Cerrar pronto el capítulo iraní

13/Feb/2012

El País, Francisco Faig

Cerrar pronto el capítulo iraní

 EditorialCerrar pronto el capítulo iraníFRANCISCO FAIGLa política exterior de Mujica es sesentista. Concibe el mundo con el prisma de Jorge Abelardo Ramos. Cree en la solidaridad latinoamericana y, por supuesto, en la causa de los pueblos del (hoy desdibujado) Tercer Mundo de sus años mozos, con su retórica antiimperialista y su liberación popular.Es así que toda esta sensiblería latinoamericanista del charango y del bombo legüero nos ha terminado amarrando a un Mercosur asfixiante. A veces, prontos para la obsecuente genuflexión, como si fuéramos provincia de los porteños; a veces, cabalgando como enanos apretados en el deslucido estribo cisplatino; a veces, mandaderos de los grandes contra los intereses paraguayos. Pero, siempre, confundiendo interés nacional con ideología.Sin embargo, la peor faceta del mujiquismo internacional no es esta política regional de la quena y el charango. Lo más grave es cuando con estos folclóricos instrumentos quiere interpretar la música del mundo, como en el caso de las relaciones con Irán. Ya en septiembre de 2010 Mujica declaró que unas sólidas relaciones con Irán convenían a nuestra historia económica y social. A lo largo de 2011, distintos actores señalaron, con razón, que en realidad la clave está en el eje Teherán-Caracas, que abre el juego a Irán en Latinoamérica: la reciente gira del presidente Ahmadinejad por los países más alineados con Chávez así lo confirma.El problema es que la grave evolución de la cuestión nuclear iraní no está dejando ya ningún margen para esta folclórica política exterior que, fomentando los lazos con Irán, parece apostar por una inveterada «solidaridad tercermundista».En primer lugar, porque como socio comercial Irán ha dejado de ser interesante. Las cada vez más severas sanciones financieras y comerciales de la comunidad internacional ya están poniendo en jaque su economía, que ha visto devaluada su moneda en más de 30% frente al dólar en enero; que sufre de una inflación de más del 20% anual; que tiene un desempleo que se estima por encima del 20%; y cuyo crecimiento se calcula en un anémico 2% en 2011. La mayoría de los bancos internacionales no tienen relaciones con la banca iraní. Por si fuera poco Estados Unidos, congeló esta semana haberes iraníes en su sistema financiero y anunció que también lo haría con los de instituciones financieras extranjeras que comercien con el banco central de Teherán.En segundo lugar, porque Irán tampoco es un socio prestigioso con sinergias positivas. Es una tiranía sangrienta en la que se violan sistemáticamente los derechos humanos. Recordemos un episodio: la barbarie criminal desatada contra las protestas de 2009 que denunciaron el fraude electoral que recondujo a Ahmadinejad al poder. Se podrá alegar, con razón, que China, con quien comerciamos mucho, no es mejor en este sentido. Pero, a diferencia de Pekín, profundizar los lazos con el régimen de Teherán complica relaciones que sí son relevantes para nosotros en términos políticos y estratégicos: con Estados Unidos y con Israel.Es tiempo de hacer una política exterior que de una buena vez por todas abandone la fácil filosofía de café y las visiones enquistadas en el maniqueo y simplista mundo de los años sesenta. Es tiempo de entender que los intereses de Caracas no son los nuestros; y que ningún interés nacional defendemos con la apertura a Teherán.