¿Violencia en nombre de la religión?

16/Mar/2012

¿Violencia en nombre de la religión?

Los hechos que me impulsaron a escribir este artículo son los acontecimientos ocurridos los últimos meses en Nigeria, durante los cuales centenares de cristianos fueron asesinados por hordas fundamentalistas musulmanas. También iglesias fueron destruidas. Fuera de toda duda la religión tiene sus valores (me refiero a las religiones en general, no es el objetivo del artículo marcar diferencias entre ellas a pesar de que las hay). La religión tiene sus aspectos humanistas. A modo de ejemplo: en el judaísmo encontramos en la Tora (Levítico, capítulo XIX) la conocida máxima “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” como así también muchos otros preceptos ético-sociales; o el clásico “Sermón de la Montaña” que figura en los Evangelios cristianos. Hay muchos ejemplos más. Sin duda que en el Islam, en las religiones orientales (budismo, hinduismo, confucionismo) y en otras por supuesto que existen. Extraño sería que una religión no mencione valores. Y eso está bien.  No obstante casi desde que el mundo es mundo, no es el humanismo lo que predomina. Parecería que a veces religión y humanismo van por carriles distintos. Por el contrario es la violencia la que predomina lo cual tiene ocasionalmente su origen en… la propia religión. Lo contrario al “Amarás a tu prójimo…”. Lo contrario al “Sermón de la Montaña”. Fanatismo irracional, intolerancia. Entre una religión y otra. Incluso dentro de la misma fe: adeptos que se han combatido y combaten violentamente. Hoy nos preocupa especialmente el fundamentalismo islámico. Y es lógico que así sea. Pero históricamente hablando y hasta nuestros días, el “patrimonio” de la intolerancia y el fanatismo no lo posee, no lo ha poseído solamente dicho fundamentalismo. Demás está decir que las razones de los conflictos entre personas y entre naciones desde los orígenes de la humanidad hasta este tiempo, no pasan exclusivamente por las diferencias de credo. Hay motivos sociales, económicos, políticos. Muchas veces combinados: en ocasiones también con la religión. Sin embargo es ésta -con fuentes a veces extraídas de contexto- parcialmente interpretada y muchas veces distorsionada y mal entendida la que ha sido uno de los factores principales en generar violencia y conflictos. Ejemplos lamentablemente abundan. Tomemos simplemente algunos desde las últimas décadas hasta hoy, que corroboran lo que afirmamos en relación  a la violencia. El terrible conflicto de la Península Balcánica (aún no del todo concluido): croatas católicos, serbios cristianos ortodoxos, bosnios musulmanes. En otra parte del mundo, talibanes que destruyen las estatuas del Buda. Fanáticos musulmanes atentan contra cristianos coptos en Egipto; fundamentalistas islámicos masacrando cristianos en Nigeria; la amarga confrontación generada en su momento a raíz de las caricaturas sobre el Profeta Mahoma; el decreto de condena a muerte al escritor Salman Rushdie por parte del Ayatollah Jomeini a raíz de la publicación “Los versos satánicos” de Rushdie. La tragedia de las Torres Gemelas: ¿acaso el odio de Al Qaeda no pasa (aunque no solamente) por lo religioso?Y dentro de una misma religión: el largo conflicto entre protestantes y católicos en Irlanda, que aún no ha sido totalmente laudado –aunque sí se ha encaminado- hasta el día de hoy. Las matanzas de chiitas contra sunitas y viceversa, etc. ¿Y en cuanto al conflicto de Medio Oriente? Una de las razones, no la menos importante, que lo hacen de difícil solución, tiene que ver con la religión. Pasa por varias referencias poco amistosas del Corán en relación a los judíos. Allí comienza la deslegitimación. La negativa a reconocer a Israel tiene allí su punto de partida.Pero su contraparte, también tiene que ver con la religión (la “Tierra Prometida”). El fervor por los asentamientos y su realización. Y no olvidemos que el asesinato de Rabin fue perpetrado por alguien que consideraba -así se lo habían enseñado- “un pecado entregar tierra de Israel” aunque fuera a cambio de la paz. La casi nula posibilidad de llegar, ya no digamos a un acuerdo, siquiera a un compromiso en cuanto a Jerusalem también pasa, aunque no solo, por la religión. Creo que fue el Rabino Ovadia Yosef quien hace muchos años, en un momento de lucidez habría dicho esta sabia y humana frase (que lamentablemente nunca más volvió a repetir): “La santidad de los hombres es más importante que la santidad de los territorios”. La violencia no se observa solamente en las guerras. La actitud hostil hacia los homosexuales también tiene que ver con la religión; la lapidación a quienes comenten determinadas actitudes “no compatibles con la moral sexual” tiene su origen en la religión. Por supuesto que en tal caso la mujer lleva la peor parte. Sí: la actitud muchas veces discriminatoria hacia la mujer, y esto también es violencia, tiene en cierta medida su origen en la religión. En este sentido lamentablemente hay algunos sectores, inclusive dentro de nuestro pueblo que se basan en lo más problemático de las fuentes y de sus posibles problemáticas interpretaciones. Cabe pues la pregunta: ¿Por qué los valores humanos, éticos que reitero figuran en distintas religiones no han sido los que han predominado y por el contrario lo que sí ha predominado ha sido el fanatismo, la intolerancia, el odio? La respuesta no es fácil y merecería un análisis más exhaustivo. Considero que parte de la raíz del problema se encuentra en las mismas fuentes, en las que aparecen algunos conceptos que podrían quizás comprenderse a la luz de la época en las cuales fueron formulados: hoy ya ni se justifican y tampoco se comprenden. Tengo además la sensación, por no decir la casi certeza, de que distintas religiones (no necesariamente todas) han puesto mucho más el énfasis en Dios y menos en lo humano. Han puesto más el  énfasis en que su Dios (el de su religión) es el verdadero, por lo tanto “esa” sería la fe verdadera. Si es así, las otras creencias no lo son: más aún, en buena medida estarían “equivocadas”. Aunque pueda haber un tronco común. De allí a la persecución de la religión “equivocada” y sus integrantes solamente hay un paso. Por lo tanto la religión, en lugar de provocar encuentro y confraternidad entre los hombres, ha provocado muchas veces lo contrario: desencuentro y enemistad.Dentro de cada una de las religiones (de varias) algo similar: hubo y sigue habiendo quienes consideran tener la razón y el otro (de su misma religión) está “equivocado”. Aunque no siempre se proclame abiertamente. Como consecuencia de todo esto, lo humano ha pasado a un segundo planoLa religión, al tiempo que ha sido y es un factor importante, muchas veces determinante en cuanto a la identidad y a la cohesión social, ha sido por otra parte un factor de división. De permanentes rivalidades, enfrentamientos y luchas.Más aún: al grito de “Dios lo quiere” (cruzados medievales), al grito de “Allah Akbar” (Dios es grande) de los fundamentalistas islámicos, se han cometido las peores atrocidades. “Dios lo quiere” ¿Pero qué es lo que quiere? No que matemos en su nombre. No la muerte sino la vida. No el fanatismo, ni el odio, ni la intolerancia. Sino el respeto, el amor al prójimo, la justicia, la igualdad. La solidaridad y la paz entre personas y pueblos. Ese es el mensaje que en las religiones debería, debe prevalecer.