Secretos de BDS

27/Feb/2012

Jewish Ideas Daily, Ron Baratz

Secretos de BDS

JEWISH IDEAS DAILY
24.2.2012
por Ran Baratz (*)
El ubicuo activista anti-israelí Norman Finkelstein revolucionó la blogósfera la semana pasada. En una entrevista en YouTube con el defensor pro-palestino Frank Barat, Finkelstein dijo -en su manera agresiva y condescendiente- que los miembros del BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones), que Finkelstein ha apoyado en forma notoria, se preocupan menos por los derechos humanos que por la destrucción de Israel. Cuando Finkelstein vio las reacciones, se rumoreó que trató de que Barat diera de baja el video.
Pero los enojados compañeros de Finkelstein no entendieron lo que él estaba realmente admitiendo.
Finkelstein se metió en problemas cuando dijo que algunas personas en BDS «no desean a Israel.» Regañó a sus colegas de BDS:
Dejen de tratar de ser tan inteligentes, porque Uds. son inteligentes sólo en vuestro culto. Al momento en que salen de él, tienen que lidiar con la propaganda israelí. Ellos dicen: «No, en realidad no están hablando de derechos, sino que están hablando de que quieren destruir a Israel.» Y a decir verdad, creo que tienen razón, creo que es verdad.
De hecho, dijo Finkelstein, «no es un accidente, una omisión involuntaria, que BDS no mencione a Israel»: «Saben que van a dividir el movimiento, porque hay un gran segmento –componente- del mismo que quiere eliminar a Israel «.
Se puede entender por qué los anti-israelíes se sintieron ofendidos al escuchar esto de boca de Finkelstein. Sin embargo, Finkelstein no reveló ningún secreto oculto acerca de los motivos de los seguidores de BDS. Cualquiera que haya escuchado a sus líderes, leído sus papeles, visto su juego o revisado su círculo de conocidos, simpatizantes y colaboradores, difícilmente pueda estar sorprendido.
Finkelstein hizo sus comentarios verdaderamente subversivos en otras partes de la entrevista y -quizá no por casualidad- ha provocado una reacción mucho menor entre la opinión anti-israelí. BDS es «un culto», dijo Finkelstein.
Yo personalmente estoy cansado de él. Ya pasé por mi etapa de cultos. Fui maoísta. . .  No voy a estar otra vez en un culto. No voy a pasar por esa etapa otra vez, con los gurúes en Ramallah dando órdenes de cómo proceder. Y luego, si no estás de acuerdo, te dicen, «10,556,454 organizaciones palestinas de la sociedad civil lo han apoyado».
¿Quiénes son estas organizaciones? Son organizaciones no gubernamentales en Ramallah, operadas por una sola persona, y que dicen representar lo que ellos llaman «la sociedad civil palestina». . . ¿Por qué no pueden organizar jamás una manifestación de más de 500 personas? . . . Porque no representan absolutamente nada.
El entrevistador defendió a BDS, diciendo que estaba «en sintonía con la comunidad internacional» más que con los grupos palestinos. «Eso, para mí, es un problema», dijo Finkelstein:
Si se es una organización autóctona de Palestina, debería organizar a su gente, y nuestro trabajo será organizar desde nuestro lado. Ya pasé por muchos movimientos de solidaridad.
Los vietnamitas nunca nos dieron órdenes de cómo proceder. Los nicaragüenses, los salvadoreños nunca nos dijeron qué hacer. Ellos organizaron a su gente. Y como movimiento de solidaridad en el extranjero, se suponía que nosotros decidiríamos sobre la mejor forma de organizarnos. Y es muy extraño cuando la gente de allí, que dicen ser los líderes de la sociedad civil. . . no pueden organizar una manifestación de 500 personas, pero le están diciendo a todo el mundo exterior lo que debe hacer. Esa es una inversión insólita.
Esto, en mi opinión, es la dinamita real. Finkelstein dice que ONGs palestinas en Ramallah, formadas por una sola persona, se están tergiversando groseramente a sí mismas, diciendo que ellas controlan a BDS y otros grupos «internacionales»  de derechos humanos. Si yo hubiera dicho estas cosas, sería tildado de propagandista israelí. Pero Finkelstein los conoce desde adentro. Estas son verdades deslizadas que nos llegaron a través de agujeros en Internet, y que pueden ayudarnos a entender la cantidad totalmente desproporcionada de actividades por los derechos humanos en Israel.
Comencemos con la acusación de Finkelstein sobre las ONGs auto-infladas de un solo hombre. ¿Por qué proliferan? La razón es el dinero, mucho dinero.
Funciona de este modo. Muchos palestinos tienen vidas pobres y duras: altas tasas de nacimiento, calificaciones bajas para trabajar, pocas fuentes de ingresos. Políticamente, están atrapados entre el martillo y el yunque. Están sujetos tanto a la “hamoola”, una tradición árabe de poder tribal sin ley, como a la Autoridad Palestina, que Finkelstein ha denominado, no sin razón, una «pandilla de colaboradores corruptos y miserables.» Las industrias que traen trabajo y dinero extranjero serán las que prosperarán.
Una de tales industrias es la caridad internacional. Donaciones grandes, sobre todo occidentales, fluyen a través de una red de organizaciones internacionales para financiar la lucha contra el sufrimiento, la angustia y el maltrato de los palestinos bajo la ocupación israelí. Cuanto más sufrimiento, angustia y maltrato, más dinero. El ejército de ONGs de una sola persona es el fruto de este sistema de incentivos. El primero en reportar injusticias de judíos a palestinos, atraerá y obtendrá dinero.
Por lo tanto, ONGs de bajo nivel recogen, informan y pagan por estas historias, verdaderas y falsas. Las historias son recogidas por ONGs de derechos humanos más grandes, como Amnistía Internacional, B’tselem, Gush Shalom y Human Rights Watch, cuyo personal no es demasiado exigente a la hora de incluir testimonios no corroborados en sus informes. Estos informes llegan luego a agencias de la ONU. Se convierten en «hechos» para los medios de comunicación, para el debate público, para nuevas acciones de la ONU. Una historia desenterrada por una ONG de un solo hombre en Ramallah, puede repercutir en todo el sistema internacional.
Si a alguien se le ocurre verificar la historia, le pide a la misma ONG de un solo hombre que le haga llegar la investigación. Hay poco riesgo de exposición: el proceso completo, de abajo hasta arriba, está controlado por personal anti-israelí, muchos de ellos palestinos. ¿Acaso alguien fue castigado alguna vez por fabricar denuncias de violaciones israelíes de derechos humanos? Al depender en gran medida de palestinos locales para suministrar información, este sistema de incentivos recompensa y propaga todo tipo de historias, sin que hayan sanciones por su fabricación.
Esta noticia es terrible para la gente buena y preocupada que desea entender la realidad de la ocupación: no se puede diferenciar entre un informe verdadero y uno falso sobre los derechos humanos. Una industria del odio fabrica el producto, Occidente lo compra y proporciona incentivos adicionales para que continúe la producción. Conocemos los ejemplos más notorios: el informe Goldstone, el «asesinato» de Muhammad Al-Durah, la presunta masacre de Jenin. Pero estos son sólo símbolos de un proceso de fabricación que contamina toda la actividad de los derechos humanos en Israel.
Luego está la segunda acusación de Finkelstein –que grupos como BDS son efectivamente dirigidos por los «gurúes de Ramallah». Es cierto. Políticos europeos y organizaciones de derechos humanos hacen peregrinaciones a Ramallah y proporcionan soldados leales para la maquinaria palestina de propaganda de guerra. La verdadera pregunta es, ¿por qué no hemos oído hablar de estas relaciones?
Hay dos respuestas. La primera es, que los palestinos creen que el conocimiento de estas conexiones podría dañar su imagen compadecida como víctimas débiles y sufrientes. En segundo lugar, es valioso contar con organizaciones internacionales portando una máscara de observadores imparciales, mientras prestan su autoridad a los reclamos palestinos. Conocer el grado de control palestino sobre ellas podría destruir esta ficción tan útil.
Es esta máscara de imparcialidad la que Finkelstein hizo a un lado, revelando por un breve instante la punta de un iceberg: los europeos, los estadounidenses, hasta los israelíes siguen órdenes de los palestinos sobre cómo proceder, al tiempo que pretenden ser agentes occidentales libres para la verdad y la moralidad.
El dinero, Dr. Finkelstein, no se limita a las ONGs de un solo hombre de Ramallah o a las organizaciones internacionales que las apoyan. Las mismas «10,556,454 organizaciones palestinas de la sociedad civil» que Ud. dice que no representan «absolutamente nada», son la fuente de todos los informes que Ud. ha citado en sus ataques contra Israel. Y los hechos demuestran que debemos confiar en ellos tanto como Ud. lo hace cuando se trata de su autorretrato.
Los soviéticos dieron el nombre de “Verdad” (Pravda) al único periódico legal del país. Muy pronto se supo, que no se podía encontrar la verdad en “Verdad”. En el Medio Oriente los activistas por los derechos humanos le hacen un flaco favor al ideal de los derechos humanos.
(*) Ran Baratz, doctorado en filosofía, es el director ejecutivo del programa de verano en Tikva-Bar Ilan sobre pensamiento político, economía y estrategia.