes se encuentra presente a lo largo de la historia uruguaya, señala el doctor en Ciencias Sociales, Romeo Pérez Antón. Así, por ejemplo, la República Oriental del Uruguay, en las primeras décadas de su existencia, se vinculó con el imperio brasileño, incluso durante los más de 40 años en los que la esclavitud seguía rigiendo en el vecino país (hasta 1888) y cuando en Uruguay estaba abolida (1845). Aquello generaba un roce continuo por el cruce de frontera de los esclavos brasileños.
A su vez -indica Pérez Antón-, pese a las pocas prácticas democráticas satisfactorias en la América Latina en los últimos 200 años, las relaciones diplomáticas y comerciales siempre continuaron. Por otro lado, Uruguay mantuvo casi siempre buenos vínculos y fluidos intercambios comerciales con la Unión Soviética, aun en los años de la guerra fría y durante la dictadura de 1973-1985.
«También tuvo relaciones con la Alemania nazi, la Italia fascista y con el período totalitario de la España franquista. A su vez, Uruguay fue el último de los países latinoamericanos en romper con Cuba y lo hizo en 1964 porque esta estaba interfiriendo en asuntos internos del país. La política exterior uruguaya no rompe relaciones por la naturaleza del régimen con el cual mantiene vínculos, sino que lo hace cuando siente que ese régimen está interviniendo en sus asuntos internos», señala.
Pueden indicarse, sin embargo, ciertos casos particulares. Durante la segunda guerra mundial, Uruguay rompió relaciones con las potencias del eje tras el ataque a Pearl Harbor, debido a la existencia de un pacto hemisférico de solidaridad con Estados Unidos. Más reciente fue el caso del gobierno de Jorge Batlle con Cuba, después de que el ex presidente se considerara ofendido en su honor tras ser llamado «genuflexo» por Fidel Castro.
Sin embargo, en lo que los entrevistados coinciden es en que una cosa es mantener relaciones amistosas con los países y otra es dejar de condenar las violaciones a los derechos humanos que sucedan en ellos, más allá de que estos sean considerados «amigos».
Para Sergio Abreu, el actual gobierno presenta un «doble discurso en su política exterior,» ya que con países con los que se tiene un acercamiento ideológico -como Venezuela-, Uruguay «justifica determinadas actitudes que se critican de otros estados que no son amigos». Además, «se compromete la seguridad internacional, estableciendo argumentos de coincidencia con temas como la amenaza nuclear, la guerra o prejuicios en Medio Oriente. Para mí los derechos humanos son iguales que los izquierdos humanos», agrega el actual senador blanco.
El alineamiento del gobierno con Venezuela, que se verifica en la insistencia uruguaya de que este país forme parte del Mercosur, también sucede en el caso de la actitud del gobierno de Mujica con Cuba e Irán, señala Pérez Antón.
A pesar de que los vínculos con Cuba casi siempre fueron fluidos, indica el historiador, el clima «ha empeorado para mal» no solo porque el gobierno no condena la violencia con la disidencia, sino por la extensa corriente de simpatía dentro de los militantes del Frente Amplio con el régimen de Castro. «¿Cómo se puede tener simpatía por un régimen de explotadores? La explicación tiene que ver con estructuras mentales llamativamente rígidas que derivan de un pensamiento antiyanqui», señala.
El caso de Irán -indica el catedrático- es bastante más preocupante. El que Uruguay haya suscrito el Tratado para la Proscripción de las Armas Nucleares en la América Latina y el Caribe (Tratado de Tlatelolco) en 1967 hace que sea inadmisible que el país tolere que Irán no permita las inspecciones de la OIEA, más allá de los vínculos comerciales que se puedan tener con este país, opina.
No obstante, según estiman las analistas, un factor que beneficiaría a Uruguay en torno a las posibles consecuencias de este alejamiento del eje estadounidense-israelí es la escasa importancia del país a nivel internacional. «Si no han llegado presiones más fuertes de parte de la Unión Europea (UE) y Estados Unidos es porque el peso específico de Uruguay en estos temas es muy reducido. Pero lo más importante es la inconsistencia diplomática que supone pretender que Uruguay puede ingresar en la OCDE y asumir los mecanismos financieros dictados desde la UE y EEUU. Este intento por acercarse a un paria financiero como es Irán eventualmente le cerraría todas las puertas posibles si se profundizaran los lazos con ese país», indica Diez de Medina.
«Me da la impresión de que las relaciones con Estados Unidos están en una posición de relativo enfriamiento, pero no creo que estén deteriorándose», señala, sin embargo, Bonilla. «La irrupción de Irán como un interlocutor de Uruguay es un acto poco comprensible, pero no tiene una trascendencia monumental. Somos un país muy chiquito, nosotros no pesamos en ese diálogo. Puede tener consecuencias sin duda, porque Israel y gran parte de la comunidad internacional se pueden enojar mucho con Uruguay, pero Irán es un régimen prácticamente aislado».
Nuevos destinos
El relativo alejamiento del eje estadounidense se inscribe, no obstante, en un proceso de nuevo equilibrio de poderes a nivel internacional, que implica la pérdida de la hegemonía única de Estados Unidos hacia un escenario de bipolaridad, con China en el otro extremo.
«Nuestro país antes estaba exclusivamente alineado con EEUU, pero hoy el equilibrio es distinto y eso nos obliga a modificar esa fidelidad», señala Arce. China es hoy uno de los mayores socios comerciales de Uruguay. Las importaciones y las exportaciones entre ambos países registran un crecimiento sostenido desde 2001.
«La globalización económica influye en las decisiones de la inserción política y eso va a pasar cada vez más y va a llevar a que el mercado uruguayo busque tener un protagonismo en regiones alejadas del mundo, sobre todo por el dinamismo de países asiáticos», indica Bizzozero. La apertura a otros países con los que anteriormente había escasos vínculos comerciales es vista como algo muy positivo por todos los expertos consultados, más allá de las situaciones internas de esos Estados.
No solo la globalización influye en este proceso sino también el paulatino desencanto de Uruguay con el Mercosur, especialmente por las medidas proteccionistas de Argentina.
En este sentido, de acuerdo al informe de enero y febrero de 2012 de la Unión de Exportadores del Uruguay, los países fuera de la región fueron los responsables de la suba de exportaciones en ese lapso. De hecho, las solicitudes de exportación uruguayas de bienes destinados a Argentina registraron una caída de 46,61% si se compara con el mismo período del año pasado. Por el contrario, se registraron incrementos importantes en las exportaciones a Venezuela, Cuba, Irak, Túnez y Yemen (estos últimos tres destinos no aparecían en las estadísticas de febrero del año pasado). Según el citado documento, en Venezuela las ventas aumentaron en el mes de febrero el 152% -en relación a igual mes de 2011- y en Cuba el 320%.
Israel mira con malos ojos la relación de Uruguay con Irán
La posibilidad de que la histórica relación de amistad entre Uruguay e Israel se resquebraje podría convertirse en realidad, indican algunos de los analistas consultados, si el gobierno sigue manifestando su simpatía por Irán.
Dori Goren, embajador de Israel en Uruguay, expresó su disconformidad con la cercanía del gobierno de Mujica y el de Ahmadineyad en un artículo de El Observador el sábado 3 de marzo.
Una semana antes, el diario publicó una entrevista con Hojjatollah Soltani, el embajador iraní en Uruguay, en la que este omitió referirse al holocausto judío como un genocidio.
Consultado por El Observador, el canciller Luis Almagro -quien fue Encargado de Negocios en la Embajada de Uruguay en Irán en la decáda de 1990- negó que Soltani haya cuestionado el holocausto y advirtió que lo más preocupante no es la relación entre Uruguay e Irán, sino lo que sucede entre Israel y la antigua Persia.
«Llama la atención que Uruguay sea el único país en América Latina cuyo canciller se encontró con el iraní», dijo Goren en referencia a una reunión que se habría producido en el Consejo de Derechos Humanos de Ginebra en febrero. Almagro consideró que este comentario no ameritaba «ninguna consideración especial».